Los entuertos, contracciones posparto

Nueve preguntas sobre los entuertos

«No se preocupe, solo son los entuertos». Esto es lo que te responderá el médico si te quejas de las contracciones que sufres en los días siguientes al parto. Pero ¿por qué se producen estos dolores? ¿Cómo calmarlos? Jacques Lansac, ginecólogo y obstetra nos lo explica.

Los entuertos posparto embarazo 


1. ¿Por qué las contracciones que se producen después del parto reciben el nombre de entuertos?

El término viene del verbo latino torcer y está recogido en la palabra “retortijón”, con la que las mujeres suelen referirse a los espasmos abdominales que sienten después de dar a luz.

 2. ¿De dónde vienen esos dolores?

Los entuertos ocupan un lugar destacado entre las diversas y variadas molestias que se producen tras el parto. Son solo fuertes contracciones uterinas que se manifiestan en el tiempo de descuento. Pero no están ahí simplemente para hacerte sufrir de forma gratuita. Los entuertos tienen su razón de ser.
De hecho, estas contracciones son triplemente útiles:
En primer lugar, justo después del parto, facilitan el cierre de los vasos sanguíneos del útero que hasta entonces regaban la placenta. Si permanecieran abiertos, podrías sufrir una hemorragia. Al no recibir flujo sanguíneo, esos vasos van reduciéndose durante varios días hasta convertirse en simples capilares.
En segundo lugar, estas contracciones ayudan a que el útero, que al final del embarazo mide 30 centímetros, recupere su tamaño original, el de un higo grande.

Y, en tercer lugar, «limpian» el útero: expulsan pequeñas secreciones y coágulos que provocan unas hemorragias llamadas loquios. En general, los entuertos llevan a cabo esta triple misión en tres o cuatro días, aunque a veces tardan hasta una semana.

3. ¿Cómo son los dolores de los entuertos?

Son intermitentes y se producen en descargas. Se parecen más a los dolores de la regla que a los del parto y pueden irradiar hacia los riñones.

 4. ¿Por qué en cada embarazo son más dolorosos?

Es posible librarse de los entuertos tras el primer parto, pero casi nunca después del segundo o el tercero. Como las fibras musculares están más blandas, el útero aumenta de volumen en cada embarazo. Luego, para recuperar su tamaño original tras el alumbramiento, el útero necesita cada vez más fuerza y contracciones más numerosas e intensas.

 5. ¿Por qué algunas mujeres sienten más dolor que otras?

Porque no todas las personas tienen la misma sensibilidad al dolor, no lo perciben de la misma forma. Es una experiencia muy personal y subjetiva. Este hecho queda patente en los casos de parto con analgesia controlada por la paciente: se administra la epidural, pero es la futura madre la que decide cuándo aumentar las dosis de anestesia apretando una perilla. Algunas mujeres consumen grandes cantidades de analgésico mientras que otras apenas lo solicitan. 
El efecto sorpresa –más bien negativo en este caso– también puede influir, especialmente en un parto con epidural. Si se ha administrado pronto, los dolores del parto pueden haber pasado casi inadvertidos. Entonces, cuando la mujer regresa a la habitación tan satisfecha con su bebé, convencida de que bien está lo que bien acaba, de pronto le asaltan por sorpresa esos espasmos dolorosos y le cuesta aceptarlos. Por último, un aviso a las más nerviosas: se cree que la ansiedad es proporcional a la percepción del dolor.

6. ¿Por qué son más fuertes en las mujeres que dan el pecho?

La culpa la tiene una hormona, la oxitocina, especialista en contracciones a todos los niveles. Cuando el bebé mama, la estimulación de los pezones hace que la hipófisis, que se encuentra en el cerebro, secrete esta hormona. La oxitocina entra inmediatamente en acción, provocando la contracción de las fibras musculares situadas alrededor de los conductos mamarios que impulsan la leche. Y, al mismo tiempo, causan la contracción de las fibras musculares uterinas. Por eso, al dar de mamar al bebé, a menudo se producen entuertos.
Así que ya lo sabes: si amamantas a tu hijo, las contracciones posparto seguramente serán más fuertes… pero también más eficaces para recolocar al útero en su lugar y ayudarte a recuperar un vientre plano.

 7. En caso de cesárea, ¿los entuertos pueden dificultar la cicatrización?

Afortunadamente, no. En una intervención quirúrgica para hacer posible el nacimiento del bebé, el médico hace una incisión en la parte inferior del útero, donde la pared es más delgada, de un grosor no mayor de 1 centímetro, frente a los 3 o 4 de la parte superior. Por suerte, la parte baja donde está la cicatriz no se contrae durante los entuertos, solo la parte alta sufre los espasmos. Así nada entorpece la cicatrización ni tira de los puntos.
El único problema para las mujeres han tenido una cesárea es que acumulan dos tipos de dolores abdominales. A los dolores rítmicos de los entuertos se suma el de la cicatriz, que es constante, ya que está provocado por los músculos afectados, sensibilizados por la incisión.

 8. ¿Cómo aliviar los entuertos?

En primer lugar, con medicamentos. El médico puede recetarte un antiespasmódico tipo Spasfon. Sin duda te recomendará un analgésico, probablemente paracetamol, que deberás tomar media hora antes de cada toma, si das el pecho. En raras ocasiones, se recurre a un betamimético, un medicamento que se utiliza en caso de peligro de parto prematuro para inhibir las contracciones uterinas.
Una buena solución es retomar los ejercicios de respiración del curso de preparación al parto: todo lo que ayude al relajamiento y distensión muscular va en la buena dirección y disminuye la sensación de dolor. Y no te olvides de orinar de forma regular: la vejiga llena puede ejercer presión sobre el útero y desencadenar las contracciones.
Además, hay otros trucos que pueden ayudarte, como acostarte boca abajo colocando una almohada a la altura del bajo vientre, darte masaje entre el ombligo y el pubis –donde se encuentra el útero- dibujando pequeños círculos en el sentido de las agujas del reloj o tomar una ducha caliente.

9. ¿Cuándo hay que preocuparse?

Si no consigues calmar esos dolores abdominales de ningún modo y en lugar de disminuir aumentan con el paso de los días, no dudes en acudir al médico.
Especialmente si tienes más 38,5 ºC de fiebre, los loquios aumentan en lugar de disminuir o detectas un olor muy desagradable en las pérdidas. Pueden ser síntomas de una infección uterina. Cuanto antes la trates, antes te librarás de ella.

Isabelle Gravillon © Enfant Magazine

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