Aprendiendo a andar

Se me ponen los pelos como escarpias cada vez que le veo correr de esa forma tan desgarbada

Hasta hace dos meses llevaba a Jorge en su sillita, o en la mochila si íbamos por la calle y en mi cadera mientras iba haciendo cosas por la casa. Nunca le ha gustado estar solo y dejarle en la hamaca era un dramón, así que me he visto desde comiendo hasta pasando la aspiradora con el niño en brazos.

Desde bien pequeñito, Jorge ha querido ver el mundo de pie, cuando le cogía las manitas, él ponía su cuerpecillo bien tieso intentando levantarse y mantener la posición erguida.

A los ocho meses ya daba pasitos, siempre ayudado por nosotros y, por supuesto, nuestros riñones que padecían la posición encorvada mientras íbamos de un lado a otro de forma incansable. Sí, aprendió a gatear y todavía lo hace de vez en cuando, sin embargo, lo que realmente le gusta es andar y descubrir el mundo.

Fue una semana antes de cumplir el año cuando mi cuñada, que pensó que ya andaba, le soltó las manitas para que caminase solo. Al verlo, me lancé al rescate como en las pelis de acción, al grito de ¡nooooo! Pero antes de que me diera tiempo a llegar el niño, dio cuatro pasos. Todos comenzaron a jalearle y Jorge, al que no le gusta "nada" una juerga, iba de unos a otros, muerto de la risa.

Con sus casi dieciséis meses, Jorge ya no anda… ahora corre hacia cualquier cosa que le llame la atención, y como es lógico, nosotros lo hacemos detrás de él. Los que sois padres entenderéis el porqué no voy al gimnasio, ¿para qué gastarme un pastón si correr detrás del niño me sale gratis?

Jorge está encantado de tener independencia y poder descubrir el mundo por sí mismo, en cualquier caso, se me siguen poniendo los pelos de punta cada vez que le veo correr de esa forma tan desgarbada con los brazos hacia arriba, las piernas que parece que se van a enredar y el cuerpo que oscila de un lado a otro. Sin embargo, llega sano y salvo a su destino la mayor parte de las veces, aunque ya hayamos tenido a estas alturas un montón de caídas y hasta una brecha, pero esa es otra historia.

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