Aprende cómo decir 'no' a los niños

Tan impopular entre los niños como beneficioso; tan difícil de esgrimir como necesario...

Las razones del no

¡Qué más quisiéramos los padres que poder acceder siempre a las peticiones de nuestros pequeños! Sabemos que concederles sus deseos lleva asociada la felicidad instantánea. Sabemos, también, que negarles la satisfacción puede implicar protestas, rabietas o, por lo menos, caras largas. Y, no obstante, lo que los hijos quieren no siempre puede ser ni siempre debe ser.

¿Por qué no? El niño debe ser escuchado y considerado y, cuando lo que desea es posible, razonable y está bien formulado, ha de obtenerlo. Así confiará en las posibilidades del diálogo para satisfacer sus intereses. Sin embargo, a veces por impedimentos reales, a veces por inconvenientes nuestros, a veces por cuestiones de seguridad o de salud y a veces por evitar molestias a otras personas, hay que negarle lo que quiere. 

El no educa para la libertad

Decimos no porque sabemos que no estaríamos ayudando a nuestro hijo si lo convirtiéramos en un niño «consentido»: sería alguien sin capacidad de autocontrol, porque es la limitación exterior lo que, en los albores de la vida, permite aprender a dirigir la propia conducta. Se volvería exigente con los demás y egoísta. Se acostumbraría a ser el centro de las atenciones de los demás, como si la obligación de estos fuera satisfacerle. Cuando decimos no, educamos para la libertad: ayudamos al niño a depender menos de lo externo para ser feliz, y será más libre de mayor si ha aprendido a conectar con sus necesidades auténticas prescindiendo de la satisfacción de muchos deseos inmediatos.

Beneficios a corto y largo plazo 

Decir no siempre que haga falta y sin sentimiento de culpa tiene efectos muy beneficiosos, tanto a corto como a largo plazo. Los niños acostumbrados a no ver satisfechas todas sus demandas se relacionan mejor con sus iguales, dado que toda relación de amistad equilibrada implica pactos en los que cede ahora una parte, ahora la otra.

El beneficio a largo plazo es la seguridad. Los niños cuyos padres saben contestar no con tranquilidad pueden sentir que tienen cerca a alguien con la fuerza necesaria para protegerlos: sin saberlo, perciben que hay alguien capaz de imponer su autoridad y que, por tanto, en un momento crítico, será lo bastante fuerte como para que ellos estén seguros. La tranquilidad
y la seguridad del niño son fundamentales para una personalidad estable. 

Sólo cuando es necesario

Algunos noes responden a inercias aprendidas que, más que limitar con sentido, cortan las alas cuando no haría falta. Nuestras negativas tendrán más valor si son pertinentes y los niños comprenden su sentido. Puede que tengamos que revisar algunos de nuestros miedos y desaprender algunas cosas que nos limitan absurdamente. Antes de decir imperativamente «No te subas aquí, que te vas a caer», por ejemplo, haremos bien en meditar la posibilidad real de caída y, si es moderada, advertir: «Si te subes aquí arriba, agárrate fuerte porque, de caerte, te harías mucho daño». Hay que argumentar las negativas para ayudar a los niños a ver su sentido. Los argumentos se pueden referir a sus necesidades o a las nuestras: «A mí no me gusta» o «No me va bien» son razones tan válidas como «No puede ser» o «No te conviene». Lo único importante es que las razones sean ciertas. Y hemos de expresarlas con tranquilidad y firmeza, recordando en todo momento que aceptar la frustración es un valioso aprendizaje.  

Texto: Alba Castellví para Caracola 311, febrero 2017.

Libro Educar sin gritar 


Autora:
Alba Castellví Miquel

Editorial: Cuadrilátero de libros  

 

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