Tren Medieval a Sigüenza para familias
24/05/2013

La familia experimenta mayor calidad de vida cuando se satisfacen las necesidades familiares; cuando sus miembros disfrutan de la vida en común y tienen la oportunidad de buscar y alcanzar objetivos significativos para la familia. La calidad de vida se traduce en armonía y bienestar en torno a tres ejes: con uno mismo, con el entorno familiar y con el entorno social.
No existe una calidad de vida familiar estándar, sino que ésta cambia según la familia y la experiencia de sus miembros. Sin embargo, hay varios criterios que permiten identificarla. El primero es el bienestar físico y material, es decir, el conjunto de recursos que la familia tiene a su alcance para satisfacer las necesidades de sus miembros (materiales, salud y cuidados). El segundo criterio es el bienestar emocional, el sentimiento positivo por parte de los miembros en lo relativo a la vida familiar: si cuentan con amigos u otras personas que puedan proporcionarles ayuda; si disponen de tiempo suficiente para desarrollar sus intereses personales, si tienen el apoyo necesario para aliviar el estrés, etc. El tercero es el ejercicio de las funciones propias de la condición de padres, es decir, las actividades que los padres llevan a cabo para contribuir al desarrollo de sus hijos e hijas: ayudarlos con los deberes y otros aprendizajes, enseñarles a desenvolverse con sus iguales; enseñarles a tomar decisiones, prepararlos para ganar en autonomía, conocer a las personas que se relacionan con ellos, tener tiempo para atender las necesidades individuales de cada hijo... El cuarto criterio es la interacción familiar, las relaciones entre los miembros de la familia: pasar tiempo juntos, hablar abiertamente, resolver los problemas de manera conjunta, apoyarse mutuamente para conseguir metas, mostrar el afecto y el cuidado de cada uno por los demás, etc.
En verano, cuando, como es obvio, los niños tienen más vacaciones que los padres, surge el problema de cómo conciliar la vida familiar y laboral y cómo conseguir cierta calidad de vida en familia. Parece más fácil si la familia tiene una casa para el verano; si tiene el apoyo de la familia extensa u otros adultos que se hagan cargo de los niños cuando los padres trabajan... Si no es así, el verano se puede convertir en un tiempo de máximo estrés para los padres y, por consiguiente, para los hijos. Por lo tanto, es aconsejable que los niños pasen un tiempo en el pueblo, en la segunda vivienda, con los abuelos, con los tíos u otros parientes significativos. También se puede contemplar la posibilidad de hacer turnos con los amigos para cubrir el horario laboral, apoyarse en ellos, pensando en que va a ser una oportunidad de ampliar experiencias y compartir vivencias.
Otra opción oportuna, y no sólo como alternativa sino como actividad complementaria, son los campamentos, de día para los más pequeños y los de dormir fuera para los menos pequeños. En los campamentos, los niños obtendrán recursos materiales de la naturaleza, vivirán experiencias nuevas y estarán acompañados por monitores con disponibilidad y preparación específica para atenderlos. A la hora de programar el ocio del niño, o el campamento, es importante tener en cuenta sus gustos: si le interesan los animales, elegiremos un campamento tipo granja; si le gustan más los deportes, uno específicamente deportivo... Los padres aprovecharán para ganar tiempo para ellos y recargar pilas, lo que redundará en su bienestar emocional y, por lo tanto, en el de toda la familia. María del Mar García Orgaz. Psicóloga infantil

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