Los riesgos del piercing y los tatuajes

El “piercing” y los tatuajes son una práctica no exenta de riesgos que hay que conocer para poder prevenir.

Para unos, llevar un tatuaje o un aro en la nariz o en la lengua es un signo de distinción, de marginalidad o de pertenencia a un grupo, y para otros, un recurso más para embellecer su cuerpo. Por el contrario, sus padres probablemente no verán en ello más que una autoagresión al propio organismo (y no les falta razón). Sea como fuere, lo importante es que, cuando un chaval se plantee “decorar su cuerpo” con estos métodos, se tome un tiempo para pensar en las consecuencias antes de dar el paso, que conozca los riesgos que entraña su decisión y tome todas las precauciones para evitarlos.

Una práctica no regulada

Lo primero que debe saber es que la práctica del piercing y los tatuajes no está regulada sanitariamente de igual manera en todo el territorio nacional. Así que es fundamental asegurarse de que quien va a realizar el piercing o el tatuaje es un profesional con experiencia y conocimientos, y que su lugar de trabajo reúne las condiciones imprescindibles de higiene (ventilado, limpio, luminoso). Además, el profesional debe utilizar guantes quirúrgicos e instrumentos de perforación estériles, envasados y sellados, y desprecintados solo en presencia del cliente, lo que garantizará que son de un único uso. Otra cosa que ha de quedar clara es que en el caso de menores de edad es imprescindible la autorización de los padres, una exigencia que se saltan con más frecuencia de lo que pensamos muchos establecimientos. Exigir una factura por el pago de servicio es fundamental por si después hay que hacer alguna reclamación.

Una huella indeleble

Antes de tomar la decisión, también hay que tener en cuenta que tanto el tatuaje como el piercing, por muy pasajera que sea esta moda, son permanentes, es decir, que duran toda la vida. Es muy probable que con la misma desesperación que ahora quieren hacérselos deseen más tarde o más temprano quitárselos, porque hayan madurado, porque les cause problemas a la hora de encontrar trabajo o, simplemente, porque ya no se lleven. Pero dar marcha atrás no es fácil.

Adornos con riesgo

Los riesgos de las perforaciones y tatuajes son: Alergias: Las más comunes son las provocadas por los materiales de que están hechos los propios piercings. Infecciones: Cuando no se emplean técnicas estériles, se pueden introducir bacterias y virus en la corriente sanguínea, entre ellos el del tétanos, la hepatitis B y C e incluso el SIDA. Traumatismos: El piercing puede producir deformación del tejido, lesiones en los nervios, cartílagos y venas, dependiendo de la zona en que se realice. Hay partes del cuerpo, como la lengua, el ombligo, que están, además, más expuestas al arrancamiento, ya sea por el roce o porque el adorno puede quedar enganchado con facilidad en la ropa.

Precauciones básicas

Es importante: • No tener antecedentes alérgicos. • No estar cursando ningún tipo de enfermedad o infección en el momento de tatuarse o efectuarse el body piercing. • Tanto el piercing como el tatuaje se deben realizar sobre piel sana, sin quemaduras, reacciones alérgicas o enfermedades dermatológicas crónicas. • Hacer una buena higiene previa de la zona a tratar. Lavar con agua y jabón y algún antiséptico. • Después del tatuaje o la perforación hay que realizar las curas hasta que el proceso inflamatorio normal de la piel ceda. • Controlar la zona y recurrir enseguida al médico ante síntomas como fiebre, enrojecimiento, inflamación, dolor o molestias. • En el caso del piercing, es recomendable evitar las partes del cuerpo más sensibles. Los especialistas insisten en que la cara y el dorso de las manos son dos zonas que no deberían ni tatuarse ni perforarse.

C.P.

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