Enseñar a los niños a ser solidarios en Navidad

La Navidad, un buen momento para enseñar valores al niño

La Navidad es un buen momento para hablar con los hijos de la pobreza, de las necesidades de muchos otros niños, para involucrarlos en la responsabilidad de lograr entre todos un mundo mejor. Es un excelente momento para sacarlos del egocentrismo de su edad y llevarlos a imaginarse lo grande que es el mundo y lo pequeños que somos nosotros. Lo pequeña que es la intensidad de su deseo al lado de tantos otros millones de personas.

Educar a los niños en valores. Solidaridad

Cómo enseñar a los niños a ser solidarios

La solidaridad no consiste en pedir dinero a papá o mamá para llevar a una colecta del colegio, sino en sacrificar algo propio: el dinero de los cromos o de los bollos de una semana, el cine de un fin de semana.

Un gesto de este tipo propuesto por los padres y admitido por los hijos es realmente un gesto educativo pues conduce a generar una actitud. Una buena ocasión de promover actitudes solidarias es el momento de escribir la carta a los Reyes Magos: se puede proponer al niño que pida para otro niño con más necesidad algo que le apetecía a él. Otra buena sugerencia es el trueque de juguetes o pedir juguetes para com partir con el hermano, el primo, el amigo...

Transmitir a los niños el espíritu de la Navidad

Desde que son pequeños podemos enseñarles a discernir entre lo que les apetece «en este momento» y lo que es realmente necesario. Sin dejar de reflexionar nosotros mismos: ¿es lógico comprar todo lo que nos piden los niños?, ¿responde a nuestros valores?, ¿realmente podemos colmar de caprichos a los hijos?

Si de verdad queremos comunicar a los niños el espíritu de la Navidad, habría que hablarles de lo que significa ser buen compañero, buen amigo, buena persona. Y de los derechos de los demás, de la dignidad de las personas, de la igualdad, de la paz, del amor al prójimo.

Es momento de dar protagonismo a conceptos como ceder, esperar, cuidar, repartir, ponerse en el lugar del otro, ser cómplice, ser amable, ser educado. Es una buena época para entrenar en la resistencia al cumplimiento de la voluntad in dividual, en la resistencia a la frustración. Para ello es preciso adoptar un estilo educativo basado en la comunicación fl uida, el diálogo, la responsabilidad. Y tener presente lo que es justo o no, lo que es accesorio o necesario, tratando de sacar al niño de su egoísmo y de hacerle ver que, como miembro de una sociedad, de una familia, de un colegio, tiene derechos y deberes.

Educar en el valor de la solidaridad

Se trata, en definitiva, de un modelo educativo alejado del modelo autoritario en el que los padres imponen sus criterios sin tener en cuenta las necesidades del niño, de modo que éste no elabora criterios sino que asume, no adquiere autonomía ni aprende a tomar decisiones.

En el otro extremo se sitúa el modelo permisivo, de padres indulgentes, que no transmiten lo que está bien o mal, que no ponen límites, sólo satisfacen los deseos del niño, de modo que éste no aprende a contro larse, no tolera las frustraciones inherentes a la vi da, no asume responsabilidades y, al menor contratiempo, reacciona con cólera y agresividad.

En el colegio, a menudo tiene problemas al no saber asumir los límites que le ponen los profesores. El modelo ideal, de comunicación en familia, compagina la autoridad basada en el diálogo con el respeto a las características personales del hijo. Lo que significa que padres e hijos son parte activa del proceso educativo. Los padres ponen las normas, explican las consecuencias de los actos y comunican qué esperan de los hijos. Éstos pueden entonces adoptar una postura propia, según sean más o menos generosos y solidarios, pero, al haber sido parte activa en la asunción de la actitud, tienen más posibilidades de fijarla. Lo idóneo es que los padres ofrezcan una imagen de unidad y respeto mutuo en lo que transmiten. Y que cumplan el principio de «educar con el ejemplo», lo que supone que acuerden previamente el tipo de educación que quieren dar y las prioridades, según su escala de valores.

María del Mar García Orgaz. Psicóloga infantil

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