La lectura de padres a niños de 1 a 3 años

Consejos para que los padres acerquen a sus bebés a la lectura

A un niño que empieza a dar los primeros pasos por la vida, se le puede ayudar a dar sus primeros pasos por la lectura ofreciéndole libros para que los mire, los toque, los chupe o los muerda, y contándole los primeros cuentos con afecto y ternura. Durante toda su vida, asociará la lectura a estos momentos.

Cuando hay un cuento de por medio, entre un bebé y su madre o su padre, se produce una comunicación riquísima. La madre de Pedro, un bebé de 20 meses, nos cuenta su experiencia.

¡Pedro vive su libro!

bebé lee libro de tela en el suelo

Pedro gatea por la moqueta. Yo estoy sentada en el suelo, cerca de él. De pronto, se levanta, se dirige al cesto de los juguetes y coge un cuento. Muy decidido, me lo pone entre las manos con una orden muda, terminante, que yo adivino enseguida: «¡Lee!». Obedezco encantada. «El pequeño Leo espera a su papá, en cuanto lo vea venir correrá a esconderse». Pedro se ha situado entre el cuento y mis brazos y pega la nariz a la página.

Lo que más interesa en un libro para los niños

Mi hijo me señala con el dedo lo que más le interesa: el monito de peluche del niño, que espera también al papá de Leo sentado junto a la ventana. Pedro se ríe. ¿Qué le divertirá tanto, el mono? Me pregunto si Pedro diferencia un ser real de un muñeco. De un tirón, me quita el libro, lo sacude y me lo vuelve a dar:«¡Sigue!», me indica con la cabeza. Él sabe que, si observa este pequeño objeto, el libro, yo le descubriré toda la historia. Continúo: «Leo sopla sobre el cristal. ¡Oooh, ahora parece que hay niebla!». Creo que es difícil que comprenda lo que es «la niebla» aunque aparezca en la ilustración. Pero a Pedro no le preocupa lo más mínimo y repite: «¡Oooh!». Está fascinado por el sonido «o» y exagera todo lo que puede la redondez de su boca para pronunciarlo. Luego, sopla como una locomotora hasta que nos entra la risa a los dos. «Leo limpia rápidamente el cristal para ver si llega su papá». Pedro da la vuelta a la página, tiene prisa por saber lo que pasa. Pero la imagen ha cambiado: ahora, tenemos a Leo detrás de la ventana, como lo vería su papá desde la calle. El cambio de plano le ha desorientado, y pasa a la página siguiente.

Pero el papá no llega. «Leo dice: –¡Oooh, ha salido la Luna! ¿Y mi papá dónde está?». Pedro suelta un torrente de palabras. Está inquieto. ¿Y si no vuelve? ¿Es que Leo (o Pedro...) ha sido malo hoy, y por eso no viene su papá? Pedro se desliza como un gato y me deja plantada para abalanzarse sobre sus juguetes. Está claro que la lectura ha terminado. ¡Qué pena, me hubiera gustado llegar hasta el final para que el niño no se hubiera quedado con esa sensación de angustia! Pero no debo insistir. Luego, me doy cuenta de que Pedro juega a esconder sus juguetes y a encontrarlos con un «¡oh!» de sorpresa. Me parece que intenta superar este «mal momento». Sí, a los pocos minutos, me vuelve a traer el cuento...

En la última página, anuncio a bombo y platillo: «¡Aquí está papá!», cosa que Pedro ya había descubierto a través de la ilustración. ¡Alivio general!, para mí, para Pedro... y para Leo que echa a correr con su mono. Porque Leo no se contenta con la llegada de su papá, quiere jugar a esconderse. Ahora, papá (que ha estado «escondido» tanto tiempo) va a tener que buscarlo a él.

Después de tantas emociones, Pedro se ha quedado medio dormido sobre mi pecho, con el cuento en la mano. Me siento satisfecha de la sesión de lectura porque parece feliz. Pero Pedro es incansable, abre un ojo, me da el cuento y me ordena a su manera, sin palabras: «¡Lee!». ¿Otra vez? «¿No prefieres otro cuento, cariño?». Quiere exactamente el mismo. Hasta tal punto que, cuando me equivoco al leer y digo: «¡Aaah, ha salido la Luna!», Pedro me corrige furioso: «¡Oooh! ¡Oooh!». No puedo cambiar ni una sola letra. Por cierto, ha llegado papá, y Pedro en sus brazos intenta contarle el cuento.

10 ideas útiles para padres

1. Cuando leas un cuento a un niño, tómate el tiempo necesario.

2. Siéntalo a tu lado. Lectura y ternura unidas.

3. Cuando te pida que le leas un cuento, no lo hagas esperar. Atiéndelo lo antes posible.

4. No le impongas una lectura si no le apetece.

5. No cambies las frases de un cuento que ya has leído. A él le gusta escuchar exactamente la misma historia, lo necesita.

6. Durante la lectura, «no borres» las palabras que te parezcan demasiado difíciles para él. Le permitirán ampliar su vocabulario. Y las palabras «misteriosas» alimentarán su imaginación.

7. No le expliques todo lo que pasa en la imagen. Déjalo descubrirlo.

8. Déjalo tocar sus libros cuanto le apetezca, aunque los estropee. Pero enséñale antes a quererlos. Poco a poco, aprenderá a respetarlos.

9. Aunque estés convencido de que es un superdotado, no intentes enseñarlo a leer ahora. Es una enseñanza que tiene su momento, y no se deben saltar etapas.

10. Para él y para ti, la lectura debe ser un placer compartido.

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