Pobreza menstrual. Cuando tener la regla se convierte en una desigualdad

Cuando la regla decide si vas a clase


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 19 de febrero de 2026 11:46 | Modificado: 26 de febrero de 2026 13:42


La menstruación es un proceso biológico normal, pero para millones de niñas y adolescentes se convierte en una barrera para estudiar, moverse con seguridad y vivir con dignidad. La pobreza menstrual no es solo "falta de compresas": también implica ausencia de baños adecuados, agua, información y apoyo. Y sus consecuencias son profundas y acumulativas.

Pobreza menstrual en el mundo

Ediana, Saida y Darlin de 10 años sonríen tímidamente después de recibir un kit menstrual de UNICEF en Guatemala. © UNICEF/UNI783771/Lopez

Menstruación en la adolescencia y la necesidad de acompañamiento

En la adolescencia, la llegada de la menstruación suele coincidir con un periodo de cambios físicos y emocionales en el que la privacidad, la imagen corporal y la aceptación social adquieren un peso especial. En contextos con recursos, la conversación familiar y escolar puede amortiguar la incertidumbre: qué es normal, qué síntomas requieren consulta, cómo gestionar el dolor o cómo evitar que una mancha se convierta en humillación.

Pero cuando faltan elementos básicos, como productos de higiene, baños, agua o un espacio seguro, la menstruación deja de ser un aspecto más de la salud para convertirse en un factor de exclusión. Y esto ocurre a gran escala: la pobreza menstrual es un problema de salud pública, de educación y de derechos de las niñas.

Qué es la pobreza menstrual

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La pobreza menstrual se define como la imposibilidad de gestionar la menstruación de forma segura y digna. Incluye, de manera interrelacionada:

  • Acceso insuficiente a productos menstruales (o acceso inestable por precio, distribución o crisis).
  • Falta de agua, jabón e instalaciones para cambiarse y lavarse con privacidad.
  • Ausencia de papeleras y sistemas de eliminación de residuos en baños escolares.
  • Desinformación y estigma, que frena la búsqueda de ayuda y normaliza el silencio.
  • Riesgos de protección: miedo a usar baños inseguros o a ser objeto de burlas, acoso o castigos.

Los datos de UNICEF sobre escuelas son especialmente clarificadores: solo 2 de cada 5 escuelas (39%) ofrecen educación sobre salud menstrual; menos de 1 de cada 3 (31%) tiene papeleras para residuos menstruales en los baños de niñas; y en países menos desarrollados la proporción baja aún más (17%), con cifras muy bajas en África subsahariana (11%).

Además, en algunas regiones la disponibilidad de materiales de higiene menstrual en los centros es mínima: por ejemplo, en África subsahariana UNICEF recoge que solo 1 de cada 8 escuelas (12%) proporciona materiales menstruales de forma gratuita o para su compra. 

Para apoyar programas que trabajan precisamente en educación, salud e infraestructuras escolares que protegen a las niñas, puedes informarte o colaborar a través de Unidos por los derechos de las niñas.

El impacto real de la pobreza menstrual. Absentismo, abandono y pérdida de oportunidades

Cuando una adolescente no tiene cómo gestionar la regla, aparecen consecuencias inmediatas: no ir al colegio, ir con miedo, quedarse callada ante el dolor, limitar movimientos o evitar actividades físicas.

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La investigación en distintos países muestra una relación consistente entre dificultades de manejo menstrual y absentismo escolar, aunque el tamaño del efecto varía según el contexto y las intervenciones disponibles. Estudios recientes en entornos de ingresos bajos y medios describen porcentajes elevados de ausencias vinculadas a factores menstruales en determinadas zonas (por ejemplo, por falta de espacios privados, materiales o dolor no tratado).

El problema no termina en "perder un día": las ausencias repetidas se traducen en menor rendimiento, desconexión y, en algunos casos, abandono escolar. A largo plazo, esto impacta en la autonomía económica de la adolescente y refuerza ciclos de desigualdad.

