Almeria Teatre. Espectáculos infantiles en Barcelona
20/06/2013

La música entra en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Estimula los sentidos, evoca sentimientos, emociona y facilita respuestas fisiológicas y mentales. Su naturaleza no verbal la convierte en un medio de comunicación universal. Además, tiene la facultad de estructurar y dar coherencia a situaciones grupales e individuales que, sin su existencia, serían difíciles de comprender.
La musicoterapia es una terapia que usa la música y sus elementos (sonido, ritmo, armonía y melodía) para facilitar y promover la comunicación, el aprendizaje, la movilización, la expresión y la organización. Tiene como objetivo desarrollar el potencial y reparar funciones del individuo para que pueda alcanzar la integración intrapersonal e interpersonal (consigo mismo y con los demás) y, así, mejorar la calidad de vida a través de la prevención, la rehabilitación o el tratamiento.
Entre otros efectos beneficiosos, la musicoterapia ayuda a provocar respuestas motoras, facilita el control consciente de los movimientos, el esquema corporal, la coordinación, la respiración, la comunicación no verbal, el lenguaje, la educación auditiva y vocal, el ritmo y el tacto. También estimula la atención, la memoria y la imaginación. Los elementos musicales como el ritmo, la melodía y la armonía son componentes básicos de nuestro organismo. La música es un hecho estético, pero los parámetros musicales son de origen físico, afectivo y biológico. Todo en nosotros se estructura y se desarrolla de acuerdo a un ritmo: nuestra respiración, nuestra frecuencia cardiaca... Ese mismo ritmo cardiaco, la frecuencia rítmica de nuestro movimiento al andar, el tono de nuestras voces al hablar o su intensidad producen en nosotros respuestas de carácter físico, psíquico y emocional. El hecho estético se dirige directamente a las emociones y éstas son parte integrante de la mente cognitiva, ya que participan en la toma de decisiones y aportan significado a nuestras experiencias. La musicoterapia procura un espacio de comunicación no verbal a través del hecho sonoro en toda su extensión, lo que da lugar a una interacción inmediata entre el adulto y el niño. El adulto responde de la misma forma musical y sonora que el niño, vocaliza con diferentes entonaciones atendiendo a las que él emite, ejecuta movimientos rítmicos con las manos para captar y mantener su atención y entona la frase según la emoción que quiere transmitir al pequeño.
- Favorece la empatía a través del ritmo, el acento de frases y palabras, el tono de voz y su intensidad y los movimientos del cuerpo. - Escuchar melodías consigue calmar al niño si se encuentra en un estado de irritación o ansiedad. - La música anima y estimula la expresión de las emociones del niño. Le ayuda a poner nombre a lo que siente a través de la expresión musical o verbal cuando no es capaz de hacerlo por sí mismo. - Escuchar piezas musicales permite también al niño expresar distintos estados emocionales. - Cuando toca con otros niños, la propia dinámica musical establece límites a sus acciones, lo que le ayuda a poner, a su vez, límites claros, coherentes y adecuados a su desarrollo. - A través de la exposición a experiencias estéticas, el niño da salida a emociones e ideas. - El niño se siente cómodo con los elementos musicales: a través del ritmo, nos indica si está nervioso, tranquilo, triste... Cuando canta, su voz expresa emoción. Cuando toca un instrumento, ofrece información acerca de su temperamento. - El niño aprende a expresar de forma verbal y no verbal todo tipo de emociones. - Si se refuerzan sus improvisaciones musicales, se permite al niño mostrar su poder personal y mejorar su autoestima. - Cuando el niño canta o toca en grupo, comparte emociones con otras personas. - A través de los componentes melódicos de la voz, se mejora la calidad y la eficacia de la comunicación entre los niños, y entre los niños y los adultos. María del Mar García Orgaz Psicçologa infantil

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