Hábitos de higiene en los niños

Qué debe saber el niño sobre la higiene

A los niños hay que hacerles ver la importancia de la higiene, pero los consejos de nada sirven si no se les explica por qué deben seguirlos y, sobre todo, si no predicamos con el ejemplo.

Hábitos de higiene en los niños

La higiene es básica. No dejamos de decírselo una y otra vez a los niños. Pero nuestras palabras, por muy juiciosas que sean, caerán en saco roto si los pequeños no entienden las razones. Por eso hay que transmitirles el mensaje de la forma más correcta posible. Por ejemplo, haciendo un recorrido por la casa para mostrarles dónde pueden concentrarse los microorganismos que también habitan en ella.

La cocina, un lugar muy expuesto

Es el sitio más visitado por todo el mundo… y uno de los preferidos por los gérmenes y los microbios. Es preciso, por lo tanto, que prestemos especial atención a su limpieza.

LO QUE EL NIÑO DEBE SABER

→ Si quiere ayudarnos a preparar la comida o, simplemente, poner la mesa, hay que recordarle siempre que se lave las manos, sobre todo si acaba de acariciar a su mascota. Nunca es demasiado pronto para explicarle que la mayoría de las infecciones las transmiten los dedos sucios, que pueden contaminar los alimentos y el interior de nuestro cuerpo cuando los ingerimos.
→ Hay que limpiar inmediatamente lo que se mancha: si se derrama un poco de zumo de naranja en la mesa, o quedan migas después de merendar, el pequeño ha de comprender que deben limpiarse lo antes posible para que ningún insecto, portador de microbios indeseables, pueda alimentarse de esos restos de comida.
→ Para conservarse en perfecto estado, ciertos alimentos no pueden estar fuera de la nevera. Hay que pedir al niño, además, que no la deje abierta demasiado tiempo y que limite el número de idas y venidas a ese lugar tentador.
→ Guardar bien los alimentos, retirando los envoltorios, no demasiado limpios a veces, de ciertos productos (estará encantado de colaborar) o envolviendo en papel de aluminio la loncha de jamón que no se ha tomado en la merienda.
→ Usar correctamente el cubo de la basura: si es de pedal, utilizar siempre éste al abrirlo y cerrarlo; si no, lavarse las manos tras cada uso. También debe entender por qué son indispensables las bolsas dentro del cubo: si no fuera por ellas, las bacterias “volarían” por toda la cocina tras cada apertura.
→ Las bacterias tienen tendencia a proliferar en el ambiente. Es preferible, por lo tanto, no beber directamente de una botella o no utilizar el mismo cuchillo para cortar queso y luego untar mantequilla. Para cada alimento hay que usar un cubierto diferente y limpio.

LO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

→ Vigilar estropajos, bayetas y paños: la humedad hace de ellos la “vivienda” ideal de los microbios. Hay que secarlos completamente después de utilizarlos. Las bayetas y los paños deben lavarse con frecuencia y conviene cambiar los estropajos, más o menos, cada mes.
→ Limpiar bien la nevera al menos una vez al mes con agua y algún desinfectante: el frío no mata los microbios.
→ Limpiar cuidadosamente las superficies de trabajo antes y después de cada uso. Algunas bacterias provienen de los propios alimentos. Por ejemplo, el pollo crudo puede contener una bacteria, el campylobacter, que produce diarreas. Es indispensable lavarse las manos antes de preparar los alimentos, pero también al pasar de un alimento a otro.

El cuarto de baño: el reino de la higiene

Entre chapoteos y juegos de agua, uno de los lugares preferidos del niño puede convertirse en el escenario ideal para enseñarle a adquirir una buena higiene personal y colectiva.

