juegos para niños

20 actividades de estimulación para niños

Jugar con los objetos cotidianos, cantar canciones infantiles, contar cuentos, jugar fuera o dentro de casa… Esta guía contiene 20 actividades de estimulación bien detalladas para uso de padres, niñeras y abuelos.

20 actividades de estimulación para los más pequeños

1. Cantar canciones infantiles

Las canciones infantiles suelen ser cortas, rítmicas y, a menudo, rimadas. ¡Por eso gustan tanto a los niños! Puedes cantarlas tú mismo con la ayuda de un CD. Para cantar canciones infantiles no se necesita ningún material y todos conocemos al menos una (por ejemplo, Debajo de un botón). Otra ventaja de esta actividad es que se puede practicar en cualquier lugar: de paseo, en el coche…

¿Qué estimula en el niño?

Cantar con tu hijo, o al menos para él, es un modo de compartir un tiempo juntos y de comunicaros. También ayuda a estimular el lenguaje de forma lúdica: el pequeño escucha, memoriza la musicalidad de las frases y se divierte oyendo la rima. También desarrolla el vocabulario al intentar repetir las palabras y las frases. Y si acompañas la canción con gestos, imitando algunas acciones, ¡todavía mejor!

Algunas sugerencias de canciones infantiles

Debajo de un botón, ton, ton Que encontró Martín, tin, tin Había un ratón, ton ,ton, Ay, que chiquitín, tin, tin.

Ay que chiquitín, tin, tin era aquel ratón, ton, ton que encontró Martín, tin, tin debajo de un botón, ton, ton.

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Caracol, col, col saca tus cuernos al sol que tu padre y tu madre ya los sacó. 

Chocolate, molinillo, corre, corre que te pillo, correrás, correrás pero no me pillarás.

2. Jugar en el cajón de arena

Los cajones de arena, sobre todos los de los parques y jardines de uso colectivo, tienen muy mala fama. Muchas madres los consideran insalubres y nos les gusta que los niños se ensucien de arena. Sin embargo, casi todos los niños los adoran: en un cajón de arena se pueden dibujar formas, cavar, modelar, construir, tocar, manipular y trasvasar.

¿Qué descubren los pequeños jugando en un cajón de arena?

En primer lugar, la arena permite al niño descubrir una textura nueva. En verano, disfrutará añadiendo agua y mezclándola. Así comprobará que una textura puede transformarse. Al jugar con la arena, también aprende a llenar y a vaciar (el cubo, los moldes, el tamiz…). Cuando dibuja o construye algo, tu hijo se vale de su imaginación, estimula su creatividad. Al observar a los otros niños, desarrolla su capacidad de imitación: es muy probable que quiera hacer el mismo castillo, el mismo hoyo o la misma carretera que su compañero de al lado. El uso del cubo, la pala y el rastrillo le permite manipular objetos, mejorar el control de determinados movimientos. Por último, el cajón de arena es un lugar estupendo para convertirse en un ser sociable: el niño aprende a compartir el espacio, la pala y el rastrillo, a no destruir el castillo del vecino, a superar la frustración cuando le destruyen el suyo…En resumen, los pequeños aprenden a vivir juntos. Y, a veces, es aquí donde se hacen los primeros amigos.

Precauciones a tomar

El cajón de arena no es una niñera de sustitución: mientras juega en él, el niño tiene que estar vigilado. A su edad, todavía se mete todo en la boca. Por eso hay que estar cerca para decirle que la arena no se come o para actuar rápidamente si el mal ya está hecho. Y para evitar los lanzamientos de arena, tan frecuentes. También es importante acompañar al bebé en su aprendizaje de cómo “vivir juntos” y enseñarle a manejar los conflictos. Por último, no hay que olvidar lavarle las manos antes de volver a casa o de que meriende en el parque.

