Hepatitis C

La hepatitis C es una enfermedad hepática infecciosa causada por el virus de la hepatitis C. El término hepatitis se refiere a toda enfermedad caracterizada por producir inflamación del hígado.

Dr. Bruno Sangro Gómez-Acebo Especialista en Medicina Interna Consultor. Departamento de Medicina Interna. Unidad de Hepatología CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

¿Qué es la hepatitis C?

La hepatitis C es una enfermedad hepática infecciosa causada por el virus de la hepatitis C. El término hepatitis se refiere a toda enfermedad caracterizada por producir inflamación del hígado. Cuando la infección se produce y se cura, espontáneamente o con tratamiento, en menos de seis meses hablamos de hepatitis aguda, mientras que, en aquellos casos que no se curan, la enfermedad progresa hacia una hepatitis crónica.

¿Cuál es la causa de hepatitis C?

Dentro de los virus capaces de producir hepatitis, sea aguda o crónica, se encuentra el virus de la hepatitis C. Se trata de un virus de la familia de los flavivirus, constituido por una cadena de RNA. Existen algunas variantes de este virus, que llamamos genotipos, cuyo comportamiento puede ser algo diferente, especialmente en la respuesta al tratamiento antiviral. Se describen 6 genotipos mayores del virus C, con distinta distribución geográfica. En España el más frecuente es el genotipo 1, que predomina además en las personas contagiadas por vía parenteral. El genotipo 3 se encuentra con mayor frecuencia entre las personas adictas a drogas por vía parenteral que adquirieron la enfermedad por compartir jeringuillas. El virus de la hepatitis C se transmite fundamentalmente por lo que llamamos vía parenteral, es decir, a través de las transfusiones de sangre y hemoderivados (actualmente con una probabilidad mínima debido a las medidas de detección, pero muy frecuente antes de 1990), de los pinchazos con material contaminado, y maniobras como el tatuaje, el piercing o las manipulaciones dentales antes de la introducción de buenas medidas higiénicas. Este virus puede transmitirse a través de las relaciones sexuales, pero con una eficacia muy reducida, por lo que la incidencia de esta enfermedad en cónyuges de pacientes infectados por el virus C es muy cercana a la de la población general. El virus no se transmite por el contacto habitual, por lo que los portadores de este virus pueden tener una vida de relación social completamente normal.

¿Qué síntomas produce la hepatitis C?

La hepatitis aguda en la mayor parte de las ocasiones no causa ningún síntoma y pasa desapercibida para el enfermo y para los que le rodean. Pueden existir síntomas inespecíficos, como malestar general, cansancio o náuseas, pero en muy pocas ocasiones se desarrolla ictericia, es decir, pigmentación amarilla de la piel y las mucosas, que se acompaña de orinas de color oscuro y deposiciones blancas o amarillentas. Esta hepatitis aguda se cronifica en más del 80% de los casos. La hepatitis crónica por virus C también se caracteriza por producir muy pocos síntomas durante muchos años, por lo que lo más frecuente es que se diagnostique de forma casual, al realizar análisis por otros motivos. Cuando existen síntomas, los más frecuentes son cansancio y molestias leves en lado derecho del abdomen. Algunos enfermos pueden desarrollar síntomas relacionados con enfermedades asociadas a la infección por virus C, como manifestaciones cutáneas, articulares, síndrome seco, etc. Unicamente en fases avanzadas de la enfermedad, cuando se desarrolla una cirrosis hepática, aparecerán los síntomas propios de esta enfermedad y sus complicaciones.

¿Cómo se diagnostica una hepatitis C?

El dato que inicialmente lleva al diagnóstico es el aumento de los niveles en sangre de las transaminasas, enzimas que son liberadas a la sangre por la muerte celular producida por la inflamación del hígado. Esta elevación puede ser muy importante en la fase aguda de la enfermedad, y es habitualmente leve o moderada en la fase de hepatitis crónica, aun cuando puede haber muchas diferencias entre unos enfermos y otros, e incluso en un mismo enfermo a lo largo de los años. Por otra parte, no existe una relación directa entre la magnitud de la elevación de las transaminasas y la severidad de la enfermedad. Con la sospecha clínica el despistaje inicial puede hacerse mediante el estudio de los anticuerpos contra el virus C, pero el diagnóstico de certeza precisa la determinación de la presencia del virus C en la sangre mediante técnicas de biología molecular. Ello, además, permite conocer el genotipo del virus e incluso cuantificar la cantidad de virus presente en la sangre, lo que llamamos carga viral, que tiene un cierto significado pronóstico y sirve también para monitorizar el tratamiento. Para el diagnóstico definitivo es muy importante realizar una biopsia hepática siempre que sea posible, ya que informa con precisión sobre el estado evolutivo de la enfermedad, valora su severidad o grado de inflamación y de fibrosis, y permite fundamentar mejor la indicación de tratamiento.