LO QUE EL NIÑO DEBE SABER

 → El calor y la humedad del cuarto de baño favorecen el desarrollo de las bacterias. Después de la ducha o el baño, el niño debe acostumbrarse a ventilar el baño (abrir la puerta basta si no hay ventana) para que el vapor desaparezca. Además, la alfombrilla y las toallas mojadas deben quedar extendidas para que se sequen bien.
→ A la vuelta de la guardería, el colegio o el parque, el cuarto de baño es lugar de paso obligatorio para lavarse las manos. Hay que explicarle que en todos esos lugares ha manipulado objetos que no están limpios y que le han ensuciado los dedos, las palmas y las muñecas. Y por eso hay que enseñarle a lavarse en “tres tiempos”, enjabonando sucesivamente esos tres lugares sin olvidar las uñas. Es mejor convencer a las niñas de que se quiten anillos y pulseras al lavarse, porque son “nidos de microbios” que además dificultan la operación.
Es mejor utilizar jabón líquido que la clásica pastilla, porque ésta se contamina mucho más fácilmente.
→ Es importante que el niño aprenda a secarse las manos muy bien, porque toda huella de humedad permite a las bacterias sobrevivir.
→ Último mensaje: a cada uno, lo suyo. Un virus, el molluscum contagiosum, es responsable de una infección de la piel que se transmite por el intercambio de toallas de baño. El niño no debe utilizar la toalla de papá ni el albornoz de mamá ni la esponja de su hermano o hermana. Lo más fácil es elegir colores que se diferencien claramente. La precaución ha de ser aún mayor si alguien de la casa está enfermo.

LO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

→ Aclarar cuidadosamente el lavabo, el bidé o la bañera después de cada uso, y desinfectarlos al menos una vez por semana, insistiendo en los desagües, ya que las bacterias se alojan en esos lugares siempre húmedos.
→ Los aceites corporales y espumas de baño hacen que se deposite una fina capa de residuos en la superficie de las bañeras que favorece la fijación de microbios. Hay que extremar la limpieza en caso de utilizarlos.
→ Las alfombrillas, toallas, esponjas o manoplas de aseo hay que cambiarlas regularmente.
→ Los cepillos de dientes y los de las uñas deben limpiarse y secarse cuidadosamente después de cada uso. No hay que dudar en cambiarlos con frecuencia.

El rincón más particular

El niño, primero, debe aprender a usar solo el inodoro. El siguiente paso es enseñarle a mantenerlo limpio.

LO QUE EL NIÑO DEBE SABER

→ Hay que explicarle que el riesgo de transmisión de microbios es máximo en ese espacio mínimo
→ Hay que pedirle, si es demasiado pequeño, que nos avise cada vez que lo utilice para que lo limpiemos y enseñarle cuanto antes el manejo de la cisterna.
→ Hay que recordarle que es indispensable lavarse las manos inmediatamente después de usarlo.

LO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

→ Mantener brillante la taza y sus alrededores: ¡hay que pensar hasta en el pomo de la puerta! (por delante, por arriba, por debajo, la tapa, la cisterna…).

Su habitación: un lugar que debe aprender a cuidar

Es su “escondite”, el sitio donde está realmente “en casa”, entre sus cosas. Debe aprender a conservar ese espacio propio en condiciones. Basta con algunas ideas simples y sanas.

LO QUE EL NIÑO DEBE SABER

→ Tanto en verano como en invierno, es preciso ventilarla, abriendo las ventanas como mínimo 10 minutos al día, para eliminar la humedad acumulada durante la noche.
→ Enseñarle a ventilar su cama: sacudiendo sábanas, colchas y edredones se expulsa a los ácaros, esos “monstruitos” que tiene el polvo y que producen alergias.
→ La cartera, la bolsa de la piscina, las deportivas:… hay que insistir en que no tire sobre la cama sus cosas de cualquier manera, y más las que han estado en contacto con el suelo. También hay que impedir, en la medida de lo posible, las idas y venidas de los animales de compañía.
→ Convencerle de que no deje su ropa tirada por el suelo, y de que no haga con ella montoncitos en los que se acumularían las bacterias.
→ Implicarle en la limpieza de sus juguetes: dispersarlos juntos en la bañera, limpiarlos bien, aclararlos con agua caliente y luego secarlos con cuidado.

LO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

Limpiar el polvo regularmente. Evitar en lo posible la escoba, que deja aproximadamente un tercio del polvo en suspensión. Es mejor utilizar una aspiradora con filtros eficaces, acompañada de una limpieza húmeda de las superficies.
→ Limpiar el colchón y la almohada cada cierto tiempo y tomar medidas antiácaros si el niño es alérgico.
Disponer lugares herméticos para guardar cada tipo de juego. Así se limitarán los “nidos de polvo”. 
→ Utilizar revestimientos de suelo plastificados que se puedan limpiar y desinfectar fácilmente.

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