3. Objetos escondidos

En este juego, hay que esconder un objeto pequeño, mejor si le resulta familiar, para que el niño pueda identificarlo fácilmente. El pequeño tiene que ir a buscarlo y orientarse gracias a tus indicaciones: “Mira debajo de la silla”, “¿has mirado debajo del cojín?”. Entonces tu hijo se convierte en un pequeño explorador. Felicítale cuando encuentre el objeto. El juego no debe durar más de diez minutos para que el pequeño pueda mantener la atención y no se desanime. También puedes dejar que sobresalga una parte del objeto para que sea más accesible.

¿Qué le aporta esta actividad?

El juego de los objetos escondidos ejercita la memoria de tu hijo. Cuando encuentre lo que has escondido, se dirá: “Sí, es el objeto que me han enseñado antes”. Este juego también le permite empezar a conceptualizar: aprenderá que lo que no está visible existe de todos modos. A los más tímidos, les ayudará a coger confianza en sí mismos, a atreverse a explorar, y también a desdramatizar la desaparición visual y, por extensión, la separación, ya que al final del juego el objeto reaparece. Para los más lanzados, este juego saciará su sed de descubrimientos y canalizará su energía: tendrán que prestar atención para poder seguir tus indicaciones. Las nociones de derecha e izquierda no se adquieren hasta más adelante, cuando están en Educación Infantil. Las indicaciones que le des, como “debajo”, “encima”, “al lado”, “más lejos”, le permitirán empezar a situarse en el espacio y, al mismo tiempo, enriquecer su vocabulario.

Variante

También puedes esconder el objeto en la más pequeña de una serie de cajas que se encajan o envolverlo en tres o cuatro capas de papel. Al abrir y cerrar las cajas o al desplegar los papeles, tu hijo trabajará la motricidad fina de sus dedos. Y qué recompensa, después de tantos esfuerzos: ¡encontrar el tesoro!

4. Juego infantil los cubos

Apilar y alinear también implica destruir. Hacer y luego deshacer… El juego de los cubos gusta a todos los bebés. Los hay de madera, plástico y tela. Es el primer juego de construcción de tu hijo.

¿Qué le aporta esta actividad?

Los cubos desarrollan la motricidad fina: el pequeño tiene que colocar unos encima de otros de forma precisa, sin que se caigan. ¡Y eso ya es un desafío! Además tendrá que controlar su frustración cuando la construcción no esté a la altura de sus expectativas, cuando el último cubo haga caer la torre. Los cubos también estimulan su imaginación y su creatividad. Cuando los pone en fila, forman un tren; si los dispone en zigzag, se convierten en una serpiente y si dibuja con ellos una cruz, ya tiene un muñeco.

Variante

Los cubos acoplables se pueden apilar hacia arriba o encajar unos dentro de otros. Con ellos, el niño aprende poco a poco a clasificar por orden y tamaño, de menor a mayor y de mayor a menor.

5. El juego de las parejas

El objetivo de este juego es enseñar al niño a asociar dos objetos idénticos. La actividad se puede llevar a cabo con varios pares de calcetines, por ejemplo. Escógelos de colores distintos, mézclalos y extiéndelos de forma bien visible. Dale uno a tu hijo y pídele que busque la pareja.

¿Qué le aporta esta actividad?

Tu hijo aprende de forma lúdica a clasificar, organizar y, más adelante, a ordenar. Si escoges calcetines de colores muy variados, lo iniciarás en la gama cromática. Además de ser una actividad lúdica y de estimulación para el bebé, puede ayudar a que esta tarea doméstica sea menos aburrida.

Variante

Existen otros muchos juegos de asociación. Por ejemplo, puedes pedirle que clasifique objetos por su tamaño o por su color. Así, tu hijo aprenderá a diferenciar entre pequeño y grande y sabrá escoger un objeto por su color. Otra posibilidad es hacerse con unas imágenes de los animales de la granja y pedirle que junte a la madre y la cría de cada especie: el pollo con la gallina, el ternero con la vaca… Además de asociar dos elementos, descubrirá un entorno distinto al suyo y enriquecerá su vocabulario.

