Enseñar a los niños a tener paciencia en Navidad. Educar en valores

Educar en el valor de la paciencia en Navidad a los niños

La agitación, las decoraciones de Navidad, los nuevos olores en la casa y en las calles... son elementos que apasionan a los más pequeños y que les ayudan a esperar la llegada de las fiestas.

La Navidad es una buena ocasión para enseñarles a disfrutar del momento presente y de vivir juntos el tiempo que pasa. Además, durante las fiestas navideñas puedes inculcar a tus hijos el valor de la paciencia.

Educar a los niños en el valor de la paciencia

Educar a los niños en el valor de la paciencia

Ya en la Antigüedad, estas fechas eran muy esperadas y celebradas, pues marcaban la llegada de los días más largos que las noches y el regreso de la luz. Y cuanta más luz había, mejor eran las cosechas y más abundante el alimento. La Navidad simboliza ese regreso a la luz tan esperado, ese renacimiento. Es el período de la esperanza en un día mejor. En los ritos cristianos, esa esperanza se concreta en el nacimiento de un niño, portador de todas las esperanzas.

Para un niño o una niña, esperar a que llegue la Nochebuena es aprender a tener paciencia. De hecho, ese aprendizaje empieza muy pronto, cuando se separa de sus padresdurante el día.

El bebéaprende poco a poco que, aunque sus padres no estén allí, no han desaparecido. Y, si de pronto deja de tener algo, no significa que esa cosa ya no exista. Como la luz, que renace después de apagarse. Eso también es esperanza. El niño vive en el presente, se impregna de lo que le rodea.

Durante los preparativos de la fiesta, percibe los cambios en el decorado, las palabras que se intercambian, las emociones de cada cual, la alegría y los placeres compartidos. Para él, esperar también es vivir intensamente cada instante y alegrarse de lo que va pasando. Lo que comparte con alegría en ese momento, querrá perpetuarlo cuando sean un adulto, con sus propios hijos.

El niño también aprende a esperar con otros a su alrededor. Percibe que todos comparten algo por igual y comprende que todos tienen las mismas obligaciones. Incluidos los mayores, sin que por ello se ponga en entredicho su “calidad de adulto”.

Es algo que da seguridad al niño en su deseo de crecer. Jalonar el tiempo de citas y rituales como el del calendario de adviento o las velas que se van encendiendo cada semana antes de Navidad, permite a los niños materializar el tiempo. Para ellos, es una materialización de lo abstracto. 

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