La adolescencia no es una enfermedad

Etapa de reafirmación de nuestros hijos

La adolescencia es, ante todo, una etapa en el camino hacia la autonomía. Un joven “demasiado bueno” no es pues una buena señal. Lo que, de todos modos, no justifica los excesos.

La adolescencia no es una enfermedad

No es más que el paso a la pubertad

Philippe Jeammet, catedrático de psiquiatría infantil y de los adolescentes en la universidad de París V y presidente de la Escuela de padres, tiene una opinión matizada de la “crisis de la adolescencia”: “En el sentido etimológico de la palabra, designa ese período crítico de cambios fisiológicos y psíquicos asociados a la pubertad. Pero esa crisis no tiene por qué durar mucho ni ser necesariamente ruidosa”. E insiste: “La adolescencia no es una enfermedad, hay que tenerlo siempre presente. La mayor parte de los adolescentes se sienten bien y pasan esta etapa sin problemas”.

La edad en que quieren ser autónomos

Es verdad: el adolescente ya no es el niño que antes era. Ha cambiado, ha crecido, y no solo físicamente: ya no tiene las mismas necesidades, las mismas preocupaciones, el mismo comportamiento con los padres…. Es normal que sea menos cariñoso, más distante, que le apetezca ver más a menudo a sus amigos, que se forje sus propias opiniones y las consolide, que reclame más autonomía. Según Philippe Jeammet, “para que un adolescente reafirme su autonomía frente a sus padres, lo que no quiere decir que rompa con ellos, no es necesario que existan conflictos agudos y violentos”.

Portarse bien, pero sin pasarse

Dado que es importante que estos cambios psíquicos tengan lugar, no hay que hacer como si no existieran. Patrice Huerre, psiquiatra y directora de la clínica médico-universitaria George-Heuyer, nos lo recuerda: “El límite de la normalidad de una adolescencia tranquila, sin choques y que transcurre progresivamente hacia la edad adulta está en esos jóvenes que parecen haber dejado de lado su adolescencia y, psicológicamente hablando, siguen siendo unos niños. Si un adolescente no quiere salir con los chicos y chicas de su edad y prefiere quedarse con sus padres, hay motivos para preocuparse. Pero si son adolescentes que no beben, no fuman y no son insolentes con sus mayores, no hay ningún problema, ¡al contrario!

Christine Legrand

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