Alumnos de distinta religión

¿Qué lugar ocupa la religión en el colegio? La obra Les jeunes, l’école et la religion* analiza los resultados de una gran encuesta realizada entre miles de jóvenes europeos. A continuación os ofrecemos unos pasajes del libro.

¿Las personas que pertenecen a religiones diferentes pueden vivir juntas?

Las respuestas a la pregunta: “En tu opinión, ¿cómo crees que pueden convivir las personas que pertenecen a religiones diferentes?”, parecen indicar que los alumnos han asumido de forma normativa las reglas de la tolerancia y el pluralismo. Sus palabras clave son “respeto” y “tolerancia”. Para ellos, la tolerancia es a la vez la aceptación positiva de las diferencias y también un derecho a la diferencia: “Es un problema de tolerancia. Cada cual puede pensar lo que quiera y nadie puede ser juzgado por sus creencias religiosas. Se trata simplemente de hacer abstracción de nuestras diferencias y aceptar al otro tal cual es”, explica una joven judía.

Según los alumnos, el único obstáculo para la convivencia es el extremismo religioso, que se asimila a la necedad, como subraya un joven católico: “Cuando alguien es extremista o corto de luces, solo ve su propia religión, nada más. Cuando somos tolerantes, abiertos, no hay problemas”.

En el colegio no siempre se respeta el pluralismo

Si leemos y escuchamos las declaraciones de los alumnos entrevistados, vemos que el pluralismo es un valor común a todos ellos pero, a veces, también destacan algunas prácticas concretas: agresiones verbales entre alumnos, dificultades para tratar el hecho religioso en clase, repliegue comunitario, antisemitismo, reacciones ante determinadas enseñanzas (como la teoría de la evolución, por ejemplo, que, según declaran algunos profesores, es rechazada por alumnos evangélicos o musulmanes).

Tensiones superables

Es decir, que los hechos contradicen las buenas palabras: ¿hasta qué punto estas son un simple reflejo de un pluralismo “políticamente correcto”? Se podría decir que, en los centros escolares, la cohabitación de las distintas confesiones combinada con una indiferencia por la religión, produce tensiones, sí, pero no insuperables. En todo caso, esas tensiones también se originan en virtud de la segregación espacial y social, que hace que cada uno se quede en su territorio donde, desde el punto de vista social y religioso, es aceptado y puede aceptar a los demás.

Céline Béraud y Jean-Paul Willaime

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