6. La plastilina

Amasar, triturar, modelar, construir, deformar… La plastilina no está reservada a los niños “mayores” de más de tres años. Esta actividad también es apta para los más pequeños, aunque el resultado estético esté lejos de la perfección.

¿Qué le aporta esta actividad?

Al amasar la plastilina, el niño descubre una nueva textura y desarrolla la motricidad fina. Enséñale que se pueden obtener formas distintas con el mismo material. Haz bolas o churros, formas muy simples que pueda reproducir. Así ejercitará su capacidad de imitación. Y al mezclar las barras de diferentes colores, creará otros nuevos. Además, la plastilina también estimulará su creatividad e imaginación. Sin olvidar el poder “calmante” de la plastilina: ¡triturar relaja!

¿La plastilina es comestible?

Algunos padres tienen miedo de dejar que su bebé juegue con plastilina porque todavía se meten todo en la boca. Aunque la mayoría de las plastilinas que se venden no son tóxicas, no se pueden ingerir. Para evitar riesgos, compra una plastilina comestible, hay marcas que las fabrican. También puedes prepararla tú mismo mezclando 2 vasos de harina, 1 vaso de agua y ½ vaso de sal. O simplemente utiliza miga de pan. Le faltará color, pero no será peligrosa para el bebé. Independientemente del tipo de plastilina que escojas, no dejes al niño solo mientras realiza esta actividad.

7. Leer cuentos

Puedes empezar a leer cuentos cortos a tu hijo desde los 12 meses, aunque no entienda el sentido de todas las palabras. Lo que importa a esta edad es la musicalidad de las palabras más que su significado.

¿Por qué a los bebés les gustan las historias?

Para empezar, la lectura es un momento único que compartes con tu hijo. Lo sientas en tus rodillas, es algo reconfortante, le expresas tu cariño, te comunicas con él. El sonido de las palabras, lo que se llama su musicalidad, hace que tu bebé reaccione: balbucea y gesticula en respuesta a tu lectura. Y también almacena todas esas palabras para más adelante. Escoge cuentos sencillos con situaciones y personajes que le sean familiares: la casa, papá, mamá… Generalmente, al bebé le gusta que le lean siempre los mismos libros. En el futuro, cuando atraviese por determinadas situaciones, los cuentos le confortarán: ¡no es el único que las vive!

8. Los puzles de encajar piezas

Antes de resolver los puzles de los “mayores”, tu pequeño puede jugar con unos puzles, que suelen ser de madera, en los que se encajan las piezas. Sobre todo, deja que busque solo el lugar donde va cada pieza: tiene que encontrarlo él. Y felicítalo cuando lo consiga.

¿Por qué es un juego interesante para mi hijo?

Los puzles de encajar desarrollan la motricidad fina. Hay que encontrar el lugar adecuado y, además, encajar bien la pieza. Puede que el bebé localice fácilmente el lugar donde colocarlo, pero necesitará varios intentos antes de lograr encajarlo correctamente. Así adquirirá paciencia y perseverancia, además de mejorar su concentración. ¡Y la satisfacción del triunfo será aún mayor! También aprenderá a reflexionar: más adelante podrá encajar directamente una pieza en su lugar. Ofrécele puzles adecuados para su edad y ve aumentando la dificultad poco a poco.

Variante

También puedes coger cinco botellas de plástico vacías y de diferentes tamaños. Pide a tu hijo que busque los tapones correspondientes y que los enrosque. Para los más pequeños, puedes utilizar frascos o tarros de mermelada. Enroscar los tapones o las tapaderas estimulará su motricidad fina.

