Prevención de la violencia en la infancia

Cómo educar a los niños en la no violencia

La prevención de conductas violentas debe comenzar en la primera infancia, cuando el niño no es más que un bebé. Es una labor compleja, que pasa por el desarrollo de la confianza del niño en sí mismo y en los demás, que la familia puede llevar a cabo con eficacia, ya que en ella se aúnan, como en ningún otro ámbito de la existencia humana, el afecto incondicional y la atención permanente.

Prevenir la violencia en los niños

Pautas para evitar la violencia en los niños

Para cumplir adecuadamente su función, los padres y las madres tienen que proporcionar a sus hijos tres condiciones básicas:
- Un cuidado atento.
- Una relación afectiva cálida.
- Una disciplina consistente.

Conviene tener en cuenta, sin embargo, que se trata de una tarea muy compleja, que es preciso ir adaptando en función de los cambios sociales y de los cambios que los niños y niñas experimentan con la edad, y que se desempeña mucho mejor cuando se lleva a cabo como una responsabilidad compartida.

El ser humano nace con la capacidad de aprender distintas formas de relacionarse con el mundo social y emocional que lo rodea: violencia, individualismo, empatía, solidaridad...

La mayoría de los niños tienen experiencias que les permiten superar adecuadamente esta primera gran asignatura del desarrollo psicológico. En algunas ocasiones, sin embargo, los niños aprenden que no pueden confiar en nadie, desarrollan una visión negativa del mundo, como algo desagradable o imprevisible, y se acostumbran a responder a él con desestructuración, retraimiento o violencia, tendencias que reducen considerablemente su capacidad de adaptación e incrementan su vulnerabilidad psicológica.

10 ideas para prevenir la violencia en la infancia

Los estudios realizados sobre este tema sitúan en torno a los tres años el comienzo de las diferencias individuales respecto a la conducta agresiva, como un estilo individual de relación que caracteriza a algunos niños. A esta misma edad, los niños empiezan a manifestar comportamientos agresivos con una frecuencia superior a las niñas.

Estas diferencias surgen como resultado de los modelos y expectativas básicos desarrollados con anterioridad y a través de los cuales puede prevenirse la violencia, favoreciendo los modelos alternativos, basados en la confianza y la empatía.

Los diez principios que se resumen a continuación ayudan a conseguirlo:
1. La familia debe proporcionar: atención continua, apoyo emocional incondicional y oportunidades para aprender a autorregular emociones y conductas.
2. Compartir la responsabilidad de educar, por ejemplo entre el padre y la madre.
3. Responder a las demandas de atención del niño con sensibilidad y coherencia.
4. Transmitir mensajes positivos que el niño pueda interiorizar para aprender a autorregular su propia conducta.
5. Enseñar al niño a respetar ciertos límites, censurando determinadas conductas.
6. Desarrollar contextos y rutinas de comunicación en los que el adulto esté dedicado exclusivamente a compartir la actividad con el niño o la niña, como los juegos o los cuentos.
7. Enseñarle a estructurar su propia conducta, con coherencia, en relación a la conducta de otra(s) persona(s) y aprender significados sociales complejos.
8. Ayudarlo a desarrollar la motivación de eficacia.
9. Anticiparse a las conductas agresivas o rabietas y favorecer alternativas, en situaciones como las que se originan cuando el adulto está dedicado al hermano menor y el mayor trata de conseguir su atención a través de conductas negativas.
10. Cuidar los mensajes que los niños y niñas reciben de forma indirecta (a través de la televisión, los juguetes, los cuentos...) para que sean coherentes con los valores que los padres queremos transmitir, puesto que también influyen en el significado que aprenden a dar al mundo que los rodea.

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