Asma bronquial

El asma es una enfermedad respiratoria caracterizada por inflamación crónica de las vías aéreas que causa episodios recurrentes de sensación de falta de aire, pitos en el pecho, tos y sensación de opresión en el pecho.

Dr. Javier Zulueta Francés Especialista en Neumología Director. Servicio de Neumología CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA

¿Qué es?

El asma es una enfermedad respiratoria caracterizada por inflamación crónica de las vías aéreas (bronquios) que causa episodios recurrentes de sensación de falta de aire (disnea), pitos en el pecho con la respiración (sibilancias), tos y sensación de opresión en el pecho. Las pruebas de función respiratoria (espirometría) en el momento de una crisis demuestran obstrucción al flujo aéreo que mejora significativamente, si no del todo, con broncodilatadores. La inflamación crónica de los bronquios también es causante de que ante numerosos estímulos irritantes (humo, perfumes, etc), los pacientes con asma se sientan peor. Esta mayor hiperreactividad bronquial ante ciertos estímulos puede detectarse en el laboratorio de función pulmonar mediante pruebas de provocación, observándose una mayor obstrucción de las vías aéreas que también remite con el uso de broncodilatadores. La prevalencia del asma en la población varía considerablemente de un país a otro. Por causas que se desconocen, es más alta en países en donde el idioma predominante es el inglés. En la encuesta de la Unión Europea sobre Salud Respiratoria publicada en 1996 en el European Respiratory Journal, se observó que la prevalencia en la población adulta varía entre un 2 y un 3 por ciento en países como España, Italia, Alemania, Estonia, Grecia y Argelia, y entre un 8 y un 12 por ciento en Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia. Lo más preocupante es la tendencia al alza de los niveles de prevalencia que se viene observando en diversos países. En Estados Unidos, por ejemplo, la prevalencia en la población comprendida entre los 5 y los 34 años de edad ha aumentado en un 52 por ciento desde 1982 a 1992.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los tres síntomas más comunes en pacientes con asma son: sibilancias (pitos en el pecho con la respiración), tos y disnea (sensación de ahogo). Estos síntomas suelen ocurrir de forma simultánea, aunque la ausencia de uno o, incluso dos de ellos, no descarta el diagnóstico de esta enfermedad. Es frecuente que el asma se manifieste con un sólo síntoma, por ejemplo, tos irritativa persistente. Es característico que los síntomas del asma ocurran de forma episódica y a cualquier hora del día, aunque es común que aparezcan predominantemente por la noche y durante las primeras horas de la mañana. En una minoría de pacientes los síntomas pueden llegar a ocurrir de forma contínua debido a que la inflamación y los cambios morfológicos de las vías aéreas pueden causar obstrucción fija al flujo aéreo. Hoy por hoy, el asma no es una enfermedad curable pero, aunque es una enfermedad crónica, los síntomas pueden desaparecer durante periodos de tiempo muy largos, incluso de por vida.

¿Quién puede padecerlo?

Aunque el asma puede aparecer a cualquier edad, es más común que debute en la infancia, edad en la que suele estar asociado a un componente alérgico. De hecho, la atopia (alergia) en niños es uno de los factores predisponentes más importantes para el desarrollo posterior de asma. Otros factores que se asocian a la aparición de asma infantil son los antecedentes de asma y tabaquismo en los padres, sobre todo en la madre. Cuando el asma comienza en la edad adulta, la relación con la atopia es menos frecuente, aunque la inflamación que ocurre en los bronquios y los síntomas que produce son similares. En adultos es más común la asociación con sinusitis, pólipos nasales y sensibilidad a la aspirina o anti-inflamatorios relacionados con la aspirina. También es habitual la inflamación bronquial con la consiguiente hiperreactividad en relación con ciertas exposiciones ocupacionales (polvo de madera, metales, compuestos orgánicos, resinas plásticas, etc). Aunque la inflamación bronquial y los síntomas son similares en ambos tipos, los mecanismos del asma intrínseco (no alérgico) no están establecidos con claridad.

¿Cómo se diagnostica?

