La lucha contra el fracaso escolar de los niños

Cómo ayudar a los niños a tener éxito en los estudios

El denominado fracaso escolar suele ser el resultado último de un largo camino de dificultades originadas mucho tiempo atrás. Tanto que en ocasiones puede remontarse hasta los primeros años en las aulas.

Aunque no conviene generalizar, sí está claro que los alumnos pueden mostrar conductas poco beneficiosas, tener carencias importantes o soportar agentes externos en edades muy tempranas que desembocan en fracasos más graves en edades más tardías.

La lucha contra el fracaso escolar de los niños

Problemas que desembocan en fracaso escolar

En los primeros años de escolarización, muestran ciertos síntomas que más tarde se traducen en dificultades para continuar el proceso de aprendizaje», opina Charo González, profesora de Primaria en un centro madrileño.

Esos síntomas pueden empezar a detectarse desde muy temprano, desde la Educación Infantil. Así lo estima la orientadora Carmen Saiz, quien destaca la importancia de una labor preventiva que pueda evitar que esas dificultades «provoquen desfases cada vez mayores con respecto a su nivel de competencia curricular, problemas de inseguridad y baja autoestima en el niño».

Cada etapa educativa tiene su relevancia en la evolución psicológica del menor:

- En Infantil los factores de adaptación, el desarrollo del lenguaje y de la motricidad son muy importantes
- El inicio de la Educación Primaria es fundamental. En esta etapa se van asentando las bases de la adquisición de las técnicas instrumentales: lectura, escritura y cálculo, ejes en los que se van a apoyar y desarrollar la mayoría de los contenidos educativos
- En la ESO, es decisivo prestar atención al momento evolutivo y emocional en el que se está afianzando la personalidad de cada alumno.

Aprendizaje de los niños

Además de en Infantil, a lo largo de Primaria es cuando se establecen los hábitos de trabajo y las aptitudes y habilidades implicadas en los procesos de éxito o fracaso académico.

Estos años, entre los 6 y los 12, resultan de gran importancia, añade, porque es precisamente cuando el alumno «aprende a aprender», a pensar y a resolver problemas tanto cognitivos, como académicos y sociales. Si todas estas estrategias de aprendizaje no se asientan de manera adecuada y si no se refuerzan desde otros ámbitos de desarrollo, como los entornos familiares o de ocio y tiempo libre, se puede estar en el origen de posibles dificultades en la interacción niño/conocimiento escolar. 

Cómo ayudar al hijo con los estudios

La colaboración entre padres y profesores resulta fundamental. Carmen Saiz lo pone de manifiesto: «Los padres deben mostrar interés por lo que el niño ha hecho en clase, preguntándole, realizando el seguimiento y control de los deberes y tareas, reforzando positivamente el trabajo que el niño realiza, estimulando el hábito de la lectura, dedicándole tiempo, escuchándolo, transmitiendo valores en los momentos de reunión familiar, matizando y encauzando las acciones y comentarios que el niño relata y cuenta de lo que acontece en el medio escolar».

«Los alumnos que son ‘cuidados’ por su familia no suelen presentar fracasos irreversibles», agrega, a su vez, Charo González. «Me refiero a niños cuyas familias se preocupan por sus avances, que no bajan la guardia, que los ayudan a organizarse, que les dan estabilidad, que les indican -con su forma de estar y vivir- cuál es el norte, que les dan seguridad y cariño. Estos alumnos siempre tendrán una base sobre la que asentarse. Si presentan alguna dificultad», concluye, «será pasajera, propia de cualquier proceso de aprendizaje». 

Diez consejos para tener buenas notas en el colegio

  • Sistematizar hábitos de trabajo en casa, creando y respetando espacios y tiempos diarios de trabajo autónomo –en solitario– y guiado –supervisado con y por el adulto–. 
  • Es importante que, si el niño/a tiene dificultades para focalizar la atención o concentrarse en la actividad, no haya muchos estímulos que interfieran (televisión etc.). 
  • Usar sistemas de planificación y anticipación semanal. La agenda o el calendario permite al adulto y al niño ir anotando todas las tareas y actividades domésticas, escolares y de ocio a las que debe dar respuesta en un breve espacio de tiempo.
  • Evitar, como adultos, resolver al niño el problema origen de su conflicto –por ejemplo ante un problema de matemáticas o ejercicio de lengua–, y ofrecerle en cambio los medios, las estrategias o fuentes para que pueda descubrir uno de los pasos que le va a llevar o a aproximar a la resolución del mismo. 
  • Demostrar a los niños que la equivocación y el olvido forman parte del proceso inherente de vivir, aprovechando las frecuentes equivocaciones que todos cometemos a lo largo del día
  • Aprovechar los cauces que existen en los centros escolares para participar como padres/madres activamente, de tal forma que el niño/a, al observar y sentir el compromiso de su familia con la institución escolar, se sienta comprometido y responsable ante su propio proceso. 
  • Nunca se debe dar «el premio» al niño antes de ponerse a realizar su trabajo, sino al final del mismo.
  • No dejar que los tiempos de trabajo en casa dependan de si el niño/a lleva o no tarea escolar. 
  • Ofrecerles espacios no escolares de desarrollo que vayan más allá del tiempo en casa frente a la tele. Los teleniños pueden acabar siendo «silenciosos niños difíciles».
  • Pensar como familias que una inversión de tiempo –en la escuela y en casa– a tiempo –durante la etapa de Primaria– puede ser la clave para evitar un posible fracaso escolar.

Carmen Piédrola,  profesora de Pedagogía Terapéutica.

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