Los beneficios de la nieve para los niños

El valor pedagógico y lúdico de la nieve

Desde el primer contacto, la nieve suele sorprender a los más pequeños: está fría, moja, es muy blanca... Laurence Vaivre-Douret, profesora  de Psicología del Desarrollo, neuropsicóloga y experta en psicomotricidad, nos ofrece algunas pautas para hacerles descubrir el lado más divertido de la nieve y también el más pedagógico.

Descubrir la nieve a los niños

Entre las preferencias de los niños, tiene un lugar destacado la arena. ¿Puede la nieve competir con ella?

La nieve tiene todas las bazas para conquistar a los niños por las numerosas sensaciones que proporciona: el placer de tocarla, de rodar y rebozarse, de deslizarse... Pero también es fuente de descubrimientos y de aprendizaje. El interés de esta materia radica en su riqueza, en lo completa que resulta: estimula simultáneamente los aspectos cognitivo, psicomotor y emocional.

¿Qué aprende un niño en contacto con la nieve?

¡Muchas cosas! Le ofrece, para empezar, la posibilidad de constatar transformaciones sorprendentes... y apasionantes. Si recoge nieve y la aplasta bien entre las manos, puede hacer una bola dura con la que montar un muñeco. Pero, si la deja un rato entre las manos, verá que la nieve acaba fundiéndose y convirtiéndose en agua.

Mediante estas experiencias, el niño adquiere unas primeras nociones físicas que retomará más adelante, en el colegio: en ese momento, las sensaciones vividas de chiquitín aflorarán a la superficie y le ayudarán a comprender mejor.

Cuando la nieve cubre un paisaje que el niño conoce, un paisaje en el que vive habitualmente, le ayudará a percibir el paso del tiempo, la sucesión de las estaciones. El descubrimiento de la nieve, con todo lo que conlleva, puede complementarse con las explicaciones de los padres, con ciertas palabras clarificadoras: «Está fría, te moja, se deshace, los copos caen… ». Así, el niño amplía su vocabulario.

Y en el aspecto psicomotor, ¿qué aporta al niño el descubrimiento de la nieve?

Después de los 18 meses, un niño habitualmente empieza a andar y a desarrollar habilidades motrices más «finas»: a correr, a pedalear, etc. Caminar sobre la nieve contribuirá a la consolidación del equilibrio y a la soltura psicomotora. La nieve es una base muy distinta al suelo firme, sobre la que es posible deslizarse o hundirse. Sobre esta materia, el niño que empieza a andar pierde todas sus referencias y exige a su cuerpo que se adapte, que encuentre nuevos ajustes posturales.

Y, si intenta lanzar una bola mientras camina o corre, se encontrará con nuevas limitaciones que le llevarán a progresar más todavía.

Las emociones, según usted, también están implicadas...

Claro, porque la nieve se presta a juegos muy variados. Por ejemplo, el juego de las huellas de los pies que el niño va viendo aparecer sobre la nieve blanda. Muchas veces, el niño tiene que volver a empezar para ratificar que el autor de esas huellas es él mismo. Constatar que sus movimientos tienen efectos, que puede tener una acción en el mundo, necesariamente suscita sentimientos en el niño: asombro, orgullo… La contemplación de un paisaje cubierto por el inmenso manto blanco de la nieve puede también suscitar diferentes emociones y, en ocasiones, cierta inquietud. Lo mismo puede decirse de la primera vez que monta en trineo: al deslizarse a toda velocidad, puede sentir una mezcla de miedo (porque no controla el movimiento) y de euforia (derivada de la velocidad, del placer de sentirse llevado así y de notar el aire frío en la cara). Es preferible iniciarlo poco a poco, por ejemplo, deslizando al niño sobre una superficie plana, y, a continuación, montando con él en trineo en una pendiente no muy pronunciada. ¡Quizás así evitaremos una mala experiencia!

 © Revista Popi

Entrevista realizada por Isabelle Gravillon

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