Evolución del sueño en la infancia

Cómo evoluciona el sueño de los niños entre los 3 y los 6 años

Entre los 3 y los 6 años, se abre una nueva etapa en el terreno del sueño. Empezando por la siesta, que a los 3 años ya no se duerme en todos los colegios. Nuevos retos para los padres… Clara, mamá de Julio (4 años), se pregunta: «Ya no duerme la siesta en el cole. ¿Bastarán las nue ve horas de sueño de la noche?». Porque, como asegura la pediatra especialista en el sueño Marie-Josèphe Challamel, la falta de sueño repercute en el humor, el comportamiento y el aprendizaje de los niños.

El fin de la siesta a partir de los 3 años

El fin de la siesta en torno a los 4 años marca un hito. La doctora Rosa Jové, psiquiatra infantil y autora de Dormir sin lágrimas (La Esfera de los Libros), pone el ejemplo de un niño de 3 años que duerme diez horas y dos más de siesta. Suprimida ésta, dormirá unas once horas por la noche. El fin de la siesta a veces provoca, temporalmente, el encadenamiento nocturno de dos ciclos de sueño lento que pueden fa vorecer la apa rición de terrores nocturnos, sonam bulismo, enuresis… trastornos que desaparecen pasada esta etapa.

Pero se pueden tener más de 4 años y se guir necesitando una siesta el fin de semana. Para saberlo, Marie-Josèphe Challamel aconseja observar al niño: si sobre las cinco o las seis de la tarde, se muestra agresivo, caprichoso o muy agitado, es que necesita la siesta.

Padres y madres: ¡hay que relajarse!

El periodo de los 3 a los 6 años coincide, además, con la fase de los primeros aprendizajes y de la consolidación del lenguaje hablado. El niño se expresa mejor y, por tanto, comunica mejor sus angustias, sus miedos… sobre todo a la hora de irse a la cama. Los padres tienen que convertirse en expertos negociadores para lograr que su hijo se meta en la cama, permanezca en su cuarto… ¡o ambas cosas a la vez!

Hay soluciones para todos estos problemas pero Rosa Jové insiste en la importancia de que los padres se relajen: para empezar, porque la necesidad de dormir varía de un niño a otro (entre ocho y doce horas para los niños de entre 3 y 6 años), lo mismo que de un adulto a otro. Y porque, además, el sueño es un proceso evolutivo y, como otros aprendizajes, se adquiere con el paso del tiempo. La doctora Jové explica que, igual que decimos a un niño «¡Ya andas como un mayor!», deberíamos decirle «¡Ya duermes como un mayor!» pero nunca lo hacemos.

Claro que siempre hay alrededor niños perfectos que se hacen en un pispás a la nueva situación, nunca se levantan una vez en la cama y duermen hasta las 9 el sábado. Ejemplos que pesan a los padres agotados por las noches sin pegar ojo. Habría que saber si la situación es tan idílica como cuentan esos padres y, ante todo, recordar que, poco a poco, las cosas se arreglarán. !Y que, con los años, llegará un día en que, por el contrario, nos cueste sacarlos de la cama!

Padres agotados: ¿cómo recuperarse?

No resulta fácil mantener el tipo en el trabajo cuando se duerme a trompicones desde hace meses. La doctora Jové opina que el problema no son los niños, sino los horarios de las empresas, que no están adaptados. Harían falta nuevas leyes que contemplasen esta necesidad. Y, entretanto, ¿qué hacer? Una siesta de unos 20 minutos al principio de la tarde puede ayudar. Cada vez más empresas habilitan espacios para el descanso. También es posible repartirse la gestión de los problemas nocturnos entre los dos miembros de la pareja, de manera que puedan dormir sin interrupciones una noche de cada dos.

Por último, cuando sea posible, se puede confiar el niño a los abuelos para tener el fin de semana para reponer sueño. Esta medida ayuda al descanso y beneficia a la pareja, a veces desestabilizada por el cansancio.

Cuando dormir se convierte en una pesadilla

¿Qué hacer cuando la noche se convierte en un momento crítico? Marie-Josèphe Challamel ofrece algunas ideas.

Carlos, de 5 años, se niega a dormir: la arma todas las noches y no «cae» antes de las 22 h. La pediatra aconseja establecer, inmediatamente, una hora fija para irse a la cama. Y evitar que los fines de semana se acueste y se levante más tarde para que no se altere el ritmo. Para llegar a una hora razonable, con vie ne ir paso a paso: las 22 h al principio; las 21.55 el fin de semana siguiente; las 21.50 el otro… Es importante asociar la habitación con el sueño. Por lo tanto, nada de pantallas, juegos o iluminación excesiva.

Inés, de 6 años, se mete a menudo en la cama de sus padres. La pediatra aconseja devolverla a su us padres. cama siempre, por agotador que sea para los pa - dres. Una propuesta: darle 7 fichas al inicio de la se mana. Por cada incursión nocturna, ten drá que entregar una. Si el domingo tiene las 7, se le puede pro poner hacer juntos algo que le guste mucho. Es te recurso funciona bien entre los 3 y los 6 años. Pero, si el problema persiste, hay que ver si subyace un problema de ansiedad y su posible causa.

No sabe dormirse solo: Eva, de 3 años, tiene horribles llantinas si papá o mamá no está con ella hasta que se duerme del todo. La pediatra aconseja dar tiempo suficiente al ritual previo al sueño para que el niño pueda hacerse a la idea: leer un cuento, hacerle los mimos de antes de dor mir... y advertirle siempre: «Voy a irme antes de que te duermas».

Terrores nocturnos. Un grito despierta cada noche errores nocturnos a los padres de Sergio, de 3 años, que sufre terrores nocturnos. La pediatra re cuerda que sobrevienen en las tres primeras horas, en la fase de sueño lento-profundo. El niño grita, suda y tiene los ojos abiertos. Le ocurre a cerca del 15 % de los niños. Es inútil despertarlo. Mejor acostarlo con cui dado. A veces el trastorno se debe a irregu la ri da des en los ritmos o a una falta de sueño. Con viene cerciorarse de que duerme lo suficiente.

Joséphine Lebard

 

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