Momentos de tranquilidad

Los niños han de disfrutar de periodos de calma

Los niños en la primera infancia son muy dinámicos. Se sienten atraídos por todo lo que les rodea y quieren hacer cosas continuamente. Los padres procuran ofrecerles todo tipo de estímulos y les proponen un sin fin de actividades para estimularles, pero enseñarles a encontrar periodos de tranquilidad es también muy positivo para ellos.

Tomarse un paréntesis
Aunque el niño puede no saberlo, también necesita momentos de calma. Pueden ser tan sólo unos minutos o periodos más largos. La duración depende de la edad y personalidad del niño y además de la organización familiar. En cualquier caso hay que aprender a disfrutar de estos instantes, por cortos que sean. Será reconfortante un buen baño, una deliciosa cena, un paseo tranquilo o la narración de un cuento, sin tratar de terminar con rapidez pensando en todo lo nos queda por hacer.

Momentos sosegados
En estos momentos se ha de palpar la tranquilidad, se ha de sentir un bienestar en el que el corazón no se acelere en cada momento, se ha de sonreír más que reír a carcajadas, se han de despertar las emociones de una manera suave y delicada… Se trata de pasar un rato sereno y agradable. Y conseguir un ambiente tranquilo es imprescindible. El ruido, las luces potentes o los gritos, crean un clima de tensión. En casa puede ayudarnos apagar el televisor, poner música suave, tomar una bebida relajante, y sobre todo un clima de cariño.

Percibir el mundo
Hay que enseñar al niño a disfrutar de las delicias sensoriales del mundo que le rodea; a encontrar armonía con la naturaleza disfrutando con la puesta de sol, el sonido de los pájaros, el olor de la tierra mojada o el sabor de los frutos; a sentir las caricias, los besos y los abrazos interminables; a perder la noción del tiempo absortos en el juego sin que se le interrumpa con continuas sugerencias; o a zambullirse en la maravillosa historia de un cuento.

La utilidad de las rutinas
La regularidad en el desarrollo de la jornada le proporciona al niño mucha seguridad. Cuando el niño conoce y comprende como se desarrolla el día –comidas, aseo, sueño, juegos…- le ayuda a orientarse en el tiempo y a tener puntos de referencia claros. –De este modo, cuando va a existir algún cambio y se le explica al niño con la antelación suficiente, no se desorientará ni se alterará.

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