9. Pintar con los dedos

Aunque tu bebé todavía sea muy pequeño para sujetar un pincel, no tiene por qué renunciar al placer de la pintura… ¡puede pintar con los dedos! Escoge una pintura líquida, que se lave bien. Se vende en botellas pequeñas. Echa un poco de cada color en unos platitos de cartón. Coge la mano del niño, moja su índice en un color y pon su dedo sobre una hoja de papel. Puedes dibujar con él un simple punto, una raya o un círculo. Luego es mejor dejar que exprese su creatividad.

Después enséñale que se pueden mezclar los colores metiendo el dedo sucesivamente en varios colores. Una figura clásica es la de la huella de la mano, que se convertirá en un bonito recuerdo cuando sea mayor.

Antes de realizar esta actividad, hay que asumir que el niño se va a ensuciar y conviene proteger el soporte sobre el que va a pintar.

¿Qué le aporta esta actividad?

Para empezar, esta actividad desarrolla su imaginación, su creatividad y su habilidad. Gracias a ella, disociará sus dedos y, poco a poco, logrará separar el índice de los demás dedos, mejorando así su motricidad fina. También descubrirá la textura, inusual, de la pintura. Para enriquecer su vocabulario, indícale el nombre de cada color en el que le introduces el dedo. Al terminar, expón sus obras en la pared, en la nevera… Tu hijo se sentirá valorado y, si lo desea, podrá regalar sus pinturas a los abuelos.

Variante

Si no tienes pintura, extiende un poco de harina sobre la mesa y enseña a tu hijo a dibujar formas con el índice. También se puede hacer en un cristal empañado o en el espejo, al salir del baño. Más adelante, para mejorar su agarre (la forma en que coge y sujeta los objetos), y antes de darle unos pinceles, puedes dejarle pintar con un trozo de patata pinchada en un tenedor. También se venden esponjas y minirrodillos especiales para los niños.

10. Los frasquitos de especias

Seguro que en casa tienes frascos de especias y de otros productos alimenticios: canela, vainilla, nuez moscada, clavos, chocolate, café, cáscara de naranja o, algunas veces, de plantas aromáticas: hierbabuena, albahaca, cebollino, romero, laurel… Abre los frascos uno a uno y dáselos a oler al niño. Aspira el aroma con él y di lo que sientes: “¡Qué bien huele!”, “Esto huele mal”. Acompaña la frase con una mueca, una sonrisa… para que el niño pueda darle un sentido a tus palabras.

¿Qué le aporta esta actividad?

Tu hijo descubrirá que existen diferentes olores, los apreciará o los rechazará, porque ya empieza a formar su gusto. Al indicarle lo que hueles y lo que sientes, enriquecerás su vocabulario, verbalizarás sus emociones. Poco a poco, él también expresará sus gustos y emociones con palabras.

Cuando sea un poco mayor, podrás jugar con él a memorizar los olores. Véndale los ojos y dale a oler los mismos frascos de especias y de otros productos para ver si los identifica, y pídele que diga si su aroma le resulta agradable o no.

11. Las maracas

Guarda cinco botellas de plástico vacías, a poder ser transparentes. Llénalas de legumbres secas (lentejas, garbanzos…), de sémola (tapioca o perlas de tapioca), avellanas, coditos de pasta o azúcar. Lo importante es tener en cada botella ingredientes que produzcan un sonido diferente al agitarla. Cierra bien las botellas o pon un poquito de pegamento en el interior del tapón. Agítalas o e invita a tu hijo a hacer lo mismo (por eso es importante escoger botellas pequeñas, que el bebé pueda sujetar bien). Por último, agitad las botellas los dos a la vez. ¡Vaya miniconcierto!

¿Por qué es interesante esta actividad?

Tu hijo descubre que se pueden producir sonidos diferentes. Y se da cuenta de las consecuencias de sus gestos: agito, y se produce un ruido. Al coger la botella con la mano y moverla, mejorará el agarre de los objetos y su motricidad. Y al querer imitarte, desarrollará su capacidad de emulación. Además, es un momento de complicidad entre los dos.