Para poder establecer un diagnóstico de asma deben concurrir ciertos criterios. El más importante es demostrar en algún momento que existe obstrucción reversible de los bronquios, lo cual se demuestra mediante una espirometría con la que se puede medir la velocidad a la que una persona expulsa el aire (flujo aéreo). Si existe obstrucción reversible, el flujo aéreo estará reducido y se normalizará, al menos parcialmente, tras la administración de un broncodilatador. La diferencia principal con el enfisema o la bronquitis crónica producida por el tabaco es que en estas la obstrucción al flujo aéreo no es reversible. Puesto que el asma es una enfermedad episódica, es muy común que cuando un paciente acude al médico se encuentre bien y que las pruebas respiratorias no reflejen la obstrucción. No obstante, si el médico sospecha que los síntomas referidos son debidos al asma, se puede hacer el diagnóstico mediante pruebas de broncoprovocación, que consisten en provocar broncoespasmo con la consiguiente obstrucción al flujo aéreo mediante estímulos irritantes de la mucosa de los bronquios. Existen dos tipos pruebas: Por ejercicio La broncoprovocación por esfuerzo está indicada en pacientes que refieren síntomas asmáticos tras realizar ejercicio. La prueba consiste en realizar un esfuerzo grande durante 8 minutos aproximadamente, tras lo cual se realizan espirometrías cada 10 minutos. En pacientes con asma inducido por esfuerzo se puede observar como se va produciendo una obstrucción progresiva de los bronquios. Una vez alcanzado un umbral (mínimo grado de estímulo que produce una sensación), se administra broncodilatador produciéndose una normalización de la espirometría. Característicamente, los pacientes con asma inducido por esfuerzo suelen referir síntomas inducidos también por aire frío. De hecho, en algunos laboratorios de función pulmonar se puede realizar una prueba de broncoprovocación por inhalación de aire frío. Por inhalación de irritantes Sirven para desenmascarar asma en pacientes con cualquier tipo de asma (alérgico o no). Consisten en inhalar una sustancia nebulizada en dosis crecientes con realización de espirometrías tras cada dosis. Los irritantes utilizados (metacolina e histamina) producen una reacción no específica y, a dosis altas, pueden inducir broncoespasmo en personas sin asma. La inducción de broncoespasmo con dosis bajas de estas sustancias sugiere el diagnóstico de asma. En algunos laboratorios especializados se pueden realizar pruebas de broncoprovocación específicas con alergenos. Estas pruebas son útiles para personas que refieren síntomas tras entrar en contacto con ciertos ambientes (laborales u otros) y permiten determinar qué producto produce el broncoespasmo.

¿Qué enfermedades asociadas pueden empeorar o causar asma?

No todas las personas con síntomas asmáticos tienen asma. Existen enfermedades que pueden provocar broncoespasmo con los mismos síntomas del asma sin que ello quiera decir necesariamente que tengan asma. De hecho, tratando estas enfermedades es frecuente que desaparezcan los síntomas «asmáticos». Las dos enfermedades más comunes son: reflujo gastroesofágico y sinusitis crónica. En pacientes que sí tienen asma, estas otras enfermedades pueden empeorar los síntomas y es importante tratarlas simultáneamente.

¿Cuál es su tratamiento?

El tratamiento del asma debe cubrir varios frentes:

  • inflamación de la mucosa bronquial.
  • broncoespasmo.
  • posibles alergias.
  • enfermedades asociadas.
A/ Inflamación de la mucosa bronquial: En los últimos años se ha demostrado que el tratamiento de la inflamación es la parte más importante del tratamiento del asma. Hasta ahora se ponía demasiado énfasis en la broncodilatación, pero si no se trata la inflamación, los efectos de los broncodilatadores son efímeros. Existen diversos medicamentos que tienen efecto antiinflamatorio en la mucosa bronquial, pero los más potentes y eficaces son los corticoides (cortisona) inhalados. Por vía inhalatoria las dosis de corticoides empleadas son muy bajas y producen un efecto tópico sin los efectos secundarios de la administración por vía oral, endovenosa o intramuscular. Los corticoides inhalados han pasado a ser el medicamento más importante en el tratamiento del asma. Comienzan a prescribirse en pacientes con asma persistente, es decir, aquellos en los que se producen síntomas varios días a la semana, y en aquellos en los que se producen síntomas nocturnos. Para los que los síntomas ocurren de forma esporádica, por ejemplo una o dos veces cada 15 días, no es necesario comenzar con corticoides y puede bastar con broncodilatadores. B/ Broncoespasmo Los corticoides inhalados no actúan de forma inmediata, aunque cuando hacen efecto tras unos días de tratamiento, el broncoespasmo remite. Pero para el tratamiento inmediato del mismo se utilizan broncodilatadores que normalmente se administran por vía inhalatoria. Existen dos tipos fundamentales según la duración de su acción: los broncodilatadores de acción prolongada se toman por la mañana y por la noche todos los días, se tengan o no síntomas, mientras que los de acción corta se suelen reservar para tomar en caso de necesidad (sensación de ahogo, tos, etc). El objetivo primordial es que los pacientes recurran a los broncodilatadores de acción corta en muy contadas ocasiones. Si no es así, es necesario potenciar el tratamiento antiinflamatorio. Obviamente, hay pacientes con asma severo que, a pesar de recibir tratamiento antiinflamatorio máximo, requieren broncodilatadores con frecuencia. C/ Alergias En pacientes en los que se demuestra un componente alérgico, el tratamiento con antihistamínicos puede ser beneficioso. Por otro lado, con ciertas alergias existen tratamientos inmunológicos eficaces (vacunas) que pueden ayudar notablemente en el control del asma. No obstante, lo más eficaz en el tratamiento de las alergias es evitar o reducir en lo posible la exposición a alergenos. Por ejemplo, en el caso de la alergia a los ácaros del polvo, con medidas higiénicas de la casa sencillas se puede disminuir considerablemente la presencia de los mismos. D/ Enfermedades asociadas y medidas generales Como se ha mencionado anteriormente, el reflujo gastroesofágico y la sinusitis crónica pueden agravar o causar asma, por lo que es importante descartarlos en casos de asma que no responden al tratamiento usual. Obviamente, las personas con asma deben abstenerse completamente de fumar puesto que el humo del tabaco es un irritante que produce inflamación de los bronquios. Las exposiciones laborales que producen asma (harinas, maderas, etc.) deben evitarse en lo posible mediante ventilación adecuada del aire y uso de mascarillas de protección. En casos severos es necesario cambiar de trabajo.

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