Educar a los niños en la solidaridad. Valores para niños

Consejos para educar a los niños en valores solidarios

La solidaridad es la toma de conciencia de las necesidades ajenas y el deseo de contribuir a su satisfacción. Se trata de un valor que hay que fomentar en todos los ámbitos, empezando por el familiar y el escolar.

Es el arte de asistir a los demás y de caminar por una senda compartida. Es el marco de la comunidad universal en el que la solidaridad adquiere su desarrollo más amplio.

Educar en la solidaridad 

Cómo fomentar el valor de la solidaridad en los niños

La extensión planetaria de las diferencias económicas, educativas, sanitarias, etc., acrecientan el escepticismo, cuando no el desánimo, en lo que se refiere a los propósitos proclamados por doquier de avanzar hacia la solidaridad. Sea como fuere, es imperativo ético de nuestro tiempo emprender la construcción decidida de un mundo mejor.

El concepto de solidaridad nace del respeto a la dignidad de la persona y su materialización pasa tanto por la toma de conciencia de las necesidades ajenas como por el cultivo y práctica de la adhesión fraterna. La ternura, el cuidado y la empatía de los padres constituyen en los primeros años las experiencias vitales básicas que suscitan en el niño relaciones afectivas saludables.

Con el paso del tiempo, la personalidad infantil desarrolla también la sensibilidad y la alteridad a partir de comentarios, juegos sociales, narraciones, etc., que se traducen en un reconocimiento cada vez mayor del otro (alter ego). La apertura solidaria también es fruto de la observación, la identificación y la imitación en el hogar.

Este acrecentamiento de la capacidad empática, si se canaliza adecuadamente en un buen entorno, despierta en el escolar la sana preocupación por los demás. En la actualidad hay suficiente evidencia empírica de que los “climas educativos” de tipo cooperativo, a diferencia de los ambientes individualistas y competitivos, extienden sus ventajas tanto al rendimiento académico como a las relaciones que se generan entre escolares.

El escenario formativo distinguido por el diálogo, la apertura y el afecto estimula el “espíritu de equipo” y es idóneo para el desarrollo de la solidaridad. Así pues, la escuela del nuevo milenio debe liberarse definitivamente de métodos basados en el egoísmo, la rivalidad, las comparaciones “odiosas”, la vanidad, etc., que en nada benefician el establecimiento de vínculos cordiales y, en cambio, encienden la chispa de la intolerancia.

En resumen, el cultivo de la solidaridad debe comenzar cuanto antes y extenderse a todo el curso vital con la intervención de la familia, la escuela, las organizaciones empresariales y la comunidad en su conjunto. La solidaridad es expresión de altruismo que se aprende y se afianza con el ejercicio. Su desarrollo equivale a avanzar por el camino de la sintonía, de la reciprocidad y de la compenetración.

Valentín Martínez-Otero. Profesor y Doctor en Psicología y en Pedagogía

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