“Los informativos de TV no deben ser producto de consumo de los niños”

Las imágenes violentas o trágicas a las que pueden acceder los niños a través de los programas informativos de televisión ejercen sobre ellos mayor influencia que las de ficción. Las razones, explica el psicólogo Valentín Martínez-Otero, son la verosimilitud de las mismas, confirmada por la alarma que causan en los propios adultos.

P. ¿Por qué han afectado tanto, por ejemplo, las imágenes del atentado de Nueva York a algunos niños si no son muy diferentes ni mucho más violentas que las que están acostumbrados a ver en las películas?

R. Las imágenes violentas de televisión que tienen mayor impacto en los niños son las que resultan creíbles, es decir, aquellas que los menores interpretan como reales. En la medida en que las escenas de lo acontecido en Estados Unidos se muestran en programas de noticias dirigidos a los adultos, poseen mayor grado de verosimilitud, confirmada por la alarma generada en los mayores, lo que les afecta con más intensidad y se puede traducir en inseguridad, indiferencia ante los desastres y la violencia, así como en conductas agresivas.

P. A veces los niños parecen inmunes a los desastres que ven por televisión. ¿A qué edad percibe la tragedia un niño• ¿Depende más que de la edad de las circunstancias?

R. La ?porosidad• de la mente infantil hace que absorba con facilidad todo tipo de estimulación ambiental, aunque frecuentemente este proceso se produce de modo inconsciente, pues el niño o los familiares no tienen por qué darse cuenta. Se sabe, por ejemplo, que los bebés, aunque no comprendan las palabras de los informadores, captan el tono, el estado de ánimo de los que hablan y de las personas que los rodean ?por ejemplo, las reacciones de sus familiares?, es decir, la ?atmósfera• en que se encuentran. Son impresiones que dejan su huella en los menores, tanto si ese ambiente es favorable como negativo. Los informativos actuales tienen como destinatarios a los adultos; no han de ser, pues, productos de ?consumo• habitual para los niños. Si el informativo está cargado de violencia, no es aconsejable la exposición sistemática al mismo de los niños, cualquiera que sea su edad. Desde el momento en que los niños están en condiciones de comprender sencillas explicaciones (en torno a los tres años), los comentarios y valoraciones de padres y educadores sobre las escenas violentas reducen considerablemente su impacto negativo. Sea como fuere, no es aconsejable durante la infancia la reiterada contemplación de la violencia televisada.

P. La percepción que tienen los niños de las catástrofes y de la violencia, ¿difiere sustancialmente de la del adulto• ¿Puede ocurrir que el niño se quede impasible, le parezca irreal lo que está ocurriendo y no sea consciente de la gravedad?

Varias son las reacciones que las imágenes e informaciones generan según las características de los niños (edad, género, personalidad, clima familiar, etc.) y la cantidad de imágenes percibidas. En general, en el caso de la violencia y los desastres televisados, por ejemplo, los daños ocasionados son principalmente tres: el aprendizaje de la violencia, la desensibilización ante las catástrofes y la violencia, porque se produce una habituación, y el temor a sufrir daños. Si pensamos en los niños y adolescentes, se comprueba que la repetida exposición a imágenes violentas favorece la utilización de conductas agresivas como vía para resolver problemas según las acciones que se observan en los modelos audiovisuales. De igual manera, la percepción constante de la violencia o los desastres provocados por el hombre, generalmente desde un lugar cómodo y seguro, acaba por aceptarse como algo natural, lo que resta sensibilidad ante estos hechos. Por otro lado, se sabe que la reiterada contemplación de la violencia y hechos trágicos en televisión puede generar inseguridad en los menores por miedo a daños difusos e indefinidos. A medida que aumenta la cantidad de imágenes contempladas, estos tres efectos (agresividad, desensibilización y miedo) se incrementan. Es verdad que algunos menores tienen problemas para diferenciar la realidad de la ficción, lo que genera dificultad para hallar referencias sólidas, es decir, confusión y desorientación; además de los tres efectos anteriores, pues, no hay que olvidar que estas consecuencias se producen tanto por las imágenes de violencia y de desastres reales como por las simuladas (películas, etc.).

P. El impacto del atentado de Nueva York ha sido enorme, pero los actos terroristas no son algo desconocido en España. ¿Cómo afecta a un niño, por ejemplo, la explosión de un coche bomba cerca de su casa• ¿Le influirá para toda la vida?

