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Prepárale para la llegada de un hermanito


La llegada de un hermano no siempre es un acontecimiento feliz para el primogénito, que puede acusar el descenso de atención que se le dispensa en forma de celos, rebeldía e, incluso, hostilidad hacia el nuevo miembro de la familia. La clave para evitar estos conflictos es transmitirle ilusión por la llegada del bebé, para que lo considere como algo suyo.

La calidad de la relación entre hermanos se halla menos ligada al orden de nacimiento y la diferencia de edad o de sexo que a la relación de cada niño con los padres y a la forma en que cada uno fue tratado por los padres con respecto al otro hermano. Es frecuente que los padres sean más rígidos con el primer hijo que con el segundo, por ejemplo, acerca de la hora de irse a la cama o con los caprichos de la alimentación, lo que puede dar lugar a que el mayor perciba que el pequeño goza de privilegios y reaccione con cierta hostilidad hacia éste. Es lógico que los primogénitos acusen un descenso de atención cuando nace el segundo hijo y, por ello, tengan celos o manifiesten su rabia con rebeldía y agresión hacia la madre durante las primeras semanas de vida de su hermanito. También puede ser que los padres respondan a la hostilidad que advierten entre los hijos y traten de compensar al bebé por la falta de cariño del mayor. Además, puede observarse que las madres atienden y juegan más con los hijos segundos si estos son de sexo diferente al primero. Por lo que hay aún más posibilidades de rivalizar.

Transmitir la ilusión

Pasados unos días, adaptados al cambio, la mayoría de las madres estimulan al hijo primogénito a cuidar del nuevo retoño y logran disfrutar juntos de los logros del pequeño, contribuyendo al desarrollo de una relación afectiva entre los hermanos. Está probado que el tratamiento preferente o la comparación declarada o soterrada que realizan los padres de los dos hermanos sí es causa de conflicto entre ellos. La clave para evitar conflictos es trasmitir ilusión. Si esperas un segundo hijo con el convencimiento de que esa nueva vida aportará a todos muchos motivos de alegría; si tu hijo ha observado tu relación con tus hermanos, sus tíos; si tiene primos o amigos con hermanos, también él deseará tener uno. Es más, lo estará esperando e, incluso, es posible que ya te lo haya pedido. Si el niño te observa sacar la canastilla, preparar de nuevo el cuarto del bebé y le haces partícipe de ello, percibirá la llegada del bebé como algo suyo, “su hermano”, y a los niños les encanta poseer.

La mejor herencia

Un hermano es una de las mejores herencias que le puedes dejar a un hijo, porque la relación entre hermanos es de gran intensidad, intimidad y calidez emocional. Lo ideal es que se lleven menos de tres años, ya que así es más fácil que se refuerce el subsistema fraterno porque van a jugar más tiempo juntos y estarán más próximos en los ciclos educativos, aunque con la menor diferencia de edad también es más frecuente que surja la rivalidad y la competición. Si se llevan más de cuatro años, compartirán menos tiempo de juego pero también el benjamín aceptará frecuentemente y más fácilmente las enseñanzas propuestas por el mayor. La niñez y la adolescencia son épocas en las que los hermanos crecen particularmente unidos. En la niñez la observación de los hermanos es una ayuda para comprender el mundo. En la adolescencia se está incluso más unido a los hermanos que a los padres. Son muy comunes las alianzas y la ayuda mutua de los hermanos en muchas experiencias: con el primer amor, con los amigos; podrán compartir todo ese torbellino de emociones, esas primeras experiencias. El reforzamiento del subsistema fraterno, en esta época, es muy importante para ganar independencia y para realizarse como persona adulta.

La fuerza de la relación

Pero la fuerza de la relación entre hermanos se prolonga mucho más. Los hermanos se sienten estrechamente ligados en la mediana edad y más en la ancianidad, donde la rivalidad fraterna, si es que la hubo, parece disminuir. El amor entre hermanos resiste las separaciones del tiempo y el espacio, algo que es más difícil que ocurra con un amigo, y proporciona una importante seguridad emocional a la mayoría de las personas durante etapas posteriores de sus vidas. En los acontecimientos críticos de la vida, una enfermedad, un divorcio, se desarrolla una lealtad intensa. La relación fraternal amortigua la inseguridad que conlleva el envejecimiento y la pérdida de los padres. Mar García Orgaz. Psicóloga

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    Viernes 25 de Mayo de 2012
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