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Miedo de los niños a los perros

Cómo ayudar al niño que tiene fobia a los perros

Miedo de los niños a los perros

Los miedos son habituales en la población infantil. Sin embargo, sólo el 4% prevalece después. La mayoría de los miedos infantiles son transitorios, de intensidad leve y específicos de cada edad (a medida que los niños crecen, unos miedos van sustituyendo a otros) y proporcionan a los niños un modo de adaptación a estímulos que les resultan estresantes.

La ansiedad produce en el niño respuestas físicas, signos objetivables como la sudoración excesiva, la taquicardia, el enrojecimiento o la palidez de la piel, el calor o el frío súbitos en las manos y los pies, el aumento del tono muscular o la sensación de ahogo. Pero ¿por qué se producen las fobias? Y, más específicamente, ¿por qué es común la fobia a los animales en los niños, y particularmente a los perros?

Miedo de los niños a los perros

Causas del miedo de los niños a los perros

Al margen de las experiencias aversivas generadoras de las fobias (el caso de un niño que es atacado por un perro), existen más hipótesis sobre su origen. Una de ellas es la disposición del organismo para adquirir y mantener respuestas fóbicas a estímulos que han constituido una amenaza para la supervivencia de la especie.

Otra posible causa es la vulnerabilidad biológica (niños a los que se les disparan con más facilidad sus reacciones psicofisiológicas de defensa porque están enfermos, o cansados, y resisten menos las impresiones) o la vulnerabilidad psicológica (sobreprotección parental, inseguridad...).

También pueden ser factores desencadenantes la observación (una película con contenido agresivo sobre perros peligrosos) o la información (los adultos utilizan animales para amenazar o atemorizar al niño: «si no comes, llamo al lobo», «cuidado, no te acerques al perro, no te vaya a...»).

No hay que olvidar, por otro lado, los privilegios que proporcionan los miedos: mayor atención y cercanía de los padres, más concesiones y mimos y menos obligaciones, deberes y responsabilidades. Por último, hay que tener en cuenta que existen ciertos mecanismos de mantenimiento de los miedos, como la asociación entre perro y parque.

Ayudar a los niños con fobia a los perrros

- En caso de que se produzca un problema con un perro, es necesario intervenir lo antes posible.
- No hay que subestimar el sufrimiento y las repercusiones negativas ocasionadas por las fobias en la infancia.
- Nunca se debe ridiculizar al niño por sus fobias.
- No hay que reñirle ni castigarle por sentir miedo.
- Es preciso reconocer que el miedo es real. No hay que trivializarlo.
- Hay que preguntar al niño por sus miedos, pedirle que evalúe la intensidad que tienen para él.
- No hay que rendirse ante los miedos del niño estableciendo conductas de evitación que refuerzan el pensamiento irracional. Por el contrario, hay que brindarle apoyo, lograr que se sienta protegido para que afronte sus temores, enseñarle a relajarse y a respirar.
- Los padres deben transmitir al niño su confianza en que superará los miedos. Decirle que podrá hacerlo.
- Si el miedo impide el funcionamiento diario, es necesario que lo trate un profesional de salud mental. No hay que agobiarse, se puede solucionar.

María del Mar García Orgaz. Psicóloga Infantil

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