Chupete, ¿cómo y hasta cuándo?
A quienes defienden el chupete como un excelente aliado se oponen los convencidos de que hay que evitar su uso a toda costa. Entre unos y otros, la opinión mayoritaria considera que el niño no debe utilizarlo a partir de su segundo año de vida.
Chupete, no
Los detractores del chupete destacan el riesgo de malformaciones dentarias (malas oclusiones), trastornos bucales (caries, aftas...), transmisión de infecciones y el inicio tardío de la higiene bucodental.
Por otra parte, el uso del chupete se relaciona también con una duración más breve de la lactancia materna, ya que el patrón de succión del pezón y del chupete son diferentes, lo cual puede interferir en la correcta administración de dicha lactancia ya que, si el niño satisface parte de su necesidad de succión a través de este método no nutritivo, estimulará el pezón materno durante menos tiempo.
También existe bibliografía que demuestra que el uso del chupete constituye un factor de riesgo de otitis media aguda. Y no hay que olvidar los riesgos de lesiones faciales o nasales ocasionadas por sus bordes rígidos en caso de caídas, de estrangulamiento por las cordones o cadenas que lo sujetan o la obstrucción de las vías respiratorias por la aspiración de una parte del chupete, accidentes que aunque no son muy frecuentes pueden tener graves consecuencias.
chupete, sí
El reflejo de succión es innato, además de vital. El feto comienza a succionar su pulgar alrededor del quinto mes de embarazo, en un acto reflejo que le prepara para poder alimentarse desde el momento de su nacimiento. Además, la succión calma y reconforta al niño y le da placer y seguridad en los momentos de angustia, porque actúa como sedante. Hay muchos niños a los que les resulta imprescindible para dormir. Además, su necesidad de succión durante el primer año de vida es tan fuerte que, si no tienen un chupete a mano, pueden utilizar el pulgar como sustituto, lo cual, además de ser menos higiénico, ejercerá una mayor presión sobre su paladar.
Hay estudios que relacionan el uso del chupete con la menor incidencia de la muerte súbita y con la disminución de los períodos de apnea. Por eso, muchos pediatras no se oponen al uso del chupete, aunque sí recomiendan no ofrecérselo al niño hasta que no haya aprendido a mamar correctamente, para que no interfiera en su alimentación.
Instrucciones de uso
La valoración de los argumentos a favor y en contra del uso de chupete no permite concluir que se deba potenciar ni alentar el hábito, de manera que la decisión dependerá de los padres. En cualquier caso, si se opta por su utilización, habrá que asegurarse de que el chupete cumpla las normas de seguridad para evitar posibles accidentes y cuidar de manera rigurosa su higiene para evitar infecciones bucodentales.
Sin embargo, algunos estudios recientes aconsejan no iniciar su uso antes de los 15 días de vida (aunque, a veces, la tentación sea grande), empezar a restringirlo a partir de los 8 meses, procurar suprimirlo a partir del año y prescindir definitivamente de él a partir del segundo.
Recorrido evolutivo
A lo largo de los dos primeros años, el niño atraviesa la fase oral y todo su mundo afectivo se desarrolla en torno a las actividades que tienen relación con la boca, como la succión, la alimentación, chupar objetos o morder.
A medida que va madurando, encuentra nuevos intereses y otras formas de controlar sus emociones, con lo cual necesita cada vez menos utilizar su boca para explorar el entorno o succionar el chupete para controlar la ansiedad y los temores.
Abandonar el chupete significa crecer. Y para crecer ha de realizar conquistas, adquirir conocimientos y conseguir mayor autonomía, lo cual le va a permitir aceptar pérdidas y separaciones, que darán paso a su progresiva adaptación al entorno. Por lo tanto, un niño con una evolución emocional correcta, a lo largo del segundo año de vida irá restringiendo la utilización del chupete hasta limitarlo a los momentos de excesivo cansancio o angustia, o exclusivamente a los momentos de ir a dormir. Incluso es probable que, una vez conciliado el sueño, lo expulse de la boca.
