Mi hijo no para quieto

Preguntas y reflexiones

No es de los que se divierten en un rincón: tu hijo tiene energía para dar y tomar. ¿Es un signo de vitalidad o el síntoma de un problema que hay que resolver? Antes de que el problema te supere, tómate un respiro para reflexionar.

Mi hijo no para quieto

¿Cómo se manifiesta su inquietud?

  • El hecho de no poder salir de casa porque llueve se convierte en una pesadilla. Y los deberes son un desafío diario a pesar de las reiteradas advertencias.
  • «Vaya, nunca lo invitan al cumpleaños de sus compañeros». El caso es que le gusta jugar, pero tiene tanta energía que, al final, el juego acaba degenerando y los demás niños optan por rehuirlo.
  • La profesora te cita por tercera vez. Conoces la cantinela: sus resultados son flojos a pesar de que es un niño despierto y capaz.

¿Se mueve demasiado? Tenlo todo en cuenta

No llegues de forma apresurada a la conclusión de que tu hijo es hiperactivo. Esta palabra, demasiado manida, hace referencia a una patología compleja y menos corriente de lo que se cree. Obsérvalo bien. Vives a su lado y tu percepción es fundamental para ayudar al pediatra o al médico de cabecera.
  • Es impulsivo. No espera su turno para jugar, empuja a los compañeros en el recreo, es brusco…
  • No para quieto. Si su deseo de moverse no se calma con nada, puede tratarse de un síndrome de hiperactividad motriz.
  • Esta deprimido. Si está alterado por una situación difícil, tu hijo puede padecer una depresión que se traduce en una agitación extrema. La ansiedad provocada por el miedo a fallar o por cualquier otra angustia puede tener efectos similares.
  • Es precoz o superdotado. Estos niños comprenden todo enseguida, se aburren esperando a que acabe la clase y pueden incordiar para distraerse.
  • Es hiperactivo. Tu hijo es incapaz de concentrarse: es casi un milagro que consiga leer un cuento durante más de cinco minutos. Este comportamiento, que denota un déficit de atención, puede ayudar a diagnosticar un verdadero problema de hiperactividad, al que a menudo se suman, en los chicos, la impulsividad y la hiperactividad motriz.
El problema suele detectarse hacia los 6 años o al principio de la Educación Primaria, cuando el niño no consigue adaptarse a las nuevas obligaciones escolares.

¿Se mueve demasiado? Hazte las preguntas adecuadas antes de acudir al médico

Antes de que la vida familiar se convierta en un infierno y de que tu hijo sea marginado en el colegio, acude sin falta a tu médico o a su pediatra y plantéale el problema de tu hijo.
  • ¿Es un niño con mucha energía o tiene un comportamiento insoportable? ¿Necesita simplemente una cierta dosis de actividad o siempre está agitado?
  • ¿Es brutal o atento cuando quiere? Si es atrevido con los compañeros pero paciente y minucioso para construir una maqueta, no tiene por qué ser un impulsivo.
  • ¿Está siempre en las nubes o se concentra a ratos? Si se porta mal en clase, pero es capaz de dibujar durante más de una hora, no se puede hablar realmente de déficit de atención.
  • ¿Desde cuándo es tan revoltoso? ¿Ha sido siempre un niño tan movido o es un cambio que ha experimentado después de un divorcio o tras una mudanza? La respuesta ayuda a los médicos a detectar un posible problema de ansiedad o depresión.

Una solución para cada perfil

Tras un examen en profundidad, el facultativo propondrá una estrategia más o menos completa. Tanto si tu hijo es simplemente revoltoso, impulsivo, ansioso o realmente hiperactivo, puedes seguir estos consejos para que el día a día con él sea mejor.

  • Lleva al niño a la piscina. Retozar en el agua es sensacional. Es una solución aún más aconsejable si vive en un piso y no puedes dejarlo brincar a su antojo.
  • Salva los escollos. No te lo lleves de compras al supermercado o a una comida familiar interminable.
  • Establece unas normas claras de comportamiento para darle seguridad. “No te levantes de la mesa sin permiso, no dejes los juguetes por en medio de la habitación…” Si pregunta por qué, dile: “Porque así debe ser”. La firmeza es una cortapisa estructuradora. 
  • Anima a tu hijo. Compensar la necesaria severidad valorando sus esfuerzos también es fundamental.
  • Pide ayuda. Si te sientes superada, busca apoyo psicológico. O busca ayuda en las asociaciones creadas por padres que tienen los mismos problemas, porque el intercambio de experiencias proporciona un gran alivio.
  • Acude al médico. Si está deprimido o es depresivo, necesita una psicoterapia individual, familiar o de grupo. Tu médico de cabecera te recomendará un psiquiatra infantil.

Si el niño es precoz, puede que el curso escolar no esté adaptado a sus necesidades. Tal vez tenga que saltarse un curso. Paradójicamente, algunos superdotados obtienen malas notas en el colegio. Entonces los psicólogos, ortofonistas y especialistas en psicomotricidad se movilizan para sacar al niño de la situación de fracaso. También existen asociaciones de ayuda para niños intelectualmente precoces a las que puedes acudir.

 ¿Y si es hiperactivo?

Un equipo pluridisciplinar se hará cargo del caso. El psiquiatra infantil hablará con la profesora y buscará el modo de lograr una mejor integración del niño en la clase. También se ocuparán de él un ortofonista, un especialista en psicomotricidad y un psicólogo.

 Suzanne Perinelli con Marie-France Le Heuzey, psiquiatra infantil del hospital Robert-Debré de París.

 © Enfant Magazine

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