El papel del padre después de nacer el bebé

Qué es ser padre y que procesos conlleva

Yo empezaría cuestionando la conveniencia de distinguir funciones de padre o madre tras el nacimiento del bebé. Me gustaría dar a esta circunstancia un enfoque más de ”trabajo en equipo” que de asunción de roles basados en patrones, generalmente, culturales.

Por ello ambas partes del equipo son fundamentales para el crecimiento del niño. Tanto la madre como el padre en su labor de ser padres formarán al niño y lo acompañarán hasta ser adulto.

Qué es ser padres

padres

 El nacimiento de nuestro primer hijo, el paso de “pareja” a “familia”,  es una transición que va a modificar las condiciones de nuestra vida, en general, y de nuestra relación de pareja, en particular.  Así pues, una vez que llega el bebé, hemos de aceptar lo antes posible que las cosas ya no son como antes y dedicar nuestros esfuerzos a adaptarnos a las nuevas condiciones. 

Estos cambios implicarán, por un lado, esfuerzo y sacrificio, pero también mucha gratificación. Todo depende de una lectura adecuada del evento y sus implicaciones, así como de un abordaje en equipo y centrado en soluciones. En esta tarea estamos implicados padres y madres por igual.

Las bases para abordar con éxito la paternidad son, desde un principio, entender que se trata de un proyecto común, la comunicación fluida y la cooperación con nuestra pareja, y la proactividad a la hora de asumir y delegar funciones, tanto de cara al bebé, como a nuestras vidas y las de nuestras parejas.

El período de adaptación en la paternidad

Nada más nacer el bebé, pasamos por esa fase de inseguridad que acompaña a todo cambio importante en sus primeras etapas. Puede aparecer miedo a no ser buenos padres o a cómo va a cambiar nuestra vida. Que nos sintamos inseguros, aceptémoslo, no implica que deleguemos el cuidado del bebé en ellas. Estamos perfectamente capacitados para asumir cualquier responsabilidad al respecto. 

Quizás en esta fase sería conveniente orientar nuestros esfuerzos también al área de las tareas de casa, sin desatender al bebé, puesto que la mamá estará aún convaleciente y, casi seguro, será la encargada de alimentarle. Posteriormente no veo motivos para que no haya un reparto más equitativo de funciones. 

En esta línea, también sería conveniente buscar momentos en los que el bebé esté durmiendo o tranquilo para expresar a nuestra pareja que estamos ahí y que la queremos y apoyamos, y viceversa, fortalecerá los vínculos entre los dos y nos hará sentir más seguros ante la incertidumbre de la nueva situación. 

El período de normalización en la paternidad

Ya se ha establecido el vínculo con nuestro hijo y hemos ganado confianza en su cuidado. Podemos empezar a atender otras prioridades: pareja, amistades, autonomía, ocio, trabajo,que han quedado en un segundo plano. Salgamos a cenar, paseemos juntos, salgamos con amigos juntos o por separado, quedemos a jugar al tenis mientras el otro se queda con el bebé, etcétera.

Ser buen padre o buena madre no implica estar todo el tiempo con o preocupado por el bebé. Es atender sus demandas de una forma equilibrada y de calidad sin olvidarnos de que nosotros también formamos parte del juego, de que también tenemos demandas que hemos de atender.

Es muy importante que no perdamos nuestra identidad para ser únicamente “padres de”. Esa es una parcela importante de nuestra vida, pero no es la única. Todas han de estar equilibradas, según nuestro orden de prioridades, pero equilibradas al fin y al cabo.

Antonio Cruz. Psicólogo y padre

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