¿Cómo evoluciona la hepatitis C?

La hepatitis aguda por virus C, que pocas veces somos capaces de detectar, se hace crónica hasta en un 80-90% de los casos. Una vez establecida la hepatitis crónica, es muy rara la curación espontánea de la enfermedad. La evolución natural de la enfermedad puede ser muy variable.

  • En un tercio de los enfermos no hay ninguna progresión y la enfermedad permanece estable durante toda la vida.
  • En otro tercio de los casos progresa muy lentamente hacia el desarrollo de una cirrosis hepática, tardando una media de 20-30 años
  • En el último tercio de los casos puede evolucionar de manera mucho más rápida y llegar a desarrollar una cirrosis hepática en tan sólo 5 a 10 años.
La velocidad en la evolución de esta enfermedad depende de las características de cada enfermo, de características del propio virus, y también de factores externos como la ingesta de alcohol, que acelera enormemente la progresión a cirrosis.

¿Existe tratamiento para la hepatitis C?

En los últimos 20 años el tratamiento de esta enfermedad ha progresado de una manera notable, de modo que en una enfermedad no bien conocida y para la que no existía ningún tratamiento, en la actualidad se estima que más del 50% de los casos pueden llegar a curarse totalmente. El tratamiento se basa en medicamentos antivirales. Actualmente el tratamiento indicado es la combinación de dos medicamentos, el interferón alfa y la ribavirina. Actualmente se emplea una nueva formulación del interferón alfa, el interferón alfa pegilado, cuya eficacia en combinación con ribavirina es aún mayor. El tratamiento dura entre 6 y 12 meses, dependiendo del genotipo viral y las características de la respuesta de cada enfermo, y en general es muy bien tolerado, aun cuando existen muchos efectos secundarios potenciales que conviene valorar, por lo que es necesario un seguimiento cercano del especialista. Hay algunos factores que indican mayores posibilidades de curarse con el tratamiento, como son una menor edad, una enfermedad poco evolucionada, el genotipo 2 ó 3, y una baja carga viral. En los casos en que el tratamiento no es eficaz y la enfermedad evoluciona hacia el desarrollo de una cirrosis hepática y sus complicaciones, el único tratamiento posible es el trasplante de hígado, siendo la cirrosis por virus C la indicación más frecuente en España. No obstante, la investigación en nuevos tratamientos contra el virus C es muy activa. Nuevos medicamentos antivirales, como los inhibidores de las proteasas, se encuentran actualmente ya en fase de experimentación clínica, y probablemente permitan, asociados con otros fármacos como peginterferón y ribavirina, aumentar las tasas de curación de la enfermedad. En el futuro próximo, las distintas formas de inmunoterapia, las vacunas terapéuticas, permiten confiar en que en no demasiados años se pueda luchar de manera más eficaz contra esta enfermedad.

¿Qué tipo de vida puede hacer un enfermo con hepatitis C?

En la mayor parte de los casos un paciente con una hepatitis crónica por virus C puede y debe hacer una vida completamente normal. La actividad profesional, social, o la práctica deportiva son perfectamente posibles con esta enfermedad, y no se debe tener más restricciones que las aplicables a cualquier otra persona. La dieta de un enfermo con hepatitis C debe ser variada y equilibrada, pero con las mismas características que la de cualquier otra persona. No hay ningún alimento contraindicado específicamente. Sí que es necesario mencionar el alcohol, ya que es un tóxico para el hígado, que además acelera de manera muy importante la evolución de la hepatitis C. Aunque con toda seguridad no habría ningún problema en tomar una copa en contadas ocasiones y poder celebrar así los acontecimientos extraordinarios, la recomendación general debe ser abstenerse por completo de tomar bebidas alcohólicas. En cuanto al contagio, como ya se ha comentado, con la única precaución evidente de no compartir objetos cortantes, como las cuchillas de afeitar, o el cepillo de dientes, y advertir de la condición de portador del virus C ante heridas sangrantes, visitas al dentista o cirugía de cualquier tipo, la vida social y de relación de un enfermo con hepatitis C debe ser completamente normal.

¿Pueden prevenirse las hepatitis?

Los bancos de sangre examinan todas las muestras para descartar la infección por el virus de la hepatitis C, por lo que el contagio se ha reducido enormemente en los últimos años. Evitar compartir jeringuillas y aplicar las medidas higiénicas razonables en todas las prácticas que impliquen contacto con sangre puede anular prácticamente esta vía de contagio. Con esas medidas, la incidencia de hepatitis C en las generaciones más jóvenes se ha reducido drásticamente en el mundo desarrollado. Desgraciadamente no existe todavía una vacuna que prevenga la infección por el virus C.

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