Primaria y Secundaria: ¿Deberes en verano?

El verano es largo y hay tiempo para todo, incluso para hacer deberes. Los alumnos de Primaria pueden dedicar una parte de las vacaciones para asentar conocimientos. Para los de Secundaria, la exigencia es mayor, sobre todo si no han alcanzado algunos objetivos durante el curso. Para todos, leer y escribir es recomendable, y el apoyo de los padres, fundamental.

El verano asoma tras el último examen de la última evaluación. Las notas de final de curso, reflejarán el alcance del trabajo desarrollado a lo largo de todo el año académico. El verano comienza realmente en ese momento preciso en que acaba la última clase, se cierra el libro de texto, y se planea el modo de dar sentido a tantos días de ocio como quedan por delante. Pero el largo estío no tiene por qué ser ni una imitación suavizada del curso dejado atrás, ni un periodo de absoluta inactividad en el que se olvide, por ejemplo, qué es un libro. Por el contrario, existen muchas actividades que pueden convertir esas semanas en un tiempo productivo. Repasar los contenidos más importantes de las áreas instrumentales, Matemáticas y Lengua, puede ser una de ellas.

Apoyo familiar

La familia es un elemento clave en el proceso educativo, como evidencian multitud de estudios. En esa función de tutelar el aprendizaje, desempeña en todo momento un papel trascendental. O más bien debiera desempeñarlo. Esta maestra cree que, normalmente y dado que no hay conceptos nuevos que abordar, con el apoyo de los progenitores resulta suficiente. “Les recomiendo trabajar cosas de las que se han ocupado durante el curso. Por eso, con un pequeño apoyo paterno pueden y deben ser capaces de sacarlo adelante”. “Lo que pasa”, objeta, “es que a veces los padres no pueden ocuparse de ello, bien por falta de tiempo o de preparación. Entonces, en casos muy excepcionales, sí he recomendado que tuvieran el apoyo de un profesor. Pero solo en casos muy puntuales”.

Cuadernos de verano

Tampoco muestra mucha predilección por un tipo de material que, incluso desde la televisión, pugna por hacerse un hueco en la vida estival de los estudiantes: los cuadernos de verano. “Los cuadernos de las editoriales normalmente no me gustan. Prefiero preparar yo algún tipo de trabajo. La mayor parte de las veces, esos cuadernos, sobre todo si no hay apoyo de los padres, suelen quedar intactos cuando acaba el verano. Solo se han hecho las cuatro primeras páginas”. No obstante, no todas las áreas son iguales. En Matemáticas, por ejemplo, las cosas son más complicadas. “Cuando hay problemas de cálculo, es muy importante el apoyo de la familia, el hacer un poquito cada día”. Pese a todo, también cree necesario olvidarse del trabajo cuando se está de vacaciones. “De los dos meses y medio que tienen, en la mayor parte de los casos están 15 o 20 días en la playa y el resto con los abuelos o en el pueblo, y es este tiempo el que hay que dedicar a trabajar un poco”.

Más exigencia en ESO

En Secundaria las cosas son algo distintas, aunque solo sea porque la exigencia crece. Al disponerse a iniciar el verano, algunos alumnos se encuentran con la temida confirmación de que no han alcanzado los objetivos establecidos para ese curso o ese ciclo. Y que, si están por ejemplo en 2º de ESO o bien en cualquiera de los otros cursos del segundo ciclo de la Secundaria Obligatoria, cabe la posibilidad de que repitan. Fidel Revilla, profesor de segundo ciclo en un instituto público de Madrid, subraya la necesidad de que haya una orientación por parte del centro o del docente que ha suspendido a ese chaval. “Habría que compaginar dos cosas. Por una parte, subsanar las deficiencias de contenido que tienen que ver con la materia, y, por otra, insistir en algunos de los elementos instrumentales”, añade. “Se les puede pedir que lean un libro de aventuras, alguna novela más o menos sencilla relacionada con la historia o con la geografía. En otros casos les he pedido que hagan algún trabajo relacionado con el lugar en donde están. Si se quedan en su ciudad, que vayan a algún museo. Si están de veraneo, o si van al pueblo de sus abuelos, que hagan alguna tarea o que redacten alguna historia breve sobre ese lugar. Todo ello con la finalidad de insistir, en este caso, en la expresión escrita, en la observación”, argumenta.

Leer y escribir

María, por su parte, es consciente de que las normas que puedan darse de cara al tiempo veraniego son luego bastante difíciles de cumplir. “Y lo digo porque también tengo hijos”. No obstante, además de insistir en la importancia de la lectura y de recordar que todas las vacaciones hace para sus alumnos una selección de libros adecuados al nivel de cada uno, sí hace una recomendación, y en ello coincide con Fidel Revilla: que los chicos escriban y elaboren sus propios cuentos. Algo que, por experiencia, sabe que es un importante elemento motivador. Lo que no es poco en estos tiempos para empezar con ánimo un nuevo curso. Javier Sanz

Comentarios

¡Sé el primero en comentar!