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Problemas de autoestima en la amistad entre los niños

La importancia del valor de la amistad en la infancia

Problemas de autoestima en la amistad entre los niños

Desde la edad de un año pueden detectarse en los niños conductas utilizadas intencionadamente para conseguir algo de los demás. La primera de estas estrategias sociales suele ser el llanto, y su desarrollo próximo consiste en pedir o proponer directamente lo que se pretende.

Las relaciones entre iguales suelen suponer un fuerte impacto en la adquisición de estrategias sociales. Con sus compañeros, los niños descubren con frecuencia que para conseguir un objetivo no basta con pedirlo directamente.

La autoestima en la amistad infantil

Los conflictos en la amistad infantil

Desde los 6 años, la mayoría de los niños llega a darse cuenta de la necesidad de dar algo a cambio; y más tarde, la de considerar la perspectiva del otro para llevar a cabo estas negociaciones.

A los 11 años aproximadamente, la capacidad de los niños para resolver conflictos sociales se refleja en su habilidad para controlar las emociones negativas que dichos conflictos implican, especialmente en situaciones ambiguas, en las que son posibles varias interpretaciones.

Los niños que no pueden establecer relaciones adecuadas con sus compañeros de clase tienen más riesgo de sufrir otro tipo de problemas socioemocionales y menos oportunidades para aprender a superarlos.

Conviene diferenciar en ellos dos situaciones: la de los niños que son rechazados por los compañeros y la de los niños aislados. Uno de los principales riesgos del niño rechazado es que con el tiempo aumente su comportamiento antisocial. Para evitarlo es preciso proporcionarle oportunidades positivas para conseguir la atención de los demás, ayudarle a diferenciarla de la que obtiene cuando crea problemas.

El niño aislado se caracteriza por no ser aceptado ni rechazado, sino ignorado por sus compañeros, entre los que pasa desapercibido. Suele manifestar miedo y ansiedad al permanecer inmóvil, en silencio, suele mover los pies con nerviosismo y evitar el contacto con sus iguales.

Para ayudar a superarlo conviene dar confianza, promover activamente que comience a relacionarse con otros niños y manifestar reconocimiento cuando lo haga.

La fuerte necesidad que tienen los adolescentes de relacionarse con compañeros y sentir que forman parte de un grupo puede hacerles demasiado vulnerables a la presión, directa o indirecta, real o imaginaria, que reciban del grupo de iguales.

Así cabe interpretar, por ejemplo, que una de las razones más frecuentemente aludidas para consumir drogas sea que los amigos también las consumen. Por eso, para prevenir hay que corregir dichas distorsiones, favorecer la integración en grupos de compañeros constructivos, enseñar a resistir cualquier tipo de presión social cuando ésta sea destructiva y ayudar a afrontar la tensión que puede suponer sentirse diferente al mantener el propio criterio.

María José Díaz-Aguado. Catedrática de Psicología de la Educación.

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