Abandonar el chupete
Retirar el chupete no resulta, en muchas ocasiones, nada fácil para los padres, sobre todo a medida que el niño va cumpliendo años. Usar chupete se considera un signo de inmadurez y es socialmente indeseable, y puede llegar a dificultar las relaciones del niño con sus padres y compañeros, ya que puede ser objeto de críticas y bromas o recibir algún castigo. Y todo ello suele afectar de manera negativa a la autoestima del niño.
Cada uno posee su propio grado de madurez y autonomía, sus propias características y su propio ritmo de desarrollo, por lo que hay que tener todo ello en cuenta y tomarse unos márgenes de acción. Debemos ayudarlos a que abandonen el chupete, pero esto no debe convertirse en una obsesión.
A algunos padres les ha funcionado retirarlo de forma repentina, tras un hecho puntual (por ejemplo, como “pago” de un juguete en una tienda o cuando “se lo llevan” los Reyes Magos). Otros prefieren que el abandono sea paulatino. No está claro cuál es el mejor método, pero en cualquier caso es aconsejable que durante esos días los padres estén muy atentos para poder tranquilizar o distraer al niño en los momentos tensos, antes de que éste reclame su chupete.
Por las buenas
De nada servirá reprender al niño por usar el chupete, sobre todo cuando ya es mayorcito. Dificultará más su retirada definitiva. Las amenazas, los castigos, los chantajes y las riñas solo conducirán a minar la seguridad del niño en sí mismo y su autoestima. El niño ha de sentirse seguro y comprendido, debe encontrar estímulos suficientes para que pueda alcanzar la madurez necesaria. Cuando la alcance, seguramente abandonará el chupete por sí mismo. Si se le fuerza, es probable que tienda a la introversión o que empiece a chuparse el dedo, y este hábito es más difícil de erradicar, porque ¡siempre está “a mano”!
Algunos trucos para conseguirlo
· Evitar utilizar el chupete a nuestra conveniencia, como, por ejemplo, para que el niño aguante más tiempo hasta la siguiente toma.
· Reducir los momentos que pasa con el chupete, de forma que al cabo del tiempo lo utilice solo para dormir.
· Si consigue prescindir de él en algunos momentos, celebrar su éxito y recordarle lo mayor que es.
· No dejar el chupete a la vista. Dárselo solo cuando esté verdaderamente desconsolado.
· Procurar que el abandono del chupete no coincida con otros acontecimientos importantes, como el nacimiento de un hermano, un cambio de casa, la retirada del pañal, etc.
· Si duerme con él, quitárselo suavemente para que pierda la costumbre de tenerlo todo el rato en la boca.
· Fijar una fecha para empezar la cuenta atrás. Decírselo y procurar cumplir el trato.
· Tener imaginación para ofrecerle alternativas al chupete: actividades que le mantengan ocupado, apoyo afectivo que le consuele o algún objeto sustitutorio, como un peluche al que abrazar.
· Comprensión, tiempo y grandes dosis de paciencia.
El chupete seguro
· Debe estar hecho de material plástico, de una sola pieza y con los bordes redondeados.
· El escudo, con unas dimensiones mínimas de 43x43mm, ha de tener una flexibilidad suficiente para evitar los traumatismos, pero sin aumentar el riesgo de aspiración. Además, ha de tener orificios para que ventile.
· El chupete debe tener una anilla o tirador que permita extraerlo de la boca.
· La tetina no puede tener una longitud superior a 3,3 cm.
· No hay que colocar el chupete colgado alrededor del cuello del niño.
Los cuidados imprescindibles
· Limpiar el chupete con frecuencia.
· Cambiarlo cuando se deteriore, sobre todo cuando el niño ya tiene dientes, para evitar que se atragante con los pequeños fragmentos que pueda arrancar.
· No introducir el chupete en sustancias azucaradas.
Virginia González. Psicóloga y profesora de Educación Infantil.
Martes 22 de Mayo de 2012
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