Cinco reglas de oro para calmar su llanto

Qué hacer cuando un bebé llora

Aunque es totalmente normal que tu bebé llore, no es cuestión de quedarse de brazos cruzados esperando a que se calle. Sigue los consejos de la psicóloga Anne Bacus y los cinco puntos de su plan de acción.

Reglas para calmar su llanto

 1. ¿Llora? Actúa cuanto antes

Por suerte ya quedan lejos los tiempos en que se dejaba berrear al bebé para que desarrollara los pulmones. Aunque a partir de los 3 meses, y con mayor motivo después de los 6, puedes diferir tu respuesta unos minutos, durante los primeros meses es imperativo intervenir lo más rápido posible cuando te llama con sus gritos.

. El llanto es un inicio de comunicación: no responderlo es rechazar el intercambio.
. Si dejas llorar al bebé demasiado tiempo, ya no sabrá muy bien por qué lo hacía al principio y será casi imposible calmarlo.
. Actuar, intentar algo, aunque no funcione inmediatamente, te ayudará a soportar mejor su llanto.

2. Descarta las causas médicas del llanto

Antes de nada, tienes que asegurarte de que tu bebé no sufre.

. Si el bebé emite gritos diferentes a los habituales (sobre todo si son muy agudos, si sobrevienen de golpe en plena noche o si son como gemidos continuos) debes acudir al médico.
. Y lo dicho vale también cuando el bebé tiene fiebre, tose, tiene mocos, vomita o presenta heces líquidas.

3. Cuando llora, hazle las preguntas adecuadas

El hambre, el cansancio, la necesidad de proximidad o de mamar, la incomodidad (tiene frío o calor o está mojado) y el aburrimiento. Estas seis razones explican por sí solas una gran parte del llanto de los niños de pecho.

. Un caso práctico: tu bebé inicia un concierto de quejas… es inútil intentar, en menos de cinco minutos, darle el biberón (sobre todo si acaba de comer), el chupete, cambiarlo, etc. No sabrá a qué atenerse y llorará todavía más.
. Es mejor que te hagas, con tranquilidad, las preguntas adecuadas. ¿Cuándo comió por última vez (hambre)? ¿Está sucio (incomodidad)? ¿Está demasiado abrigado para la temperatura del lugar (incomodidad)? ¿Si le doy mi pulgar para que lo chupe se calma (necesidad de mamar)? ¿Lleva solo en su tumbona más de diez minutos (aburrimiento)? ¿Lleva más de cinco minutos atento a su móvil (cansancio)?
. ¿Ninguna de estas preguntas aporta una solución eficaz a su llanto? Abraza al bebé contra tu pecho. Probablemente necesita entrar en contacto con tu calor corporal (necesidad de proximidad).

4. No desprecies los “trucos” contra los llantos

Los “no hay más que” de las amigas o los “tendrías que” de las madres pueden ser irritantes. Pero, entre tanto consejo, a veces hay buenas ideas. A continuación te ofrecemos algunas clásicas y otras más estrafalarias. Pregunta entre tus familiares y allegados qué trucos conocen para detener el llanto. Así desdramatizas la situación y, quién sabe, ¡a lo mejor descubres alguna perla!

. Una nana cantada con mucha ternura al oído del pequeño.
. Una pieza de música clásica de fondo.
. Un suave masaje en el vientre para aliviar las molestias de una digestión todavía titubeante.
. Una bolsa de agua caliente sobre el vientre o las piernas (a una distancia razonable y siempre que no esté muy caliente).
. Poner en marcha la aspiradora (si no es muy ruidosa) a su lado.
. Envolverlo en una manta de borreguillo.
. Instalarlo en una caja de cartón forrada con una mantita en la que la cabeza y los pies toquen los extremos de la misma.
. Abrir un grifo a su lado.
. Darle un baño de agua tibia.

5. ¡Acepta que llore!

Intervenir no es sinónimo de lograr el objetivo. A pesar de toda tu buena voluntad, puede que el bebé siga llorando. ¡Tampoco es ningún drama!

. Para desarrollarse bien, también necesita llorar. Aunque solo fuera para deshacerse de todas las tensiones acumuladas durante el día. Llorar hace bajar la tensión arterial, elimina toxinas, relaja los músculos y restablece la respiración. En resumen, ¡calma!
. De modo que si nada lo tranquiliza, déjalo llorar, es lo que necesita.
. Pero puede ocurrir que tu “lloroncete” te impida dormir por la noche y te agote. En ese caso también conviene dejarlo un poco solo frente a sus lágrimas. Porque hay que evitar a toda costa llegar al punto en que pierdas los nervios y no actúes con la necesaria sangre fría.

Isabelle Gravillon con Anne Bacus, psicóloga.

 © Enfant Magazine

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