Cambios en la sangre durante el embarazo

¿Qué cambios se producen en el sistema circulatorio de la madre durante el embarazo?

Durante el embarazo todo el cuerpo de la mujer se adapta para albergar y nutrir la vida que lleva en el interior: las hormonas, la respiración… y, por supuesto, la sangre. Esto sucede porque la sangre de la madre tiene la función primordial de portar el alimento que ha de llegar al bebé, junto con el de eliminar todos los desechos que se producen en el proceso gestacional. Así, ha de modificarse hasta ser capaz de cubrir totalmente estas necesidades del feto, con la mediación de un órgano que se crea únicamente para ello: la placenta.

Volumen, flujo y composición
Si normalmente el volumen de sangre en el cuerpo de una persona es de unos 4 o 5 litros, el de una mamá aumenta en un litro y medio aproximadamente, haciéndolo mediante el aumento de plasma (la parte líquida). Para poder albergar esta mayor cantidad todos los vasos sanguíneos se dilatan.

Circulación
La famosa hinchazón de piernas durante el embarazo sucede por la presión que ejerce el útero a medida que crece sobre las venas y capilares que tiene a su alrededor, pues deja fluir una menor cantidad de sangre hacia el corazón. Para tratar de disminuir este efecto se recomienda hacer ejercicio y mantener las piernas en alto siempre que sea posible.

La vena más importante que pasa por esa zona es la vena cava inferior, pues recoge todo el volumen de flujo que llega desde las extremidades inferiores y lo lleva hasta el corazón. Esta vena pasa por la derecha del útero, de manera que ante los problemas de circulación lo mejor es evitar acostarse sobre la espalda y el lado derecho. Así, la mejor postura es tumbarse de lado sobre la cadera izquierda.

Pulso y tensión arterial
Durante el embarazo la frecuencia cardiaca de la madre se acelera entre 10 y 15 latidos por minuto, también durante el sueño, e incluso algo más en caso de que sean gemelos. Así el pulso de una embarazada suele oscilar entre 60 y 90 latidos por minuto. Esto sucede porque el corazón late más deprisa al tener que bombear ese flujo sanguíneo adicional que se da para poder mantener al feto.

En cuanto a la tensión, ésta baja durante el primer trimestre y segundo trimestre del embarazo debido a la dilatación de los vasos sanguíneos, aunque al acercarse el término de la gestación vuelve a sus valores comunes. Un dato a tener en cuenta es que la presión sistólica nunca debe ser superior a 140 mm de mercurio en sangre, ni la sistólica inferior a 90.

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