Variante

También puedes poner boca abajo varias cacerolas de tamaños diferentes, La actividad será más ruidosa. Golpea cada cacerola con una cuchara de madera, una a una, para obtener un sonido diferente caza vez. Luego pide a tu hijo que te imite.

12. El juego del espejo

Poneos los dos delante de un espejo. Señálate con el dedo y di “mamá” o “papá”. Haz lo mismo señalando a tu bebé y di su nombre. Luego señala tu nariz y di “nariz”. Repite lo mismo señalando la nariz de tu hijo. Puedes continuar señalando varias partes del cuerpo. Si ves que el pequeño muestra interés, pídele que se señale la nariz y otras partes del cuerpo que hayáis repasado anteriormente.

¿Qué le aporta esta actividad?

A menudo, los niños se sorprenden al verse reflejados en el espejo y se preguntan quién es ese “otro yo”. Con esta actividad, el bebé se apropia de su imagen poco a poco. Además, le permite enriquecer su capacidad de comprensión y su vocabulario, y aprender el nombre de algunas partes del cuerpo.

Cuando sea un poco más mayor

Del mismo modo, delante del espejo, puedes pedirle a tu hijo que levante una pierna, que saque la lengua o que se toque la barriga. Así empezará a familiarizarse con la ejecución de una instrucción de una forma lúdica y mejorará la coordinación.

13. Las pompas de jabón

A los niños les encantan las pompas de jabón. Les gusta ver cómo ascienden por el aire y perseguirlas para hacerlas estallar. Durante esta actividad, haz pompas de diferentes tamaños. Para ello, tienes que utilizar un frasco con una varita que tenga varios agujeros. Di a tu hijo que corra detrás de ellas e intente atraparlas o aplastarlas con el pie.

¿Qué le aporta esta actividad?

Favorece la coordinación entre el ojo del pequeño (veo la pompa) y su mano (la toco). Al correr detrás de las pompas, desarrolla su motricidad de manera global. Esta actividad también le ayudará a entender el espacio y a saber situarse en él. Algunos niños brincan por toda la casa y se quedan quietos como estatuas en cuanto salen al exterior porque no saben cómo ubicarse en ese espacio tan grande. Al ver las pompas, poco a poco irán dejándose llevar y el placer de perseguirlas podrá más que el miedo. Si haces pompas de tamaños diferentes, califícalas: “¡Oh, que pompa tan grande!”, “mira esta qué pequeñita es”. Al enseñarle cómo hacer pompas, tu hijo aprende a soplar y a concentrarse. Y al hacerlas estallar o al aplastarlas, empieza a comprender la noción de causa y efecto.

Pequeños trucos

Cuando se acabe el frasco, rellénalo con un tercio de líquido lavavajillas y dos tercios de agua. También puedes hacer pompas en el baño de forma muy simple, utilizando un frasco de champú lleno de agua jabonosa. Agítalo y luego presiónalo para que salgan pequeñas pompas.

14. Las marionetas de dedo

Dibuja una cara muy sencilla (ojos, nariz y boca) en la yema de cada dedo. Luego mueve los dedos alternativamente. Puedes poner nombre a los personajes y, si te apetece, cuéntale una historia a tu hijo. A continuación, dibuja los mismos muñecos en la yema de los dedos de tu hijo. Si el niño quiere, acerca uno de tus dedos, por ejemplo el índice, hacia su mano y presenta a tu muñeco iniciando una conversación: “Hola, soy Martín. ¿Tú cómo te llamas? ¿Quieres jugar conmigo?”. Mueve los dedos doblándolos uno a uno, dibujando pequeños círculos o cerrando y abriendo la mano rápidamente. Tu hijo intentará imitarte. También puedes simplificar la actividad limitándote a cantar “Cinco lobitos tenía la loba”. Los muñecos harán que la canción sea más divertida.

¿Qué le aporta esta actividad?

