Costumbres navideñas
Los rituales y las costumbres familiares, especialmente los que desplegamos en fechas especiales como la Navidad, tienen una gran trascendencia en la evolución y desarrollo de los niños: a través de ellos no solo se les transmiten valores, normas y cultura, sino también estabilidad y el sentimiento de pertenencia a un grupo.
La Navidad es una época del año cargada de costumbres. Año tras año, volvemos a celebrar estos días especiales junto a nuestros familiares y amigos. Repetiremos tradiciones sociales, como los regalos de Reyes o la toma de las doce uvas al ritmo de las campanadas, y otras tradiciones familiares que se hayan ido transmitiendo de generación en generación, como decorar la casa con adornos, preparar el menú, hacer brindis, intercambiar regalos o cantar villancicos.
A través de los rituales se transmiten la cultura, los valores y las normas, lo que va a facilitar que el niño las conozca e interiorice de manera implícita. Crean un sentimiento de continuidad, de cohesión y de solidaridad que contribuye a que los miembros de la familia se sientan más unidos. A través de los rituales familiares, los niños conocen su pasado y su presente, lo que les va a permitir tener una identidad personal más consolidada en su futuro.
Aunque los rituales se hagan más patentes en fechas especiales, en la mayoría de las familias también hay rituales cotidianos, como las comidas de los domingos, ver la televisión cada noche todos juntos o darse un beso antes de ir a dormir. Estas costumbres van a ayudar a que el niño desarrolle una mayor estabilidad emocional.
Familias con baja ritualización
Se caracterizan porque en ellas hay pocas celebraciones o ausencia de ellas.
En este caso, lo más recomendable sería ir introduciendo pequeños rituales en el día a día, como tratar de realizar las comidas diarias juntos y aprovechar el momento para hablar. También pueden hacer pequeñas celebraciones en los días especiales, como fiestas de cumpleaños.
Es importante que los rituales se vayan estableciendo desde la primera infancia porque, gracias a ellos, no solo aumentaremos la sensación de seguridad de nuestros hijos, sino que podremos ir introduciendo normas. Si pretendemos introducirlos cuando nuestros hijos ya son mayores, sobre todo en la adolescencia, su efecto probablemente será el contrario a lo que pretendíamos y el adolescente se rebelará ante la nueva norma establecida.
Familias con ritualización rígida
Son aquellas en las que existen muchas tradiciones pero que no cambian para adaptarse a nuevas situaciones o etapas.
Sería positivo permitir modificaciones en las costumbres porque, por ejemplo, si alguno de los miembros deja de realizar cualquiera de los ritos, puede que se viva como una crisis familiar.
Si son lo suficientemente flexibles, van a permitir que, según vaya creciendo el niño, el paso de una etapa a otra se realice sin que tenga que aparecer una crisis de identidad, puesto que la adaptación de los rituales le van a permitir entender el rol que le corresponde en función de su edad. Esto toma especial relevancia en la adolescencia.
Familias con ritualización sesgada
El padre suele enfatizar en exceso las tradiciones de su familia de origen y no valora las de la familia de la madre, o viceversa. Esta lucha de poder, camuflada o no, va a transmitir a los hijos mensajes contradictorios que les pueden crear confusión e inseguridad.
Es importante aceptar las diferentes tradiciones, pues no las hay ni mejores ni peores, simplemente son diferentes. Lo ideal en este caso sería tratar de integrar las costumbres de ambos, de forma que surja una serie de rituales propios de la familia.
Además, juntar a los miembros de la familia extensa ayudará a los niños a que se enriquezcan con las relaciones y las costumbres intergeneracionales.
Familias con ritualización vacía
Se celebran los rituales familiares año tras año, pero por obligación, porque es lo que hay que hacer y, sin embargo, los miembros no obtienen experiencias positivas de ello.
En este caso, sería recomendable introducir cambios que vayan acompañados de nuevos significados emocionalmente positivos que permitan que los rituales pasen a realizarse por gusto.
Cada familia utiliza rituales heredados y crea los suyos propios. Es importante que estos sean flexibles y que se vayan adaptando en función de la edad y los cambios familiares. Así, el niño crecerá en un entorno que le transmite estabilidad, seguridad y que le ayudará en un futuro a tener estrategias para superar las diferentes situaciones que se va a encontrar en la vida.
Julia Silva García
Psicóloga
Jueves 24 de Mayo de 2012
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