Las cosquillas en el desarrollo del niño

Las cosquillas participan en la relación social del niño

¿Las cosquillas sólo sirven para que los niños se rían? El asunto no es tan sencillo… y hay mucho más detrás de las cosquillas tanto para quien las recibe como para quien las hace. ¿Qué se esconde detrás de algo tan aparentemente anodino como las cosquillas?

Las cosquillas en el desarrollo de los niños

Las cosquillas para los niños

Las cosquillas desempeñan múltiples e importantes papeles. El más evidente, afecta al plano afectivo y emocional. El juego de las cosquillas es un juego compartido: la madre y el hijo disfrutan juntos en un clima de ternura favorable a la plenitud. Las cosquillas favorecen grandes instantes de intimidad: el intercambio de una mirada, un apretón de manos y una sonrisa compartida.

Pero las cosquillas tienen también una función en el plano físico: son una manera agradable para el niño de tomar conciencia de su cuerpo. Ello es especialmente cierto cuando los padres nombran las partes del cuerpo en las que le están haciendo cosquillas. Es lo que ocurre, sobre todo, en los juegos del tipo de “la hormiguita que sube” por el pie, las pierna, la tripa, etc.

Beneficios las cosquillas para los niños

Por sorprendente que parezca, las cosquillas participan en la apertura relacional. Ya en sus primeros meses de vida, el niño descubre el placer de que lo toquen, de que unos dedos rocen su piel. Cuando el niño crece, a ese placer, la madre añade el factor sorpresa… El pequeño, que está acostumbrado al modo de actuar de su madre, se sorprende cuando ésta lo modifica: las cosquillas no llegan en el mismo momento, en el mismo lugar o al mismo ritmo. El niño se sorprende y, si se siente confiado, se ríe. Lo que crea el juego es el desfase entre lo que esperaba y lo que ha ocurrido realmente. Gracias a ello, el niño aprende a aceptar e incluso a apreciar la incertidumbre. Se puede pensar, pues, que los niños a los que se les hace cosquillas tienen más probabilidades de convertirse en adultos predispuestos a aceptar lo que no controlan y, por lo tanto, en adultos más abiertos.

¿Qué límites hay que respetar al hacer cosquillas?

Lo importante es saber quién hace las cosquillas, dónde y cuándo. Los rozamientos y los juegos con la piel son gestos íntimos que el niño solo acepta si proceden de personas de su confianza. Lo mismo ocurre con el lugar: el espacio cerrado de la habitación es más adecuado que la fiesta del colegio. Por último, conviene escoger bien el momento de jugar a las cosquillas: el niño tiene que estar predispuesto y no debe tener hambre, sueño o simplemente ganas de hacer cualquier otra cosa.

También hay que tener en cuenta la sensibilidad de cada uno: puede que un niño no soporte que le hagan cosquillas en las axilas o que una niña se niegue a que le rocen los pies con las yemas de los dedos. Todos tenemos una parte especialmente sensible del cuerpo en la que las cosquillas pasan de ser una delicia a ser una tortura. En todo caso, no debemos olvidar que, en cualquier terreno, el exceso es perjudicial: si el niño se excita, se cansa y no digamos ya si llora o se enfada, hay que parar. Tenemos que estar atentos.

Daniel Marcelli. Psiquiatra infantil y director del servicio de psiquiatría de niños y adolescentes del CHU de Poitiers (Francia)

Comentarios (6)

24 nov 2016 06:27 Jonathan Arbulu C

Muy apreciable el artículo! Algo tan sencillo en el juego, puede aportar incomparables beneficios a nuestros niños...

24 nov 2016 01:33 Enrique GM

Muy bonito e interesante artículo. GRACIAS.

27 sep 2016 07:36 rosy lemus

muy interesant el tema de las cosquillas ,muchas veces creemos que es solo parte de jugar con los ninos sin darnos cuenta de os beneficios que ellas aportan

29 jul 2013 15:44 Michael Ceron

jajaj

29 jul 2013 15:43 Michael Ceron

muy bueno

29 jul 2013 15:42 michael

muybueno

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