¡Pañales fuera!

Hace unas tres semanas, la profe de Jorge nos dijo que el niño ya estaba preparado para iniciar “la vida sin pañales”.

En el colegio llevaba bastante bien el control de esfínteres, y además es bastante regular a la hora de ir al baño así que…

Compramos una ristra de calzoncillos, guardamos los pañales para utilizarlos sólo por la noche y comenzó la aventura. Los primeros días perseguía al niño con un insistente “Jorge, ¿tienes ganas de hacer pis?” e intentaba llevarle al baño cada media hora. Esto nos redujo bastante la movilidad y nos obligó a volver a cargar con una bolsa enorme con una muda completa, por si las moscas.

Al principio, le acercaba yo al water y le ayudaba con todo, pero ahora, él se baja los pantalones, apunta, dispara y… después llega mamá para limpiar todo lo que no ha caído en su sitio. Qué le vamos a hacer, medir 96 centímetros tiene sus desventajas frente a un mundo hecho para gente más alta.

Jorge lo ha estado haciendo muy bien. Esto no quita que haya que tenido que limpiar pequeños charcos en mi salón y alguna que otra sospechosa bolita y poner el doble de lavadoras. Y es que nadie nace sabiendo, un fallo lo tiene cualquiera.

Sin embargo, a veces me tengo que morder la lengua cuando después de ocho preguntas del tipo “¿tienes ganas, vamos al baño?” y ocho respuestas del tipo “no quiero pis mamá”, al darme la vuelta escuche un: “me hago pis, me hago pis” y le vea paseando con las piernas abiertas mientras deja un reguero tras él. Y todo ello cuando estamos a punto de salir de casa (tarde, como siempre), arregladitos y muy guapos.

En cualquier caso, ya contábamos con estos imprevistos, y así este verano irá más fresquito y el curso que viene estará preparado para ir al cole de mayores, como los mayores: sin pañal.

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