Potenciar los buenos hábitos de la higiene

Cómo crear a nuestros hijos un hábito de higiene

La higiene corporal es muy importante tanto para la salud como para la imagen personal. Crear buenos hábitos de higiene y dominar las destrezas necesarias requiere tiempo y paciencia.  Pero a medida que el niño va siendo capaz de cuidar de sí mismo desarrolla un sentimiento de bienestar e independencia que le proporciona una gran satisfacción.

Potenciar los buenos hábitos de la higiene 

Día tras día

La regularidad y la repetición de las acciones a lo largo de los días le darán al niño puntos de referencia claros. Y a fuerza de asearse nada más levantarse, lavarse siempre las manos antes de las comidas o después de usar el baño, cepillarse los dientes después de comer o bañarse todos los días en la misma franja horaria; el niño interiorizará las secuencias e incorporará su higiene en la rutina diaria.

Estar preparados

La higiene del niño es imprescindible desde que nace, pero de ello al principio lógicamente se encargan los padres. Para que el niño pueda cuidar de sí mismo tiene que saber cómo hacerlo y adquirir previamente muchas destrezas, como por ejemplo abrir y cerrar el grifo para lavarse las manos. Por ello es importante que los padres le acompañen en esta andadura, que le muestren con su ejemplo cómo hacerlo para que el niño pueda imitar sus movimientos, que le expliquen lo que están haciendo y para qué sirve y que no le exijan cosas para las que no está todavía preparado.

Facilitarle las cosas

Además de nuestro ejemplo, hay que proporcionarle el tiempo necesario para que pueda realizar las acciones él sólo y sin presiones -el momento de aseo ha de ser grato- y facilitarle utensilios adecuados y a su alcance. Una pequeña plataforma para que el niño llegue al grifo, un cepillo de dientes adecuado al tamaño de su boca, una toallitas húmedas y papel higiénico siempre disponibles… .Y como no, elogiarlo cuando lo haga correctamente o sin que nosotros se lo hayamos indicado, porque de esta forma estaremos reforzando la conducta adecuada.

Aseados, pero no obsesionados

La higiene personal es fundamental para evitar infecciones y para facilitar la integración social del niño. Pero no se trata de que el niño esté siempre impecable. No podría disfrutar si no haciendo flanes de arena en el parque, ni “churros” con la plastilina, ni pisando los charcos… Se trata de que llegue a automatizar las normas de higiene y que las utilice de forma correcta. Es más, si observamos que es incapaz de usar un baño limpio que no sea el de su casa, que tiene verdadera obsesión por lavarse las manos o la cara y que necesita un orden riguroso en sus cosas, podemos estar ante un cierto carácter obsesivo que tendremos que evitar. Si es así, debemos consultar con un especialista que nos oriente.

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