Infecciones respiratorias en niños

De noviembre a febrero, las infecciones respiratorias y sus complicaciones son las que más consultas generan a los pediatras. Son muchas las madres que se preocupan porque el catarro “no se le haya bajado al pecho” a su niño. Pero no es infrecuente que esto ocurra. Se ha comprobado que la exposición a agentes ambientales agresivos durante los tres primeros meses de vida condiciona de forma importante el desarrollo de infecciones respiratorias de vías bajas.

Infecciones respiratorias en los niños

Lo que no debemos hacer

Es importante como padres recordar que no debemos exponer al bebé al humo directo del tabaco ni al llamado “humo de tercera mano”, que es el que se adhiere a ropas, pelo, piel, etc…, del fumador y se mantiene durante horas, liberando sustancias nocivas todo ese tiempo.

No menos importante es evitar exponer al niño al virus, intentando no toser o estornudar cerca de él, o aumentando la higiene si no lo podemos evitar. Hay que tener en cuenta que los virus respiratorios viajan en micropartículas de saliva que pueden resultar de la tos, el estornudo o el habla, y que pueden mantenerse vivos durante horas sobre superficies. La disminución de las temperaturas favorece la expansión de los virus debido al hacinamiento en casas y centros escolares.

Bronquiolitis

Algunos virus respiratorios producen en los bebés bronquiolitis, una enfermedad debida a la obstrucción de las vías respiratorias más pequeñas.

El cuadro se inicia como un catarro de vías altas, con aumento de secreciones nasales, algo de tos, y evolución a dificultad respiratoria de mayor o menor intensidad. Se produce una disminución de los niveles de oxígeno en sangre, que va a ser la circunstancia condicionante de la evolución de la enfermedad.

El niño puede aparecer fatigado, con disminución de la ingesta, respiración acelerada, y puede observarse el hundimiento de las costillas o incluso el aleteo nasal. En ocasiones cursa con fiebre pero no siempre es así. El pediatra dirá que escucha sibilancias o que el niño hipoventila (en los casos más graves).

El tratamiento depende del nivel de gravedad. Suele iniciarse tratamiento inhalado con broncodilatadores (salbutamol o adrenalina) y reevaluar si hay mejoría. Si no es así y los niveles de oxígeno están bajos, precisarán tratamiento hospitalario con suplementos de oxígeno y broncodilatadores nebulizados. Cuando el niño mejora, puede ser enviado a casa con tratamiento inhalado con salbutamol (VentolínÓ) administrado siempre con cámara espaciadora.

Asma en niños

Hay niños que durante su primera infancia van a desarrollar episodios de sibilancias en relación a muchas de sus infecciones respiratorias, no implicando que el resultado final sea un niño asmático. Los pacientes con antecedentes de atopia o de alergia en la familia tienen más probabilidades, pero la sospecha de asma se ha de confirmar a través de pruebas complementarias.

Cuando los episodios de sibilancias o “pitos” se repiten durante los primeros años de forma ocasional, se suelen utilizar los corticoides inhalados (PulmicortÓ, PulmictanÓ) asociados a los broncodilatadores. La pauta más convencional es hacerlo durante 4-6 semanas para ver si disminuye el número de episodios y si es así, mantenerlo unos 2-3 meses. Los corticoides se usan por su efecto antiinflamatorio, mientras que los broncodilatadores tienen un efecto más inmediato, aumentando el diámetro de las vías respiratorias en minutos. En los últimos años se han empezado a utilizar los antileucotrienos orales (SingulairÓ), como opción para disminuir la dosis de corticoides por un efecto antiinflamatorio de mecanismo distinto al de éstos. Los corticoides orales no suelen usarse porque no tienen un efecto superior al placebo, salvo en las ocasiones en las que presenta inflamación de vías altas o en las que el compromiso respiratorio es muy alto.

A medida que el niño crece, estos episodios asociados a las infecciones suelen ir remitiendo. Lo más importante en esta etapa de la vida es estar muy atento a los signos que puedan orientar a la gravedad: la frecuencia y la dificultad en la respiración, la dificultad en la alimentación por la fatiga, los picos febriles elevados. Un buen manejo en casa va a evitar muchas complicaciones y va a mejorar el pronóstico.

Amparo Carreño. Pediatra

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