El impacto de la televisión en los niños

Efectos de ver la televisión en la infancia

Las imágenes violentas o trágicas a las que pueden acceder los niños a través de los programas informativos de televisión ejercen sobre ellos mayor influencia que las de ficción.

Las imágenes violentas de televisión que tienen mayor impacto en los niños son las que resultan creíbles, es decir, aquellas que los menores interpretan como reales. 

El impacto de la televisión en los niños

Los efectos de la televisión en niños y bebés

La “porosidad” de la mente infantil hace que absorba con facilidad todo tipo de estimulación ambiental, aunque frecuentemente este proceso se produce de modo inconsciente, pues el niño o los familiares no tienen por qué darse cuenta. Se sabe, por ejemplo, que los bebés, aunque no comprendan las palabras de los informadores, captan el tono, el estado de ánimo de los que hablan y de las personas que los rodean –por ejemplo, las reacciones de sus familiares–, es decir, la “atmósfera” en que se encuentran.

Los informativos actuales tienen como destinatarios a los adultos; no han de ser, pues, productos de “consumo” habitual para los niños. Si el informativo está cargado de violencia, no es aconsejable la exposición sistemática al mismo de los niños, cualquiera que sea su edad. Desde el momento en que los niños están en condiciones de comprender sencillas explicaciones (en torno a los tres años), los comentarios y valoraciones de padres y educadores sobre las escenas violentas reducen considerablemente su impacto negativo. Sea como fuere, no es aconsejable durante la infancia la reiterada contemplación de la violencia televisada.

En general, en el caso de la violencia y los desastres televisados, por ejemplo, los daños ocasionados son principalmente tres: el aprendizaje de la violencia, la desensibilización ante las catástrofes y la violencia, porque se produce una habituación, y el temor a sufrir daños.

A medida que aumenta la cantidad de imágenes contempladas, estos tres efectos (agresividad, desensibilización y miedo) se incrementan. Es verdad que algunos menores tienen problemas para diferenciar la realidad de la ficción, lo que genera dificultad para hallar referencias sólidas, es decir, confusión y desorientación; además de los tres efectos anteriores, pues, no hay que olvidar que estas consecuencias se producen tanto por las imágenes de violencia y de desastres reales como por las simuladas (películas, etc.).

Aprendizaje de la violencia a través de la televisión

El comportamiento y el lenguaje de los niños refleja cada vez más lo que perciben en los medios de comunicación. “Hay, por ejemplo, un aprendizaje de la violencia por identificación con ciertos personajes, que se traduce en un mayor número de juegos bélicos y en la tendencia a resolver los conflictos de manera agresiva”, afirma. “En la población escolar –añade–, se observa una creciente dificultad para separar la ficción de la realidad. El temor, ansiedad, inseguridad, agresividad, etc., provocados por la elevada exposición a las imágenes e informaciones violentas se proyecta en los dibujos de los niños y en todas sus acciones. En el lenguaje, por ejemplo, además de empobrecerse, se observan más términos insultantes: es la manifestación lingüística del contagio de la violencia”.

“Hay que mostrar a los niños el carácter espectacular y emocional –a veces la violencia se embellece, lo que aumenta su fascinación– de muchos de los mensajes que reciben (películas, dibujos animados, publicidad...), seleccionar los programas en función del desarrollo infantil y, por supuesto, limitar el tiempo de contemplación de la televisión”.

Valentín Martínez-Otero, psicólogo

Valentín Martínez-Otero, psicólogo

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