Las marionetas de dedo favorecen la motricidad de tu hijo y más concretamente la movilidad de unos dedos con respecto a otros (especialmente cuando intenta moverlos de uno en uno). Esta actividad también ejercita la motricidad de su muñeca y su imaginación, y desarrolla su capacidad de imitación. Por último, le permite disfrutar de un tiempo compartido contigo.

Variantes

En lugar de dibujar muñecos, colorea con rotulador cada uno de tus dedos y de los del niño de un color diferente. Pídele que mueva el azul, luego el verde, luego el rojo y así sucesivamente. De este modo, el bebé se iniciará en los colores. En las jugueterías se venden marionetas de dedo, generalmente de animales. Cuando el niño sea un poco mayor, también podrás fabricar con él sus propias marionetas, por ejemplo de cartón.

15. Construir una tienda de campaña

Puedes construir fácilmente una cabaña para tu hijo sin necesidad de tener un material específico. Extiende una sábana entre dos sillas o un mantel muy grande en una mesa. Reúne juguetes, peluches y una manta y entra dentro con tu bebé. Gracias a los objetos familiares que le dan seguridad, tu hijo se quedará encantado en la cabaña, su nuevo refugio. También puedes jugar al escondite pasando por delante de la cabaña y haciendo como que no ves al pequeño explorador. De pronto lo descubres y dices: “¡Cucú!”.

¿Qué interés tiene esta actividad para el niño?

Al pequeño le encantará su guarida, un lugar donde se sentirá protegido y seguro. Explorará su nuevo escondite y puede que eso le ayude a quedarse un rato solo (aunque tú no estés nunca muy lejos). Al entrar y salir de la cabaña, tu hijo ejercitará su sentido de la orientación. Más adelante, inventará historias en su interior, lo que estimulará su imaginación.

Hay comercios especializados en tiendas pop up que se pliegan y se despliegan en un santiamén. Son compactas y muy fáciles de guardar. También existen túneles pup up. Tienen la ventaja de desarrollar la motricidad del pequeño, que se divertirá deambulando de una punta a otra.

16. Un juego de pelota

Siéntate en el suelo y di a tu pequeño que se siente frente a ti. Abre un poco las piernas para delimitar el terreno de juego. Haz rodar una pelota pequeña hacia el niño, que intentará cogerla, y pídele que te la devuelva. Ve aumentando poco a poco la distancia entre el niño y tú.

¿Qué interés tiene esta actividad para el niño?

Al intentar coger la pelota, tu hijo mejora su capacidad de agarre, es decir, la forma en que coge los objetos. Y al lanzar la pelota, aprende a apuntar. En los dos casos, trabajará la coordinación entre el ojo y la mano. También se familiarizará con la noción del espacio y valorará ese momento de intercambio contigo.

Variante

Utiliza unos bolos de tela para enseñarle a apuntar. Muéstrale cómo derribar los bolos con una pelota de tela y anímale a que lo haga él también. Igual que ocurre con la pelota, desarrollará su coordinación ojo-mano pero, además, tendrá que mantener el equilibrio cuando lance la pelota. Jugad por turno, así tu hijo descubrirá que para compartir, hay que saber esperar.

17. Los juegos para el baño

A la hora del baño, dale a tu hijo algunos utensilios simples, como tazones irrompibles, que pueda manipular a su antojo. Enséñale cómo llenarlos, cómo vaciarlos, cómo pasar agua de uno a otro. También le puedes dar una botella de plástico vacía para que la llene. Enséñale cómo se sale el agua cuando le das la vuelta y cómo deja de caer cuando la enderezas. Con un colador o con una regadera de juguete, el agua saldrá por muchos agujeros, como si fuera lluvia. El agua también puede atravesar un guante de baño.

¿Qué le aporta esta actividad?

Con estos juegos para el baño, el pequeño descubre el agua de forma menos pasiva que cuando lo aseas. Pueden ayudarle a comprender mejor este elemento, que tal vez le produzca miedo cuando descubra el mar o la piscina. Mojarse con una regadera de juguete le prepara para el uso de la alcachofa de la ducha. Con los utensilios irrompibles, aprende a vaciar, a rellenar y a trasvasar. Y toma conciencia de que existe un continente y un contenido.

