El deporte, por placer

Beneficios del deporte en los niños

Si se adapta a la personalidad del niño o de la niña y a sus habilidades, el deporte puede ser una actividad lúdica muy enriquecedora. En cambio, la competición suele provocar mucho estrés. ¿Cómo desdramatizarla y evitar que sufran una presión excesiva?

El deporte, por placer

Los niños necesitan desfogarse

El deporte permite a los niños desahogarse físicamente e intercambiar ideas. En estos tiempos de omnipresencia de las pantallas (ordenador, televisor, videoconsola…), muchas veces asociada a una alimentación no siempre equilibrada, el deporte es importante. “Es un medio de luchar contra el sedentarismo y de abrirse al exterior”, comenta Geneviève Henry, psicóloga de niños y adolescentes. En concreto, los deportes colectivos permiten desarrollar las relaciones sociales. Implican el respeto a las reglas y el respeto a los demás. El deporte es un buen modo de que el niño se desfogue físicamente, de que desarrolle su tono muscular y de que asuma las normas y los valores sociales.

Practicar un deporte, sí, pero adaptado a su personalidad

Para que un niño disfrute practicando un deporte, ese deporte tiene que adecuarse bien a su personalidad y a sus habilidades. No se puede apuntar al niño a fútbol porque a su padre le hace ilusión. “No tenemos por qué ser buenos en todo, subraya Geneviève Henry, es importante reconocer las habilidades motrices del niño”. Por eso es interesante, por ejemplo, empezar por apuntarlo a una actividad que incluya varios deportes. “Lo ideal es que no haya presión por parte de los padres, continúa Geneviève Henry, que los padres no se transformen en entrenadores”. Pero tampoco es cuestión de confiar al niño a un club con los ojos cerrados. Tenemos que permanecer atentos y estar al corriente de lo que ocurre en los entrenamientos.

¿Ocio o competición?

En la sociedad actual, todo se mide por los “resultados”. “Hacer deporte es básicamente jugar, defiende Geneviève Henry. El deporte tiene que ser un tiempo de liberación frente a las obligaciones escolares y familiares”. Eso no impide que los niños se midan entre sí de forma espontanea. “Siempre que el niño se sienta motivado, comenta Geneviève Henry, la competición es positiva: le transmite el gusto por el esfuerzo y la perseverancia, y forja su voluntad. Pero el niño tiene que ser capaz de ganar… y de perder”. Un niño que pierde, suele tener una imagen negativa de sí mismo. “Los adultos tienen la responsabilidad de situar el fracaso en su lugar, subraya Geneviève Henry, de decirle al niño que no pasa nada por haber perdido”.

Sophie Coucharrière


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