R. Los efectos dependen de muchos factores del niño (edad, personalidad, etc.) y del mismo atentado (intensidad, espectacularidad, etc.). Es bien sabido que un mismo hecho tiene efectos distintos según las personas, pues en gran medida la resonancia depende de cómo lo interprete o perciba cada cual. Si el niño es consciente de la gravedad del atentado, puede producirle problemas psicológicos y orgánicos como ansiedad, miedo, insomnio, trastornos digestivos, etc. Si el niño es víctima directa del atentado o es testigo de ?primera fila?, puede presentarse el llamado síndrome de estrés postraumático, que provoca intenso sufrimiento durante largo tiempo, ya que el episodio puede ser revivido en forma de recuerdos, percepciones, pensamientos, sueños... Para contrarrestar los efectos de los atentados es necesaria, en mayor o menor grado, la ayuda psicológica. Con intervención psicoterapéutica apropiada se puede superar o, al menos, aliviar el problema.

P. En estos casos, ¿cuál debe ser la actitud de los adultos, de sus padres• ¿Hablar directamente de ello, con franqueza, aun a riesgo de romper la imagen idílica del mundo que tiene el niño?

R. Los adultos (padres y profesores) deben comentar estos hechos y sancionarlos, por supuesto en un lenguaje apropiado para la edad y desarrollo del niño. Cuando se comentan estos episodios de violencia, se reduce su impacto negativo, siempre que se proporcione al niño la seguridad y el afecto que se han visto amenazados. La imagen paradisíaca que pudieran tener los niños se rompe por el propio atentado, y la conversación de los mayores ha de orientarse a proporcionar racionalidad y calor, evitando el alarmismo o la inoculación del odio. En casos graves, insisto, ha de recurrirse al profesional de la salud mental.

P. ¿Qué síntomas indican que es preciso recurrir a un especialista?

R. La observación por parte de los profesionales siempre es aconsejable si el niño ha contemplado un atentado. Se hace imprescindible si se observan en el niño comportamientos extraños (cambios de humor, aislamiento, lamentaciones, etc.) que tienden a hacerse duraderos, malestar intenso y persistente, disminución clara del rendimiento escolar, etc. Puede haber, por tanto, alguna señal de alarma que identifica el mismo niño o los familiares y que informa de que algo no marcha como debiera, ya sea en el plano cognitivo, emocional, relacional o fisiológico.

P. ¿El proceso de ?curación• es diferente en un niño que en un adulto• ¿Superan antes los niños el impacto o al contrario?

R. El curso del problema depende de muchos factores, no solo de la edad. Es cierto que los primeros años de la vida son condicionantes del ulterior desarrollo, pero no tiene por qué haber una determinación fatal. Los adultos suelen poseer más estrategias para reducir el impacto y reestablecer el equilibrio. Lo importante, en cualquier caso, es que la atención que se reciba se ajuste a las peculiaridades de cada paciente. Las vías de la intervención comprenden la relación individual o grupal con el profesional, la ayuda de los familiares y amigos, así como el alejamiento del área de terror.

Aprendizaje de la violencia

Para Valentín Martínez-Otero, el comportamiento y el lenguaje de los niños refleja cada vez más lo que perciben en los medios de comunicación. ?Hay, por ejemplo, un aprendizaje de la violencia por identificación con ciertos personajes, que se traduce en un mayor número de juegos bélicos y en la tendencia a resolver los conflictos de manera agresiva?, afirma. ?En la población escolar ?añade?, se observa una creciente dificultad para separar la ficción de la realidad. El temor, ansiedad, inseguridad, agresividad, etc., provocados por la elevada exposición a las imágenes e informaciones violentas se proyecta en los dibujos de los niños y en todas sus acciones. En el lenguaje, por ejemplo, además de empobrecerse, se observan más términos insultantes: es la manifestación lingüística del contagio de la violencia?.

Alfabetización audiovisual

?Hay que mostrar a los niños el carácter espectacular y emocional ?a veces la violencia se embellece, lo que aumenta su fascinación• de muchos de los mensajes que reciben (películas, dibujos animados, publicidad...), seleccionar los programas en función del desarrollo infantil y, por supuesto, limitar el tiempo de contemplación de la televisión?. Éstas son, de acuerdo con Valentín Martínez-Otero, algunas de las medidas que los padres deben contemplar para poner en marcha la necesaria ?alfabetización audiovisual• que permita sustituir la actitud pasiva y acrítica por la reflexión y la actividad desde la temprana infancia. Como, con frecuencia, las explicaciones de los adultos neutralizan el impacto negativo de las imágenes violentas, ?hay que evitar que los niños vean la TV en soledad?, añade el psicólogo, quien, además, es partidario de que los centros escolares ?avancen hacia una ?pedagogía de la imagen• que contribuya a un mayor conocimiento de las imágenes para contrarrestar sus efectos negativos?. Valentín Martínez-Otero

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