Los cambios en la rutina del niño con la vuelta al cole

Cómo cambian los niños al comenzar su educación escolar

Un buen día, nuestros hijos franquean la puerta del colegio y se convierten en alumnos, cortando de este modo el cordón con el nido protector de la casa y entrando a formar parte de la institución escolar.

Convertir a los niños en alumnos es uno de los grandes retos de la Educación Infantil y Primaria, pero ¿en qué consiste exactamente?

Rutina de la vuelta al cole 

Cambios en la vida del niño con la vuelta a las clases

Cuando ingresa en la Educación Infantil, el niño pasa de un lugar donde todo gira en torno a él y a su familia a otro mundo, la escuela, donde es uno más entre los otros niños. ¡Y algo así no siempre es obvio! El alumno tiene que compartir a su profesora con sus compañeros. Sin contar con que su relación con los adultos no es la misma que en casa. En el colegio, se establecen lazos diferentes a los afectivos: el profesor, la directora, el equipo de profesionales del centro están unidos al niño por lazos de conocimiento y de transmisión.

Al comenzar la vida escolar, el niño descubre que está en un espacio nuevo llamado colegio, un lugar específico donde, junto a otros alumnos y alumnas y con la ayuda de un profesor o profesora, va a poder aprender muchísimas cosas que le permitirán hacerse mayor.

Por primera vez, el niño tiene que adoptar un horario y una organización del tiempo diferentes a los de casa: un tiempo "social". No solamente debe seguir el ritmo de una jornada escolar entera, sino también adaptarse al ritmo de las actividades de la clase. Sea más rápido o más lento que los demás, el niño tiene que guiarse por el ritmo del grupo, el mismo para todos.

Convertirse en alumno también es descubrir la faceta diferida de ciertas cosas, es decir, comprender que no se van a utilizar de inmediato, sino pasado un tiempo. Por ejemplo, si en la clase se hace un librito para el día del padre, se empezará por dibujar la portada y se seguirá con el resto otro día. En esta edad temprana es muy importante aprender que hay cosas cuyo fruto no se recoge en el momento, sino un tiempo después.

En la escuela, el niño se somete a reglas propias de la clase, del recreo, del comedor... sustancialmente diferentes a las de casa. El colegio es uno de los lugares de la infancia en que se aprenden las normas y las leyes. Allí el niño constata que se le imponen límites y reglas comunes a todos los niños.

Y que tanto la maestra como los demás adultos del colegio tampoco tienen derecho a hacer lo que les dé la gana. Así, el alumno descubre que está en un entorno seguro: concretamente se da cuenta de que el más fuerte no puede "pisar" los otros, de que el más débil está protegido y de que esta "ley" es la vigente en la sociedad.

En este contexto, el alumno interioriza también el respeto al prójimo, especialmente al poner en práctica reglas de educación imprescindibles para una buena convivencia tales como dar las gracias, pedir las cosas por favor, levantar la mano para hablar en clase, escuchar a los demás, etc.

En el colegio, el niño empieza a comprender que se espera de él algo preciso. Por citar un ejemplo, se espera que, al llegar por la mañana, deje su chaqueta no en un percha cualquiera sino en la que tiene su foto o su nombre. De hecho, ser autónomo no consiste en someterse de forma permanente a órdenes y a directrices sino en darse cuenta de lo que se tiene que hacer en cada caso.

De este modo, en el futuro será capaz de forjarse reglas que le permitirán actuar por sí mismo. El profesor o la profesora están ahí para inculcarles el sentido de la autonomía y empujarlos a no depender completamente de los adultos.

El alumno que sale del colegio no lo sabe todo pero, normalmente, ha desarrollado la capacidad de adquirir nuevas e innumerables competencias. Por último, convertirse en alumno consiste en entrar en un tiempo especial, el tiempo escolar, en el que se aprende a organizar el tiempo para el momento en que ya no se será alumno.

Artículo de Jean-Charles Pettier y Sophie Furlaud

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