Educar a los niños en el respeto por el medioambiente
Sin duda, uno de los valores que los adultos podemos inculcar a nuestros niños es el cuidado del medio ambiente. Puesto que todos los seres humanos formamos parte de un ciclo evolutivo y ocupamos un puesto transitorio en la vida, todos somos responsables del futuro, ya que nuestros antecesores han depositado en nosotros la esperanza en la continuidad.
Una de las maneras de introducir la responsabilidad por la continuidad de las especies y por la conservación de la naturaleza es dar a los niños una visión cósmica del universo, de la Tierra, siempre de modo accesible para su edad. Hablarles de un eje del tiempo, de manera que conozcan el pasado y se identifiquen con él: por ejemplo, con los fundadores de nuestra ciudad o de nuestro pueblo y, después, conducirlos a imaginar cómo les gustaría que fuera en el futuro su ciudad o su pueblo y llevarlos a plantearse qué pueden ellos hacer para lograrlo. Así entenderán que el futuro de sus hijos y de sus nietos depende del papel que ellos desempeñen en el presente.
Hay muchas ocasiones para abordar de forma concreta y cercana el tema de la ecología, ya que los niños ven continuamente en la televisión noticias que aluden a atentados contra el medio ambiente. Noticias que a algunos pueden parecer ajenas y que, sin embargo, son oportunidades valiosas para relacionarlas con el consumo racional en nuestra propia casa.
El hundimiento de un petrolero puede ser la ocasión, por ejemplo, para hablar con nuestros hijos sobre el uso de bolsas de plástico reutilizables, la compra de cristal retornable y el uso responsable de los diferentes contenedores y de los puntos limpios.
Y, ya fuera de casa, tratar el tema del uso del transporte público y de no tirar basura en la calle o en la naturaleza durante las excursiones o las estancias en la playa. A pesar del indudable atractivo que los animales tienen para los niños, también conviene hacerles comprender que no se debe tener como mascotas animales pertenecientes a especies protegidas o en peligro de extinción.
Un incendio provocado en un bosque nos puede dar la oportunidad de educar a los pequeños en el consumo racional de papel, en la reutilización de papel y cartón en sus trabajos manuales, en el reciclado y en la protección del monte, por ejemplo, no arrancando el musgo.
Los niños tienen una concepción distinta a la nuestra del espacio-tiempo, de manera que esta responsabilidad les resultará motivadora, e incluso divertida, si se la presentamos como poder «bueno» sobre el entorno y el futuro. Así, les costará poco asumir la reducción del consumo de agua en su aseo personal, y el ahorro mediante hábitos sencillos como cerrar un grifo o apagar una luz innecesaria.
Evidentemente, la ecología no es sólo una cuestión de los gobiernos, sino también de cada uno de nosotros porque, si tienen continuidad, los pequeños gestos se convierten en grandes acciones. Pero la educación en ecología es más difícil para los adultos que para los niños, ya que, en la práctica, resulta más complicado cambiar hábitos que adquirirlos.
Los niños copian, sin cuestionárselo, y enseguida automatizan. Los adultos, en cambio, tenemos que incorporar ciertas costumbres, pensar antes de actuar y rectificar en muchas ocasiones. El respeto por la naturaleza es una cuestión de actitud en lo cotidiano. Adoptar esta actitud es asumir el deseo de ofrecer a nuestros herederos en la Tierra un mundo saludable.
María del Mar García Orgaz. Psicóloga infantil
Jueves 24 de Mayo de 2012
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