El aprendizaje del niño a través el juego

Los más pequeños desarrollan sus capacidades jugando

Además de la alegría que supone hacer un puzle o una torre de cubos, mediante el juego, el niño construye su inteligencia y desarrolla sus competencias físicas y afectivas. La psicóloga Sophie Marinopoulos nos acerca a los juegos preferidos de los pequeños.

Juegos de puzles

Con una manita todavía torpe, el pequeño tantea, intenta introducir una pieza en uno de los huecos, después en otro... Y, de repente, acierta: ¡qué felicidad, qué orgullo! Su satisfacción, además, es aún mayor porque le habéis dejado actuar por ensayo-error, sin intervenir y hacerlo en su lugar, ¡y lo ha logrado él solo! Esta victoria le pertenece completamente. Jugando, ha desarrollado su concentración y su paciencia, y ha trabajado también la motricidad fina. A medida que va creciendo, su modo de abordar un puzle se hace más «intelectual» y abstracto: observando las formas de las piezas, establece relaciones con los lugares diseñados para encajarlas. «Como si nada», está aprendiendo a reflexionar

Juego de cubos

Pero todavía puede poner más a prueba su motricidad fina: apilar unos cubos exactamente encima de otros, sin que se muevan, sin que se caigan... ¡no es tarea fácil! Para que la construcción se tenga en pie, es necesario, sobre todo, que el pequeño constructor asimile las leyes del equilibrio. ¡Tan pequeño, y ya está en contacto con la física! Con el juego de los cubos, también se estimula su incipiente imaginación: estos tres cubos, puestos en fila, son un tren; esos otros, colocados unos encima de otros, son una casa. Pero ¿por qué estas ganas repentinas de destruirlo todo de un manotazo? Pues porque el objeto que ha construido es suyo, tiene derecho a hacer con él lo que quiera, y decide romperlo cuando necesita desahogar su agresividad.

Jugar con la plastilina

El niño la aprieta fuerte, la trocea, la junta, la amasa… La plastilina es un juego muy sensorial y relajante: ¡ideal para calmar a un niño nervioso! Además, a esta edad, empiezan las representaciones mentales de los objetos: gracias a la plastilina, el niño las puede materializar. Modelando un caracol, por ejemplo, se establecen nexos entre lo abstracto y lo concreto. ¡Una forma estupenda de construir una inteligencia rica y multiforme! El niño acaba de convertir su muñeco en una bola. ¿Por qué? ¡Por el placer de transformar la materia!

Jugar con el garaje y la casa de muñecas

Si estos juegos han sobrevivido a los años y las generaciones, es porque se adaptan especialmente a las necesidades de los niños: ofrecen un soporte a su imaginación. Partiendo de este decorado, el niño puede trasladar el juego a cualquier escenario de su invención. De momento, las historietas que se cuenta a sí mismo, susurrando en un rincón, todavía son bastante sencillas. Aún no tiene un lenguaje muy amplio, y sus referencias del tiempo, muy confusas, no le permiten construir un relato lógico con un comienzo, un nudo y un desenlace. Pero no importa: el niño está contando su vida interior, sacándola a escena, y es muy importante para él. Se ruega no molestar...

Jugar con el triciclo y el tobogán

Con estos juegos, pasamos a otra dimensión: el niño explora con todo su cuerpo. Va a perfeccionar la coordinación entre piernas y brazos. Y va a experimentar con su cuerpo conceptos tales como arriba-abajo, delante-detrás,  al lado... que en el futuro aprenderá, de una forma más abstracta, cuando estudie matemáticas. Estos juguetes grandes también son interesantes a nivel afectivo: en el tobogán, el pequeño se hace «grande»; con el triciclo, puede alejarse y ganar en autonomía... dos desafíos básicos de la primera infancia que hay que vivir con total seguridad y con el apoyo y el aplauso de los padres.

Texto: © Bayard Presse-Popi parents 302-Isabelle Gravillon-2011

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