Artículos de especialistas. Artículos de Familia. Familias monoparentales: padre y madre a la vez |
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Las familias monoparentales, las formadas por un único progenitor con uno o varios hijos a cargo, van en aumento a medida que crece el número de divorcios y separaciones. Educar a los hijos, cuando se debe ejercer de padre y madre a la vez, es una tarea difícil, pero no imposible.
En España todavía el 80% de la población vive en grupos familiares, frente al 63% de los europeos, y, a pesar de nuestras bajas tasas de natalidad, seguimos siendo el país de la UE con menor número de hogares de una sola persona. Lo que le está ocurriendo a la familia española, es que se está transformando como consecuencia de los cambios demográficos, socioeconómicos y en el sistema de valores, y, junto a las fórmulas tradicionales, están apareciendo otras nuevas, entre las cuales la más numerosa es la de la familia monoparental, es decir, la formada por un único progenitor con uno o varios hijos no emancipados.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), este tipo de familias representa un 10% del total. La mayoría de ellas –un 90%– tiene al frente a una mujer.
Los hijos y el divorcio
El crecimiento de este tipo de núcleo familiar obedece al incremento de la cifra de divorcios y separaciones entre las parejas españolas, aunque también ha experimentado un considerable crecimiento el número de padres / madres sin pareja.
Aunque los hijos han sido tradicionalmente un freno en la decisión de muchas parejas de emprender el camino de la separación, cada vez son más las que piensan que es preferible afrontar los problemas que de ella puedan derivarse para los niños antes que someterlos al sufrimiento de vivir una situación familiar insostenible. Estar inmersos en un ambiente en el que las discusiones y peleas entre ambos progenitores son moneda corriente convierte a los niños en seres tristes y atemorizados, señalan algunos psicólogos, porque piensan que cualquier cosa que digan o hagan puede desembocar en una nueva disputa familiar. La separación puede poner fin a esa situación, pero no deja por ello de ser un proceso doloroso para los pequeños, más aún cuando los padres se embarcan en una batalla legal.
Según la fundación Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR), muchos padres, centrados en su enfrentamiento por cuestiones tales como la custodia de los hijos o la patria potestad, pierden de vista el aspecto que más preocupa a los niños: los efectos emocionales de su nueva situación familiar y el incierto futuro que se les abre con la ruptura. Afortunadamente, cada vez son más las separaciones que se solventan de mutuo acuerdo. En la actualidad, se resuelve así el 62% del total, pero hasta 1995 era mayor el número de las que desembocaban en la vía del litigio, que supone un factor desestabilizador adicional para los hijos.
Educar en solitario
Dos de cada 5 niños españoles viven en familias monoparentales. A diferencia de lo que ocurría hace unos años, los hijos de padres separados no son ya una rareza, lo que contribuye a que no se sientan estigmatizados por sus circunstancias familiares. Otra cosa es el peso de su crianza y educación, que suele recaer en la práctica en tan solo uno de los progenitores.
Mayor fuerza
El afecto y la flexibilidad, por un lado, y la autoridad y la norma, por otro, son ingredientes básicos de la educación en el ámbito familiar que se reparten o intercambian ambos progenitores. En ausencia de uno de ellos, ambas funciones debe representarlas siempre la misma persona, una tarea que, sin ser imposible, exige mayor esfuerzo que cuando es compartida.
Además, en soledad, aumentan las dudas. Para gran número de mujeres separadas con hijos a su cargo, la tarea de suplir la ausencia diaria del padre desemboca con frecuencia en ansiedad. El “¿lo estaré haciendo bien?” es una pregunta que se plantean con más asiduidad las mujeres que los varones, de acuerdo con los psicólogos especializados en temas de familia. La angustia aumenta, muchas veces, por el sentimiento de culpa que sienten estas madres a causa de la ruptura familiar, lo que les impulsa a volcarse aún más en la crianza de sus hijos, a los que dedican todo el tiempo que les deja libre su trabajo.
Los varones viven estas circunstancias de forma menos angustiosa. Un padre solo con hijos a su cuidado es más fácil que encuentre tiempo para sí mismo o para relacionarse con los demás. Y en mayor proporción, rehacen su vida junto a otra persona.
La situación se agrava cuando, fruto de esa nueva unión, nacen otros hijos, unos hermanos que los desorientan y que, a menudo, los hacen sentirse desplazados. Pero los malos momentos pueden ser meramente transitorios, y los niños acabarán superándolos siempre y cuando sus padres les demuestren que los quieren y que, como antes, siguen siendo tan importantes para ellos.
Ante la separación
Los psicólogos recomiendan a los padres que han tomado la decisión de separarse comunicárselo cuanto antes a sus hijos, eligiendo la forma y palabras más adecuadas para la edad de los niños. Si tienen menos de 8 años, se les dirá simplemente, según recomienda el psicólogo Miguel Silveira, que su papá y mamá se separan porque ya no se sienten tan a gusto juntos como antes. Si son mayores, las explicaciones pueden ser más amplias, añade Silveira en su libro A educar también se aprende (Alba Editorial), porque han adquirido ya la suficiente madurez para entender lo que sucede.
En ambos casos, el cariño debe presidir la tan temida conversación, que conviene que incluya la información necesaria sobre cómo les va a afectar la nueva situación familiar.
Además, los psicólogos recomiendan a los padres atenerse a las siguientes pautas para que el siempre penoso proceso de la separación tenga los menores costes posibles para los niños:
• No utilizarlos nunca como objeto de disputa.
• Evitar su comparecencia como testigos durante el proceso, tanto dentro como fuera del juzgado.
• No utilizar nunca una pregunta del niño para culpar de la separación al otro cónyuge.
• Rechazar los sentimientos de culpa, tanto los propios como, más importante aún, los que puedan asaltar al niño. Hay que hacerle comprender que, en ningún caso, la responsabilidad de la ruptura es suya.
• Tras la separación, la educación sigue siendo una tarea compartida, de manera que en uno y otro hogar deben mantenerse las mismas normas.
Paz Hernández
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