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Familia

Las manías de los niños

Morderse las uñas, hurgarse en la nariz, chuparse el dedo… son algunas costumbres que se inician en la infancia y que pueden conservarse hasta la edad adulta. Cuanto antes se erradiquen, mejor, pero con paciencia y cariño. Los agobios y las prisas en estos casos pueden ser perjudiciales.

No todos los actos repetitivos son preocupantes. Depende de la edad del niño, de las circunstancias en las que ocurre y de la reiteración con la que aparece. En muchas ocasiones se trata solamente de gestos que forman parte del lenguaje corporal del niño.

Cómo se adquieren

Uno de los motivos por los que un niño empieza a repetir un acto es por imitación. Si cerca de ellos convive una persona que, por ejemplo, guiña los ojos con frecuencia o se muerde las uñas, es probable que repitan los mismos gestos de forma inconsciente.
Otro de los motivos es la exteriorización de un malestar físico o psíquico. Ciertos gestos le ayudan a desahogarse. Puede hurgarse la nariz porque le duele o porque tiene algo en su interior que le molesta.
Otros hábitos comienzan porque son evolutivamente normales, pero si no agradan a sus padres y con ellos consigue que le presten mayor atención, su uso se afianza.

Cómo quitarlas

La mayoría de estas conductas desaparecen con la edad, pero hay excepciones. Suelen persistir cuando son producto de situaciones de gran ansiedad y cuando son reforzadas por los padres, bien porque en un principio les hizo gracia o porque con su preocupación le prestan al niño mayor atención.
No existen fórmulas matemáticas para quitarlas, aunque sí ciertas actitudes que ayudan a minimizarlas y a fomentar hábitos positivos, como, por ejemplo, ignorar la conducta del niño y desviar su atención hacia algo más útil que le mantenga las manos y la mente ocupadas.

En cualquier caso, hay que evitar regañar o castigar al niño. Criticarle o dejarle en ridículo puede hacer que el comportamiento empeore. Y no estaría de más recompensar al niño cuando demuestre autocontrol.
No obstante, igual que los hábitos tardan tiempo en instalarse, también tardarán algún tiempo en sustituirse por comportamientos alternativos.

Cuándo es un problema

Existen algunos hábitos que se adquieren a muy temprana edad y que incluso se consideran positivos, pero que en una etapa posterior son molestos, sobre todo si aumentan en frecuencia, y empiezan a preocupar.
En algunas ocasiones pueden llegar a producir lesiones corporales (como, por ejemplo, las malformaciones dentales, en el caso de succionar un dedo, o lesiones en los dedos si se muerde mucho las uñas). En otras, pueden convertirse en motivo de burla (por tratarse de conductas demasiado infantiles) o afectar a las relaciones sociales (por producirse con tanta frecuencia que se convierta en un comportamiento obsesivo). En estos casos los padres deberían consultar a un especialista.

Chuparse el dedo

Después del primer año de vida, la succión como reflejo desaparece y el niño suele chuparse el dedo como un acto de compensación frente al miedo, la inseguridad, la falta de adaptación al medio, por cansancio o aburrimiento.
Por lo tanto, si el bebé tiene más de un año y se chupa el pulgar, se debe trabajar directamente sobre las causas. Es más positivo hacer que se sienta seguro o proponerle actividades físicas que lo distraigan y mantengan sus manos ocupadas que regañarlo y quitarle la mano de la boca constantemente, ya que puede aumentar su ansiedad y reforzar esta conducta.
Enroscarse el pelo entre los dedos, morderse las uñas, succionar el chupete o la esquina de una sabanita o llevar siempre su objeto transicional son equivalentes a chuparse el dedo y deben tratarse de forma similar.

Tics

Constantes parpadeos, muecas, movimientos de hombros, carraspeos… Estos movimientos o sonidos repetidos de forma semiinvoluntaria no tienen finalidad consciente y son tremendamente indisciplinados.
Algunos padres piensan que el niño con tics hace tonterías o que lo hace a propósito y, al regañarle, no hacen más que aumentar su ansiedad, inseguridad y sentimiento de culpa. Lo único que a los padres los debe preocupar es si el niño sufre con su tic. Pero si el niño no se siente molesto, es mejor no hablar a todas horas del tema y esperar pacientemente a que se le pase.
El objetivo primordial es evitar que la condición se transforme en enfermedad, para lo cual es necesario fortalecer su autoestima, eliminar los tabúes y prejuicios y procurar neutralizar las conductas adversas del entorno.

Jugar con los genitales

Durante la primera infancia, los niños son curiosos por naturaleza. Exploran su cuerpo, juegan con los dedos de sus manos, con sus pies y también con sus genitales. Es una conducta totalmente normal.
En algunos niños es tan constante que hasta los padres más abiertos muestran cierta preocupación. Lo más recomendable es ignorarlo por completo. Lo más práctico es desviar su interés hacia una actividad más sociable y, si es necesario, retirarle la mano con suavidad. No hay que humillarle ni castigarle, y aunque nos incomode, no hay que darle mensajes negativos que asocien los genitales con suciedad, maldad o enfermedad.

Hurgarse la nariz

Es una mala costumbre que –como todo el mundo sabe– no es exclusiva de los niños, por lo que es posible que sea la consecuencia de imitar a los adultos. Algunos opinan que también puede que lo hagan porque les resulta agradable explorarla en momentos de aburrimiento.
Para evitar el problema es importante desviar su atención cuando lo intente y procurar que sus vías respiratorias estén siempre despejadas. Y, por supuesto, en cuanto tenga la edad adecuada (2-3 años), enseñarle a sonarse (cerrando una fosa nasal mientras se suena la otra) y a utilizar el pañuelo para esos menesteres.

Súplicas y gimoteos

Si el niño gimotea constantemente es porque le funciona. Hay que decirle que de esta forma no va a conseguir nada y por supuesto cumplirlo. Podemos enseñarle otras formas más correctas de hablar.
En cuanto a las súplicas, ocurre lo mismo. El niño averigua con rapidez los puntos débiles del adulto y sabe que es cuestión de tiempo conseguir lo que se propone. Los padres habilidosos pueden detenerle iniciando alguna actividad que le resulte interesante. Si esto no funciona, aunque la paciencia se vaya agotando, por lo menos hay que fingir que lo ignoramos. Seguramente el niño continuará, pero hay que mantener lo dicho. Y si todo esto no funciona, como último recurso, es muy útil sacarlo al aire libre, donde seguramente su hostilidad disminuirá.

Virginia González. Psicóloga.

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Las manías de los niños

En este artículo:

Morderse las uñas, hurgarse en la nariz, chuparse el dedo…

Manías por imitación.

Exteriorización de un malestar físico o psíquico.

Cómo quitar las manías

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