¿Es pequeño para la custodia compartida?

Qué hacer para que la custodia compartida funcione

Está decidido: su padre y tú os vais a separar. ¿La custodia compartida es una buena solución para el niño? Sí, siempre que sea progresiva.

¿Es pequeño para la custodia compartida?


Para que un niño pequeño pueda vivir a caballo entre las dos casas, hay que tomar muchas precauciones. El éxito de la residencia alterna radica en la relación de dependencia que el padre y la madre construyan a diario con su hijo. 

Por qué la custodia compartida es más difícil para los más pequeños

Hasta los 24 meses, el niño se encariña de los adultos que se ocupan más a menudo de él. Esta relación, que se teje a lo largo del tiempo a través de los contactos físicos y los olores familiares, le permite desarrollarse. Actualmente, se admite que el bebé se encariña de los dos progenitores, pero existe una jerarquía: la madre es el primer referente de seguridad del niño hasta los 2 años.

Los lazos afectivos exigen una cierta continuidad, puntos de referencia fijos en su vida. Cuando los padres se separan, el niño que va de una casa a otra pierde las referencias si los progenitores no respetan sus costumbres. El bebé puede sentirse inseguro cuando cambia de lugar de manera prolongada.

A esta edad, es demasiado pequeño para comprender lo que pasa. No dispone de todas las capacidades cognitivas para poder manejar las separaciones. El niño todavía no puede guardar en la memoria la imagen tranquilizadora de su madre más de unos pocos días. Si se aleja de ella demasiado tiempo, puede sentir que la ha perdido.

Cómo lograr que la custodia compartida funcione

A pesar de todo, la custodia compartida es posible e incluso importante para que el niño establezca relaciones sólidas con los dos progenitores. Sin embargo, aún no es posible la residencia paritaria (que el pequeño pase el mismo tiempo en casa del padre y de la madre).

Buscad el ritmo adecuado. Es mejor que el bebé viva en casa de uno de los dos (generalmente en la de la madre), con separaciones más bien cortas. Introducid la alternancia poco a poco. Un cambio demasiado brusco puede crear un sentimiento de inseguridad en el niño.

Dejad que viva primero en un solo lugar durante un tiempo. Luego, progresivamente, puede pasar una noche (más adelante dos) en casa del otro progenitor. Pasar la noche (y no solo el día) permite al niño compartir con su padre la hora de acostarse y el despertar, que son momentos fundamentales para crear un vínculo afectivo con él.

Cuando el niño tenga 3 años, podréis establecer alternancias de tres o cuatro noches.

Mantened siempre las mismas costumbres en las dos casas. Sed muy estrictos en este punto, sobre todo mientras es pequeño. El peluche, la lectura antes de dormir o la hora del baño tienen que ser iguales en las dos casas. Habladlo entre vosotros. Vuestros problemas de adultos no deben afectar a vuestro hijo. Conservad un mínimo de comunicación en aras de su bienestar.

¿Necesitáis ayuda?

Si estáis un poco perdidos y no sabéis si la solución que habéis escogido es la mejor, hablad con el psicólogo. Aseguraos primero de que está de acuerdo con el principio de la custodia compartida. Si está en contra, hará todo lo posible por disuadiros. Si no tiene prejuicios, examinará al niño con cada uno de los padres y evaluará el impacto de la residencia alterna en el desarrollo psíquico.

Noémie Colomb con Gérard Poussin, catedrático de psicología.

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