Vacunas

Vacunas

Una de las vivencias que más traumatizan a los padres es el momento de las vacunas. Éstas son uno de los medicamentos más eficaces en el control e incluso erradicación de numerosas enfermedades, al conseguirse la disminución de la circulación del virus o la bacteria entre la población. Las vacunas consiguen que el organismo cree defensas contra esos microorganismos para poder vencerlos en el caso de enfrentarse a ellos. Se trata de enfermedades tan dispares e importantes como el sarampión, la polio, la meningitis C…

¿Qué son las vacunas?

Las vacunas son suspensiones de microorganismos vivos, inactivados o fraccionados, que generan en el organismo que las recibe una inmunidad frente a ellos. Éstos se combinan con sustancias químicas, los coadyuvantes, que potencian la reacción inmune, y con otras sustancias (conservantes, para estabilizarlas, antibióticos, para evitar contaminación bacteriana) Pueden administrarse por vía parenteral (pinchadas), oral (tomadas) o inhalatoria. Existen vacunas de un solo microorganismo (hepatitis B, meningitis C, neumococo, etc..) y otras de varios gérmenes (triple vírica, hexavalente, etc..)

Calendario de vacunación infantil

Cuando el niño nace, los papás reciben un “plan de vacunas”, que es variable dependiendo de la zona geográfica en la que estén. Se trata de lo que se conoce como Calendario Vacunal, una secuencia organizada ligada a la edad e intervalos de tiempo, que consigue una inmunización efectiva, rápida y duradera. Las vacunas precisan un número de dosis determinado para conseguir ese nivel de inmunidad. Por otro lado, existen dosis de refuerzo, que lo que hacen es “despertar” o estimular al sistema inmune una vez que han transcurrido años desde la vacunación inicial, consiguiendo que responda frente al microorganismo con la misma fuerza que se consiguió con la inmunización inicial.

Vacunas sistemáticas

En España la vacunación sistemática es gratuita y no obligatoria. A pesar de esto, tenemos unas altísimas tasas de vacunación, pues asumimos que las vacunas son protectoras frente a enfermedades potencialmente muy graves. De hecho, gracias a la vacunación sistemática desde el siglo XIX se consiguió erradicar la viruela, eliminándose la vacuna en el año 1979. En el calendario actual protegemos a la población frente a difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B, meningitis C, haemophilus influenza, parotiditis, poliomielitis, rubéola, sarampión, varicela y papilomavirus. Según la comunidad autónoma en la que se resida, las fechas y el orden de vacunación variarán ligeramente. Además, existen comunidades en las que estos calendarios añaden algunas vacunaciones extra: BCG en el País Vasco, Hepatitis A en Cataluña, Ceuta y Melilla, y Neumococo en Madrid. Lo ideal sería unificar el calendario en todas las comunidades, según recomienda por ejemplo el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (www.aeped.es).

Si existen estas diferencias en un solo territorio, es de suponer la diferencia que habrá entre diferentes países. Por eso es muy importante revisar los calendarios vacunales de las personas que viajan, especialmente para pasar largas temporadas, pues pueden no estar protegidos frente a algunas enfermedades.

Vacunas no sistemáticas

Por otro lado están las vacunaciones no sistemáticas, que son aquellas que se realizan sobre determinados grupos de individuos. Se incluyen entre ellas las vacunas de la gripe estacional, que se administrarán a aquellos individuos de mayor susceptibilidad o riesgo según las recomendaciones anuales del ministerio de sanidad, las que se administran en caso de brote epidémico, como ocurrió en 1997 con la meningitis C, o las que se administran a viajeros, como la fiebre tifoidea.

Efectos de las vacunas

Es evidente que saber de qué les protegemos ayuda a los padres a estar más tranquilos. Pero siempre están los fantasmas de qué reacción le puede dar la vacuna al niño. En general suelen aparecer efectos locales, en las primeras 48 horas, consistentes en dolor, hinchazón y enrojecimiento de la zona donde fue pinchado. Responden a analgesia con paracetamol o ibuprofeno y frío local. A veces se crean unos pequeños “bultitos” que se palpan bajo la piel y que pueden prolongarse meses, sin tener ninguna trascendencia patológica. También puede haber efectos adversos generales, entre los que destaca la fiebre, que aparece en las primeras 24 horas y no sobrepasa los dos días, salvo en vacunas como la triple vírica, que puede dar fiebre en los días posteriores. Puede haber también pérdida de apetito, somnolencia o cansancio en el día siguiente a la vacunación. Otras son: erupciones cutáneas, dolor de articulaciones, lipotimias.

Hay situaciones concretas en las que habrá que consultar sobre la conveniencia o no de administrar una vacuna, tales como alergia al huevo, alergia a gelatina, alergia a antibióticos aminoglucósidos, embarazo, inmunodepresión y convivientes de inmunodeprimidos.

Sin embargo, no son contraindicaciones para no vacunar los catarros con fiebre baja, los tratamientos antibióticos simultáneos, la convalecencia de una enfermedad infecciosa, la convivencia con embarazadas, la alergia a penicilina, la desnutrición, la prematuridad, la reacción vacunal previa leve (con fiebres menores de 40,5ºC), las madres de lactantes, o los antecedentes familiares de convulsiones, muertes súbitas y reacciones graves a vacunas.

Conseguir proteger a nuestros niños frente a enfermedades mortales o muy incapacitantes es uno de los logros más importantes. Un mal trago, pero necesario.

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