Tren Medieval a Sigüenza para familias
24/05/2013

Los tics son movimientos motores o producciones fónicas involuntarios, repentinos, repetitivos, de corta duración, no rítmicos y estereotipados. La persona afectada los experimenta como irresistibles, si bien es cierto que los puede suprimir durante segundos, minutos e incluso horas. Sin embargo, cuanto más prolongada es esa supresión, mayor es la probabilidad de que luego se produzca una descarga de tics. El porcentaje de niños que han tenido tics en algún momento de su vida es de entre el 16 y el 25%.
Se pueden distinguir varias clases de tics: - motores simples (guiños, muecas, sacudidas...) - motores complejos (saltos, golpearse...) - fónicos simples (sorber por la nariz, aclararse la garganta, gruñir) - fónicos complejos (ecolalia o repetición de la última palabra o frase que se acaba de pronunciar o de oír; coprolalia o abuso de palabras malsonantes...), - sensoriales (sensación de cosquilleo, presión...)
Conviene saber que existe una variedad de movimientos que pueden ser confundidos con tics. Pero los tics tienen características propias distintivas: la involuntariedad, su carácter repentino, la rapidez, la reiteración, la variabilidad, la ausencia de ritmo, la desaparición durante el periodo de sueño y la capacidad de la persona de reproducirlos o suprimirlos deliberadamente. Se calcula que los tics se reducen en la adolescencia en un 30% de los casos y durante la vida adulta en la mayoría. Suelen remitir en aproximadamente el 46% de los casos; mejorar en el 44% y empeorar o no experimentar cambios en el 10%. Es frecuente encontrar otros problemas asociados que deben tenerse en cuenta: síntomas obsesivo- compulsivos, dificultades de aprendizaje, inestabili-dad emocional, irritabilidad, agresividad, ansiedad elevada, fobias, ansiedad por separación y depresión. Asimismo la confluencia de otros factores puede agravar los tics: la ansiedad, el enfado, la presencia de familiares y amigos, la soledad, la fatiga y el estrés. Por ello, cuando el niño se encuentra en una situación formal, es bueno permitirle breves momentos de descanso en un área apartada para que pueda descargar los tics. También hay circunstancias que los mitigan: cuando la persona afectada está relajada, concentrada, en presencia de extraños y mientras duerme.
A la hora de evaluar la importancia de un tic, hay que tomar en consideración si el tipo, la frecuencia y la intensidad del mismo interfiere en la vida social, familiar y escolar del niño: si no interfiere, es preferible dejar que el tic remita espontáneamente. Pero nunca hay que dejar que la aparatosidad del tic relegue a un segundo plano otros síntomas más importantes como un déficit de atención o algún trastorno obsesivo-compulsivo, entre otros. Son problemas que deben tratarse conjuntamente y de los que tienen que estar informadas las personas que se relacionan con el pequeño. Una vez iniciado el tratamiento, no es conveniente ponerse como objetivo la eliminación total de los tics. Si a pesar del tratamiento persisten tics socialmente inaceptables, hay que intentar sustituirlos por otra conducta más tolerable: así un tic como la coprolalia, antes mencionada, se puede cambiar por decir palabras incomprensibles, inventadas. Y por último, no debe permitirse que la vida familiar y de pareja gire alrededor del niño. Maria del Mar García Orgaz. Psicóloga infantil

Seguridad en Internet

Cocina para niños

Manualidades de papel
0 Comentarios
Sé el primero en comentar.