18. Realizar un recorrido

Si tu hijo ya anda y se siente cada vez más seguro, constrúyele un recorrido pegando en el suelo hojas de papel de diferentes colores. Dile que camine pisando las hojas. Lo más fácil es enseñárselo una vez y luego guiarlo por el recorrido. Colócate detrás de él y cógele las manos. Si lo prefieres, en las tiendas venden adhesivos en forma de pisada que se pegan en el suelo. El niño intentará colocar el pie sobre la huella.

¿Qué le aporta esta actividad?

A lo largo de esta actividad, tu hijo mejorará su motricidad global y reforzará la desenvoltura al caminar y el equilibrio. Ten en cuenta su desarrollo psicomotor, sus capacidades y sus temores para que no fracase en su intento. Al indicar al niño que tiene que poner el pie en la hoja roja, verde, amarilla o azul, también aprenderá los colores. Otra posibilidad es ayudarle a descubrir diferentes texturas (pieles, moqueta…) dejándole que camine descalzo.

Variante

A los bebés les encanta trepar. Para satisfacer esta necesidad sin peligro, prepara un recorrido con cojines grandes. Si tienes un taburete para niño, haz que se suba a él y salte a tus brazos. A los más pequeños también les encantan las escaleras. Primero las suben a cuatro patas, luego erguidos, apoyando los dos pies en cada peldaño. Más adelante, consiguen subir las escaleras colocando un pie en cada peldaño. Es imprescindible que el pequeño realice estas actividades bajo la atenta mirada de un adulto.

19. Los diccionarios temáticos ilustrados

Los diccionarios temáticos ilustrados están pensados para ayudar a enriquecer el vocabulario de tu hijo. Le permiten asociar la imagen de un objeto, un personaje o un animal (conocido o desconocido) con una palabra. También le descubren otros entornos, otros universos diferentes al de su casa y la guardería. Así el niño puede comprender, por ejemplo, que existe un lugar que se llama zoo donde hay todo tipo de animales.

Dossier realizado por Olivia Blondy en colaboración con Laurence Bismuth, enfermera puericultora.

20. El juego de las texturas

Selecciona cinco recipientes transparentes, si es posible del mismo tamaño y lo suficientemente anchos para que quepa la mano (frascos de mermelada, por ejemplo). Llénalos hasta la mitad con distintos ingredientes que tengas en la cocina, como arroz, pasta, harina, azúcar y, por último, agua. También puedes utilizar guisantes, lentejas, sémola, alubias… Coloca los cinco frascos delante de ti, en una mesa, y mete la mano de tu hijo en cada uno de los ingredientes, uno por uno. Termina con el agua. Acompaña la mano del niño, eso le dará seguridad y evitarás salpicaduras.

¿Qué le aporta esta actividad?

Con esta actividad, tu hijo aprende a distinguir las diferentes texturas y consistencias y desarrolla su sentido del tacto. También disfruta al percibir el olor suave de la harina, descubre que los granitos de azúcar rascan la mano, nota que la pasta es dura y fácil de agarrar… Al finalizar la actividad con el recipiente que contiene agua, nota la diferencia entre el sólido y el líquido. Es importante verbalizar las sensaciones para enriquecer su vocabulario: “suave”, “duro”, “rasposo”, “mojado”…

Variante

Al final de la actividad, mezcla un poco de agua y harina, por ejemplo. Así, el niño descubrirá una materia nueva con una consistencia diferente. Comprenderá que se pueden mezclar dos materias para obtener una tercera. Haz una bola con la mezcla de harina y agua para que el pequeño la amase, la modele y desarrolle así su motricidad fina. Si va a jugar con la masa de harina, instálalo en una mesa protegida con un hule y ponle un delantal.

 

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