Infraestructura e higiene. La base que falta en demasiados lugares

Hablar de pobreza menstrual también obliga a hablar de higiene básica. En 2024, UNICEF estima que 1.700 millones de personas seguían sin servicios básicos de higiene, y 611 millones no tenían ninguna instalación para lavarse las manos.

Estas cifras no describen únicamente "incomodidad": describen entornos donde una adolescente no puede lavarse con seguridad en días de sangrado, donde un baño escolar no tiene privacidad, donde falta jabón o donde el agua no está garantizada. En esas condiciones, el riesgo de infecciones y el estrés cotidiano aumentan, y el colegio deja de ser un espacio plenamente accesible.

500 millones sin condiciones adecuadas

Diversos organismos y análisis, como el Banco Mundial, citan que alrededor de 500 millones de mujeres y niñas carecen de acceso a productos y/o instalaciones adecuadas para gestionar la menstruación.

Aunque la cifra global agrupa realidades muy diversas (rural/urbana, estabilidad/crisis, escuela/hogar), sirve para dimensionar el problema: no estamos ante una excepción, sino ante un fenómeno estructural que se cruza con pobreza, desigualdad de género e infraestructuras insuficientes.

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Cuando menstruar también implica inseguridad

En emergencias (desplazamientos, conflictos, desastres climáticos), la salud menstrual se vuelve todavía más compleja. Se reduce el acceso a agua, se pierde privacidad y los baños pueden no ser seguros. En estos contextos, el enfoque humanitario incorpora cada vez más la provisión de kits y medidas de protección, pero la financiación es un desafío creciente.

Qué hace UNICEF frente a la pobreza menstrual

UNICEF trabaja la salud e higiene menstrual desde programas de desarrollo y de respuesta humanitaria. Su enfoque incluye:

  • Mejoras en WASH (agua, saneamiento e higiene) en escuelas: baños separados y seguros, puntos de agua, espacios para el cambio, papeleras y gestión de residuos.
  • Educación menstrual y pubertad para reducir estigma, mejorar conocimientos y favorecer que las niñas pidan ayuda a tiempo.
  • Acceso a materiales (según contexto) y apoyo comunitario para que la regla no sea causa de absentismo o vergüenza.

En la iniciativa de UNICEF España Unidos por los derechos de las niñas se menciona de forma explícita el objetivo de impulsar letrinas en escuelas para permitir una higiene menstrual digna y segura, junto con otras líneas de protección e igualdad.

Cómo ayuda UNICEF España

Para apoyar programas que protegen a niñas y adolescentes -incluida la higiene menstrual segura en escuelas- UNICEF España ofrece distintas modalidades de contribución dentro de su iniciativa "Unidos por los derechos de las niñas". 

  • Elegir la duración del compromiso (por ejemplo, 3, 6 o 12 meses), con baja automática al finalizar el periodo seleccionado.
  • Elegir la aportación mensual, con importes orientativos (p. ej., 6, 10, 15 euros u otra cantidad).

  • Posibilidad de desgravación fiscal de la donación, según normativa aplicable.

La pobreza menstrual no es un asunto menor ni "íntimo", es un indicador de desigualdad. Donde falta un baño seguro, un cubo de basura o una compresa, se pierde educación, salud y futuro. Abordarla exige infraestructura, información y protección. Y, sobre todo, la convicción de que la dignidad no puede depender del lugar donde nazcas. 

Pero este problema tiene soluciones concretas: infraestructuras, educación menstrual, acceso a higiene y protección. Y ahí es donde la ayuda suma. Si quieres apoyar proyectos que trabajan precisamente para que las niñas puedan ir a la escuela con dignidad y sin miedo, puedes hacerlo a través deUnidos por los derechos de las niñas. A veces, colaborar no es "arreglar el mundo": es hacer posible que, el próximo mes, una niña no tenga que elegir entre su regla y su futuro.

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