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Desarrollo psicomotor en bebés y niños

Qué habilidades adquiere el niño durante la infancia

Desarrollo psicomotor en bebés y niños

El término desarrollo psicomotor designa la adquisición de habilidades que se observa en el niño de forma continua durante toda la infancia. Corresponde tanto a la maduración de las estructuras nerviosas (cerebro, médula, nervios y músculos...) como al aprendizaje que el bebé hace descubriéndose a sí mismo y al mundo que le rodea.

Desarrollo psicomotor en bebés y niños

El desarrollo del bebé en la infancia se suelen repartir en varios campos:

  • Desarrollo motor grosero (o global, por ejemplo, mantenerse sentado).
  • Desarrollo motor fino (por ejemplo, forma de coger un objeto).
  • Desarrollo sensorial (por ejemplo, respuesta a luz/colores o sonidos).
  • Desarrollo afectivosocial (por ejemplo, la interacción con la mirada, la imitación...).
  • Desarrollo cognitivo y del lenguaje.

Habilidades que han de adquirir los niños según su edad

Responder afirmativamente a la mayoría de estas preguntas puede dar una idea de si los bebés o los niños tienen un desarrollo normal para su edad

Bebés en los 2 primeros meses

  • ¿Va consiguiendo un sostén estable de la cabeza?
  • ¿Succiona y deglute bien?
  • ¿Manotea y patalea abundante y armónicamente?
  • ¿Es excesivamente blando o rígido?
  • ¿Sigue con la mirada?
  • ¿Sonríe ante el rostro de las personas?

Bebés 4-5 meses 

  • ¿Comienza a llevar las manos voluntariamente hacia los objetos que llaman su atención para agarrarlos?
  • ¿Utiliza indistintamente ambas manos o, por el contrario, muestra particular preferencia por una de ellas?
  • ¿Le interesan las personas y los objetos del entorno?
  • ¿Vuelve la cabeza hacia el lado desde donde se le llama suavemente, o hacia el sonajero?

7 meses 

  • ¿Se mantiene sentado sin apoyo durante 1 minuto?
  • ¿Es capaz de dar la vuelta completa en la cama?
  • ¿Su balbuceo es abundante?
  • ¿Hace ademán para que le tomen en brazos?
  • ¿Sonríe ante las personas?
  • ¿Sus ojos son paralelos, o se tuerce habitualmente alguno?

10 meses 

  • ¿Se mantiene de pie, aun con ligera ayuda, dando pequeños saltitos, sin excesiva rigidez de las piernas, sin cruzar las piernas, sin apoyar exclusivamente la punta de los pies?
  • ¿Es capaz de coger un objeto entre el pulgar y el índice, en forma de pinza, o lo hace con toda la mano?
  • ¿Utiliza por igual ambas manos?
  • ¿Comienza a mostrar señales de extrañeza ante las personas ajenas a su medio familiar o es indiferente a ello?
  • ¿En sus balbuceos, comienza a emitir algunos sonidos similares a los de la lengua materna?

14 meses 

  • ¿Es capaz de caminar solo?
  • ¿Arrastra la punta de algún pie al dar el paso?
  • ¿Busca con la mirada un objeto que le apetece, aunque se le esconda de su vista?
  • ¿Pronuncia alguna palabra refiriéndose claramente a una persona u objeto concretos?

18-20 meses

  • ¿Sabe usar la cuchara y el vaso?
  • ¿Juega con objetos (coches, muñecas) «como si fueran de verdad»?
  • ¿Señala con el índice lo que quiere?
  • ¿Entiende más palabras que las que dice?
  • ¿Combina 2 palabras diferentes?

30-36 meses

  • ¿Cómo corre?
  • ¿Conoce 5 partes del cuerpo?
  • ¿Intenta usar el lápiz?
  • ¿Hace frases con sujeto-verbo-complemento?

El pediatra es quien puede explicar a la familia, en cada caso, si un niño merece una vigilancia especial. Haciendo una primera aproximación a este tema, se trata de los niños expuestos a tóxicos durante el embarazo, los nacidos prematuros, con muy bajo peso o los que han sufrido al nacer, especialmente si han necesitado ventilación asistida («un tubo para respirar») durante tiempo.

A estos niños de «riesgo» se aplica una atención temprana, que consiste en una estimulación personalizada y armoniosa de los circuitos sensitivos y motores del bebé. El seguimiento de parte de profesionales del desarrollo de estos niños permite, por lo tanto, la adecuada estimulación del bebé, la información de los padres para que tomen una actitud activa ante el desarrollo del niño -sin alarmismo y sin quedarse pasivos ante el riesgoy que descubran así las capacidades reales y la personalidad de su hijo; después de unos meses, se perfila un diagnóstico más preciso de normalidad o de lesión neurológica, con el consiguiente seguimiento en rehabilitación.

Dr. Juan Narbona García Especialista en Pediatría en la Clínica Universitaria de Navarra

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