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Cómo educar a un hijo único

Consejos y pautas para educar a los hijos únicos sin problemas

Cómo educar a un hijo único

Existen muchos tópicos sobre la forma de ser de los hijos únicos. Se los suele asociar a un carácter mimado, consentido, egoísta o caprichoso. ¿Son realmente así? En algunos casos estos tópicos se cumplen, pero realmente todo depende del tipo de educación que los niños reciban y de los valores y actitudes que los padres fomenten en ellos.

Unas veces por razones económicas, otras por la incorporación de la mujer al mundo laboral o por el hecho de que las parejas se forman cada vez a edades más maduras, el hecho es que el número de parejas con un solo hijo es cada vez mayor.

Consejos para hijos únicos

Consejos para educar a los hijos únicos

Ser hijo único no conlleva en sí mismo ventajas ni inconvenientes, ya que el resultado dependerá de la educación que el niño reciba de sus progenitores. Se ha escrito mucho sobre los posibles riesgos que corren los hijos únicos por tener la atención y cuidados exclusivos de los adultos de su entorno, ya que esta situación los puede hacer egoístas, inestables y necesitar protección durante toda su vida.

Existen numerosos estudios que demuestran que los hermanos son un factor influyente en la sociabilidad del niño, pero también hay numerosas investigaciones psicológicas que han encontrado hijos únicos geniales y encantadores. Favoreciendo las conductas sociales desde la primera infancia, los hijos únicos no tienen mayores problemas que los hijos de familias numerosas para integrarse en la sociedad con normalidad.

A diferencia de lo que ocurre cuando existen otros hermanos, hasta que comienza la escuela, el hijo único vive en un entorno familiar adulto, por lo que la actitud de los padres influye de manera muy directa

Evidentemente, el gran obstáculo al que se enfrenta el hijo único es la soledad. Los hermanos son, en muchas ocasiones, una válvula de escape para los pequeños. En ellos pueden depositar sus temores y conflictos, con ellos pueden compartir espacios y juegos, y su compañía les permite sentirse cómplices en un mundo ajeno al de los mayores.

Pero no es imprescindible tener hermanos para aprender dichos valores. A falta de hermanos, están sus iguales. Los padres deben evitar que su hogar sea una isla sin comunicación con el mundo externo y que el niño siempre esté rodeado de adultos.

La relación con otros niños es primordial para el hijo único. Hay que procurar que cuanto antes se relacione y comparta con primos y amigos las cosas propias de su edad. Con ello podrá aprender a proponer en vez de a exigir, a tomar decisiones junto a otros de igual edad y a asimilar que unas veces se gana y otras se pierde, a arreglar sus peleas por sí solo.

Si se conocen los riesgos de la soledad, se pueden prevenir. Por ello, hay que enseñarle desde muy pequeño a compartir, a participar en juegos colectivos, a expresar sus opiniones y enfados teniendo en cuenta los sentimientos de los demás etc.

Hay que aprovechar, por tanto, todas las oportunidades posibles para que se relacione con otros niños. Buscar actividades deportivas, lúdicas y sociales para que pueda compartir y competir, y hablarle constantemente sobre los otros niños y los grupos que le rodean. Y, por supuesto, guiarse por el sentido común: darles cariño pero sin protegerlos en exceso y no olvidar que la disciplina ha de estar presente. No es fácil, pero el esfuerzo merece la pena.

Virginia González. Psicóloga y profesora de Educación Infantil.

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