La tolerancia en los niños
Aunque las condiciones que pueden desencadenar la intolerancia existen en todas las personas y sociedades, los conflictos e incertidumbres que genera el mundo actual, caracterizado por la globalización y la revolución tecnológica, exigen un mayor esfuerzo educativo en los principios del respeto mutuo.
Las encuestas realizadas en España desde hace más de diez años reflejan un acuerdo casi unánime con el reconocimiento de la necesidad de educar en la tolerancia y el respeto mutuo.
Componentes de la intolerancia
En casi todos los estudios realizados sobre este tema se pone de manifiesto que la intolerancia es un fenómeno complejo, que influye y es influido por lo que pensamos, lo que sentimos y por cómo nos comportamos. Es decir, que incluye tres componentes en torno a los cuales hay que orientar la educación:
• El componente cognitivo consiste en un conjunto de creencias muy simplistas y estereotipadas sobre las características de las personas que forman parte de un grupo.
• El componente emocional consiste en una valoración negativa del otro grupo, junto con sentimientos de hostilidad y rechazo hacia las personas que lo componen.
• La disposición a comportarnos de forma negativa con los miembros de otro grupo (rechazándolos, marginándolos...).
Intolerancia, exclusión y violencia
Numerosas situaciones históricas reflejan la relación entre intolerancia y exclusión, puesto que en ellas se observa que el hecho de considerar a las personas sometidas a situaciones de esclavitud y explotación como inferiores (en inteligencia, ambición...) ha sido utilizado para dar apariencia de justificación a las injusticias que con esas personas se cometían. En este sentido, cabe destacar que, cuando se negaba a las mujeres el derecho a votar, solía argumentarse que su desarrollo intelectual era inferior al de los hombres.
La historia de la humanidad refleja repetidamente que intolerancia y violencia suelen producirse de forma paralela, como dos caras de una misma moneda.
El pensamiento blanco-negro
La intolerancia suele basarse en una simplificación de la realidad social. El extremo de dicha simplificación se produce en el pensamiento blanco-negro, en el que solo existen dos categorías, sin matices ni situaciones intermedias: buenos y malos, amigos y enemigos, los que pertenecen al propio grupo y los que no pertenecen a él, perfección absoluta o imperfección total.
Tolerancia y calidad de vida
Educar para la tolerancia no es solo necesario para hacer una sociedad más justa y solidaria, sino también una cuestión de egoísmo inteligente, un requisito para mejorar la calidad de la vida y enseñar a construir la felicidad desde la educación.
Enseñar a afrontar la incertidumbre
Las situaciones en las que se siente un alto nivel de inseguridad e incertidumbre, sobre todo en relación a la propia identidad, pueden activar la intolerancia. Suele producirse progreso cuando la persona que las experimenta no tiene miedo de dudar. Y suele producirse, por el contrario, intolerancia cuando la persona se siente muy insegura y trata de reducir la incertidumbre considerándose superior solo por el hecho de haber nacido en un determinado grupo (por ser hombre o tener la piel blanca, por ejemplo) y considera inferiores a los de los otros grupos.
Por qué aumenta la intolerancia
Entre las condiciones que representan un riesgo cabe destacar:
1 La incertidumbre sobre la propia identidad.
2 Las situaciones de crispación.
3 Los conflictos de intereses.
El riesgo de intolerancia en la actualidad
Los cambios originados por la globalización y la revolución tecnológica producen una serie de conflictos y tensiones. Y como expresión de los cuales cabe destacar, por ejemplo, las siguientes contradicciones que debemos enseñar a afrontar:
1 Disponemos de más información que nunca, pero cada día es más difícil entender lo que nos sucede y predecir lo que va a pasar.
2 Tenemos más recursos técnicos para comunicarnos, pero aumenta el riesgo de aislamiento y exclusión social.
3 Debemos relacionarnos en un contexto cada vez más multicultural y heterogéneo y estamos expuestos a una fuerte presión homogeneizadora.
4 Respeto mutuo y derechos humanos como fin y límite de la tolerancia.
Adolescentes, intolerancia y violencia
La tendencia de algunos adolescentes a construir una identidad intolerante experimentó un importante incremento en distintos países europeos desde los años 90.
Los estudios realizados sobre la violencia racista y xenófoba producida en esta década reflejan que los agresores eran con frecuencia adolescentes varones de edades comprendidas entre los 15 y los 20 años, que habían abandonado la escuela o que tenían importantes dificultades en dicho contexto.
Además de la incertidumbre y falta de proyecto vital de dichos adolescentes, suelen destacarse como condiciones que favorecen esta violencia: el efecto de contagio que tiene la divulgación de la violencia por los medios de comunicación entre los individuos más vulnerables a dicha influencia; y la débil respuesta proporcionada por el resto de la sociedad en la condena de la violencia, que suele ser interpretada por estos adolescentes como un apoyo implícito, como que, aunque en teoría se rechaza la violencia, en la práctica se permite.
Los resultados obtenidos en nuestras investigaciones con estudiantes de Secundaria en España reflejan que los adolescentes que se identifican con bandas intolerantes y violentas se diferencian, además, del resto de sus compañeros de clase por un razonamiento moral menos desarrollado (más absolutista e individualista); justificar la violencia y utilizarla con más frecuencia; llevarse mal con los profesores; ser rechazados por los otros chicos de la clase, y ser percibidos como agresivos, con fuerte necesidad de protagonismo, inmaduros, antipáticos y con dificultad para comprender la debilidad de los demás. Perfil que refleja como causas posibles de la intolerancia y la violencia la dificultad para sentirse aceptado y reconocido por la escuela y el sistema social en el que se incluye.
Educar en la tolerancia en el mundo actual
En función de lo anteriormente expuesto cabe destacar, en resumen, las siguientes pautas de educación para la tolerancia:
1 Hay que empezar a educar para la tolerancia desde la primera infancia, proporcionando modelos y relaciones basados en la empatía.
2 Para desarrollar la tolerancia hay que enseñar desde edades tempranas a afrontar la incertidumbre y el conflicto.
3 Es imposible adaptarse al complejo mundo actual desde el absolutismo o las categorías blanco-negro.
4 Las personas más tolerantes han aprendido a detectar y a corregir la intolerancia, a través de habilidades que es necesario enseñar, para que pueda comprenderse.
5 Conviene proporcionar desde la infancia oportunidades de calidad en contextos heterogéneos.
6 Hay que favorecer la construcción de una identidad diferenciada y positiva basada en la tolerancia y los derechos humanos.
María José Díaz-Aguado
Catedrática de Psicología de la educación, Universidad Complutense
Jueves 24 de Mayo de 2012
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